El caso del Acueducto Antonzapemalo (en La Sierra, República Dominicana) es una de esas historias que demuestran lo que pasa cuando una comunidad decide dejar de esperar y toma el control de su propio destino. Liderada por el COCODESI, esta experiencia transformó la falta de agua potable en todo un modelo de organización y desarrollo local. Es una experiencia que nos permite descubrir la manera de acercarnos al Estado y a los organismos internacionales, manteniendo el protagonismo de la comunidad en una labor de cogestión.

​Aquí resumimos los aprendizajes y momentos clave de esta travesía.

​Vivir al lado del agua… sin tener qué tomar (La paradoja)

​La región de La Sierra (entre Jánico y San José de las Matas) a final de los años 80 tenía ríos por todas partes, pero sus 22,000 habitantes no tenían agua potable en casa. A esto se le sumaba un panorama difícil: pobreza, desempleo, caminos dañados, desnutrición y tierras erosionadas por la deforestación.

​Durante mucho tiempo reinó la idea de "esperar a que el Estado resuelva". Sin embargo, al ver que la ayuda no llegaba, la gente entendió que la única salida era organizarse.

​Nace COCODESI: El agua como motor de cambio

​Para unir fuerzas nació el Consejo Comunitario para el Desarrollo de la Sierra (COCODESI). La meta no era solo construir un acueducto, sino mover a toda la comunidad a través de:

  • ​Educación y capacitación técnica.
  • ​Alianzas con instituciones.
  • ​Cuidado del medio ambiente.

​Aunque al principio muchos dudaban y el gobierno no mostraba interés, la comunidad se puso a tocar puertas hasta conseguir apoyo técnico y financiero afuera.

Manos a la obra: Técnica, fondos y gestión

​En los 90 la idea se hizo realidad:

  • ​1991: Arrancaron los trabajos en el Parque Nacional Armando Bermúdez.
  • ​1992: Lograron un financiamiento de unos RD$46 millones con la Unión Europea (Programa Lomé IV).

​¿El secreto técnico? Diseñaron un sistema por gravedad, lo que eliminó de golpe los costos de energía eléctrica para bombear. Construyeron 46 km de red principal y 175 km de tuberías para llegar a 25 comunidades.

​Para 1997, COCODESI tomó las riendas completas. Se organizaron con apenas 10 técnicos contratados y el trabajo voluntario de 25 representantes comunitarios que cobraban las cuotas y mantenían a la gente conectada.

​Más que agua, autonomía

​El proyecto le cambió la vida a 2,800 familias (unas 13,000 personas), reduciendo radicalmente las enfermedades por agua contaminada. Pero el impacto fue mucho más allá:

  • ​Tejido social fuerte: La gente recuperó la confianza y el orgullo de trabajar junta.
  • ​Nuevos proyectos: Del acueducto pasaron a la agricultura orgánica, reforestación y créditos comunitarios.
  • ​Cuentas sanas: Lograron un 85% de cumplimiento en el pago, garantizando que el sistema fuera autosostenible sin depender de subsidios.
  • ​De usuarios a dueños: La gente no solo recibía agua; cuidaba las tuberas, reportaba averías y administraba el sistema.No todo fue color de rosa (Puntos a mejorar)

​Toda gran experiencia deja aprendizajes sobre sus tropiezos:

  • ​Brecha de género: Las mujeres participaban activamente en las asambleas, pero muy pocas llegaron a puestos directivos.
  • ​Sobrecarga de trabajo: El desgaste en los comités comunitarios terminó recargando al equipo técnico.
  • ​Falta de recursos: Escasez de transporte, pocos equipos informáticos y fallos de algunas instituciones aliadas.
  • ​Zonas fuera: Comunidades como Jaiqui Picado y Cañete se quedaron fuera de la cobertura inicial.

lecciones:

  • ​El agua une: Una necesidad vital compartida es el mejor combustible para unir a una comunidad y mantenerla organizada a largo plazo.
  • Negociar y presionar: cuando se combinan adecuadamente se avanza hacia los objetivos trazados.
  • ​Participación es sostenibilidad: Capacitar a la gente, cobrar una tarifa justa y tomar decisiones en conjunto es lo que hace que una obra dure en el tiempo.
  • ​Aliados para empezar, autonomía para durar: La ayuda externa sirve para arrancar, pero la gestión local diaria es lo que asegura que el proyecto no muera con el tiempo. Para ello la capacitación técnica es central e imprescindible para el desenvolvimiento del proyecto.

El Acueducto Antonzapemalo es la prueba de que cuando las comunidades se adueñan de sus problemas, negocian y presionan inteligentemente son capaces de construir soluciones más eficientes y duraderas que cualquier promesa externa. Sin embargo, el desafío es mantener la calidad del tejido social y no diluir el aspecto más importante de la iniciativa en el manejo administrativo del Acueducto. Para ello es vital mantener los procesos formativos y garantizar los lazos solidarios entre la membresía de COCODESI, así como no descuidar el vínculo de la entidad con las demás entidades sociales del territorio.

Fuente: Martínez, Radamés, Aprendiendo de las experiencias de gestión local, PID-PUCM-USAID, 2002.

Radamés Martínez

Sociólogo y animador cultural

Sociologo, animador sociocultural, educador ambiental y profesor universitario. Como servidor público se ha involucrado en el desarrollo local, la reforma del Estado y la gestión de políticas públicas de inclusión social con perspectiva participativa.

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