Esta entrega surge como resultado del enriquecedor proceso formativo del que fuimos participes, a través de la culminación de dos diplomados orientados al fortalecimiento de la práctica educativa y la gestión docente de nuestro Instituto Especializado en Formación Política Electoral y del Estado Civil (IESPEC), ambos concluidos recientemente y que nos permitieron incorporar herramientas esenciales para el diseño y la implementación de estrategias curriculares centradas en el desarrollo integral del estudiante.
Por un lado, el "Diplomado en Diseño Curricular", impartido por la Universidad UNAPEC, por otro lado, el "Diplomado en Desarrollo de Competencias Didácticas para la Excelencia Educativa", a través de la Universidad de Santander de México, auspiciado por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT), complementando esta formación desde un enfoque práctico y transformador orientado a la mejora continua del desempeño docente. Ambos espacios de aprendizaje han sido la base para la elaboración de las reflexiones y propuestas que se presentan a continuación.
Durante décadas, el sistema educativo estuvo sustentado en un paradigma centrado en la transmisión del conocimiento. El docente ocupaba el lugar del poseedor del saber, mientras que el estudiante asumía un rol pasivo, limitado a recibir, memorizar y reproducir contenidos. Sin embargo, los profundos cambios sociales, tecnológicos y culturales del siglo XXI han puesto en evidencia el agotamiento de este modelo. Hoy, educar no significa únicamente enseñar contenidos, sino crear condiciones para que los estudiantes construyan significado, desarrollen pensamiento crítico y participen activamente en su propio proceso de aprendizaje.
Este tránsito de la transmisión a la construcción de conocimiento, redefine de manera radical el rol del docente y exige una revisión profunda de las prácticas pedagógicas, de la didáctica y del sentido mismo de la educación, dentro de un contexto que transforma la educación, vivimos en una sociedad caracterizada por la sobreabundancia de información, la aceleración tecnológica y la complejidad de los problemas públicos y privados. El acceso inmediato al conocimiento, a través de plataformas digitales y redes globales, ha desplazado al aula como único espacio legítimo de aprendizaje. En este escenario, la escuela ya no puede competir con internet en términos de cantidad de información, pero sí puede y debe hacerlo en términos de calidad educativa, orientación ética y construcción de sentido.
Ante este nuevo contexto, donde el estudiante del siglo XXI no aprende de la misma manera que en el pasado. Ya que el aprendizaje lo realiza de forma no lineal, colaborativa, multimodal y situada en contextos reales. Esta realidad es la que en la práctica interpela al docente, quien deja de ser un simple transmisor para convertirse en mediador, orientador, diseñador de experiencias de aprendizaje y sobre todo facilitador del pensamiento crítico. Un proceso que transcurre, a partir de asumir la existencia del cambio de paradigma, iniciando el tránsito del docente expositor al docente mediador, donde el nuevo rol docente se fundamenta en un cambio epistemológico: el conocimiento no se concibe como un objeto cerrado que se transfiere, sino como una construcción social que se desarrolla a partir de la interacción, el diálogo y la reflexión.
En el marco descripto en el párrafo precedente, enfocado en que, enseñar implica acompañar procesos, formular preguntas significativas, promover la investigación y estimular la autonomía intelectual del estudiante. En este nuevo rol, el docente mediador no renuncia al dominio disciplinar, por el contrario, lo profundiza. Pero utiliza ese conocimiento para guiar, contextualizar y problematizar, no para imponer verdades absolutas. Su autoridad pedagógica ya no se basa en la repetición del contenido, sino en su capacidad para generar aprendizajes relevantes y duraderos.
Debemos estar conscientes, de que la innovación educativa se asimile como necesidad, no como moda, ya que, al hablar de innovación educativa no implica necesariamente introducir tecnología en el aula. Innovar significa transformar las prácticas pedagógicas para responder a las necesidades reales de los estudiantes y de la sociedad. La innovación didáctica se expresa en metodologías activas como el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje colaborativo, el estudio de casos, la clase invertida y la evaluación formativa.
Estas estrategias desplazan el énfasis del “qué enseñar” hacia el “para qué y cómo aprender”. El estudiante deja de ser evaluado únicamente por su capacidad de memorizar, y comienza a ser valorado por su habilidad para analizar, argumentar, crear, resolver problemas y trabajar en equipo. En este contexto, el error deja de ser penalizado para convertirse en una oportunidad de aprendizaje, y la evaluación se concibe como un proceso continuo de retroalimentación y mejora.
Una gestión docente que asuma el compromiso con la excelencia, unida a una concepción de la didáctica del siglo XXI debe orientarse a la construcción del significado, entendida como la capacidad del estudiante para relacionar los nuevos conocimientos con su realidad, su experiencia y su contexto social, en la medida en que aprender solo tiene sentido cuando el conocimiento se vuelve útil, comprensible y transferible a situaciones concretas.
Lo expresado líneas arriba, exige al docente diseñar experiencias de aprendizaje contextualizadas, interdisciplinarias y vinculadas a problemas reales, en la medida en que la enseñanza deja de estar fragmentada en asignaturas aisladas y se orienta hacia la integración de saberes, promoviendo una visión holística del conocimiento. En el entendido de que, la didáctica contemporánea también reconoce la diversidad de estilos de aprendizaje, ritmos y trayectorias educativas, apostando por una educación más inclusiva, equitativa y centrada en las personas, visión esta que conecta con los objetivos misionales del IESPEC, en tanto brazo académico de la JCE.
Otra arista importante de este nuevo paradigma, es la que destaca la necesaria relación estratégica que debe existir entre tecnología y pedagogía, a sabiendas de que, la tecnología educativa, cuando se utiliza con sentido pedagógico, puede potenciar la construcción del significado. En definitiva, es importante tener claro que, las plataformas digitales, recursos interactivos, simuladores, entornos virtuales y herramientas colaborativas amplían las posibilidades de aprendizaje, pero solo son efectivas si están integradas a un proyecto didáctico claro.
Además, entender que, el riesgo no radica en el uso de la tecnología, sino en su uso acrítico. El docente del siglo XXI debe desarrollar competencias digitales que le permitan seleccionar, adaptar y evaluar recursos tecnológicos en función de los objetivos educativos, evitando que la tecnología se convierta en un fin en sí misma, de ahí la importancia de asumir el desafío de la formación docente permanente y actualizada
Se debe enfatizar, que este cambio de paradigma en el rol del docente, no es posible sin una transformación profunda de su formación como facilitador. Se requiere una formación continua que fortalezca las competencias pedagógicas, didácticas, investigativas y éticas del profesorado. El docente del siglo XXI debe ser también un aprendiz permanente, capaz de reflexionar sobre su práctica, innovar y adaptarse a contextos cambiantes.
Pasar de la transmisión del conocimiento a la construcción del significado no es solo un cambio metodológico; es una transformación cultural y ética. Implica concebir la educación como un proceso emancipador, orientado a formar ciudadanos críticos, responsables y comprometidos con su entorno.
El docente del siglo XXI no solo enseña contenidos: forma personas, contribuye a la cohesión social y participa activamente en la construcción de una sociedad más justa y democrática. En un mundo marcado por la incertidumbre, la educación sigue siendo la herramienta más poderosa para comprender la realidad y transformarla. En definitiva, el verdadero desafío de la educación contemporánea no es enseñar más, sino enseñar mejor, con sentido, innovación y humanidad.
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