El presidente Luis Abinader ha llevado la estrategia comunicación permanente a una fase particularmente sugestiva: ya no se limita a encabezar el Gobierno y comunicar sus decisiones, sino que ha pasado a desempeñar simultáneamente los papeles de vocero, moderador y cuestionador público de sus propios funcionarios, colocando su figura en el centro de una estrategia comunicacional permanente que procura controlar no solo el mensaje gubernamental, sino también la manera en que ese mensaje llega a la opinión pública.

La transformación quedó claramente expuesta con el estreno de LA Agenda Semanal, el 24 de agosto de 2026, cuando el presidente apareció conduciendo una especie de reunión pública de trabajo, preguntando a ministros y directores sobre programas, resultados y compromisos, en un formato inicialmente anunciado sin participación presencial de periodistas, aunque durante esa misma primera entrega Abinader informó que los comunicadores serían incorporados posteriormente.

La modificación prácticamente inmediata del formato constituye por sí sola un elemento digno de análisis, porque apenas una semana después la segunda entrega ya contó con periodistas invitados, lo que obliga a preguntarse si el diseño originalmente concebido, con el presidente preguntando y los funcionarios respondiendo sin la presencia directa de la prensa, resultó insuficiente para llenar las expectativas que el propio Gobierno había depositado sobre el nuevo espacio.

Aunque no se puede afirmarse que esa haya sido necesariamente la conclusión oficial, lo que sí resulta evidente que uno de los componentes fundamentales del formato fue modificado prácticamente al momento de su estreno, una señal de improvisación en una estrategia comunicacional que, por su propia naturaleza, debería haber llegado al público con reglas, objetivos y procedimientos claramente definidos.

De responder preguntas a cuestionar a sus funcionarios

El cambio es mucho más profundo que la sustitución de un nombre por otro, porque La Semanal con la Prensa, iniciada en 2023 y suspendida a finales de 2025, colocaba al presidente frente a periodistas que lo interrogaban sobre distintos asuntos nacionales, mientras que LA Agenda Semanal invierte parcialmente aquella relación y convierte al mandatario en quien formula preguntas y exige explicaciones públicas a ministros y funcionarios de una administración cuya responsabilidad política superior recae precisamente sobre él.

Ahí surge una de las paradojas más interesantes del nuevo modelo: el presidente aparece colocado a ambos lados de la mesa, como jefe del Gobierno responsable de las ejecutorias de sus funcionarios y, al mismo tiempo, como supervisor visible que les pregunta qué han hecho, cuáles dificultades enfrentan, cuánto falta por cumplir y cuándo estarán disponibles determinados resultados.

La estrategia puede resultar comunicacionalmente eficaz porque proyecta la imagen de un mandatario vigilante, informado y exigente, permite ordenar semanalmente los temas que el Gobierno quiere colocar en discusión y convierte a ministros y directores en protagonistas de una rendición pública de cuentas, pero también corre el riesgo de transformar al propio presidente en una suerte de fiscalizador de una administración que él mismo dirige.

Cuando la comunicación se convierte en una forma de ejercer el poder

Desde la perspectiva de la comunicación política, esa fórmula se inserta dentro de lo que se conoce como campaña permanente, entendida como la utilización sistemática de técnicas propias de la competencia electoral para mantener durante todo el ejercicio gubernamental una narrativa favorable, administrar la agenda pública, responder anticipadamente a los adversarios y preservar una relación directa entre gobernante y ciudadanía.

La Semanal con la Prensa ya respondía en buena medida a esa lógica, pero LA Agenda Semanal amplía la apuesta al convertir al presidente no solo en la principal fuente del mensaje gubernamental, sino también en conductor del escenario donde ese mensaje se organiza, se explica y se proyecta, mientras los funcionarios comparecen bajo su dirección para exponer resultados y responder interrogantes.

La presencia posterior de periodistas introduce un necesario componente de contradicción y evita que el espacio quede reducido exclusivamente a una conversación del Gobierno consigo mismo, pero no elimina una realidad fundamental: el Ejecutivo selecciona el escenario, organiza los temas, convoca a los participantes, administra los tiempos y coloca al presidente en el centro de todo el dispositivo comunicacional.

El problema no consiste entonces en determinar si un presidente habla mucho o poco, porque la experiencia contemporánea demuestra que la exposición permanente puede convertirse tanto en fortaleza como en debilidad, sino en establecer para qué habla, cuánto espacio concede a sus ministros y voceros, qué peso conserva su palabra y hasta dónde la Presidencia puede absorber funciones comunicacionales que tradicionalmente corresponden a otros niveles del Gobierno.

El recurso más escaso de un presidente no es el tiempo disponible ante cámaras y micrófonos, sino el valor de su palabra, y cuando el mandatario se convierte simultáneamente en gobernante, vocero, moderador y cuestionador de sus propios funcionarios, la comunicación deja de ser únicamente un instrumento para explicar la gestión y comienza a convertirse en una modalidad particular de ejercicio del poder.

NOTA DEL AUTOR: Este articulo forma parte de una serie de tres estudios de caso sobre comunicación presidencial permanente, que continuará con Donald Trump, expresión extrema de la personalización y la hipercomunicación, y concluirá con Andrés Manuel López Obrador, quien desde las antípodas convirtió durante seis años sus conferencias mañaneras en un instrumento sistemático para disputar y conservar el control de la narrativa pública.

Rafael Méndez

Periodista

RAFAEL MENDEZ. -Periodista de profesión. Diputado al Congreso durante 14 años. Director Ejecutivo-Internacional Antimperialista de los Pueblos. Coordinador-Capitulo Dominicano-Internacional Antifascista. Miembro Dirección Central-Partido Fuerza del Pueblo. Ex presidente del Colegio Dominicano de Periodistas. Pasado Secretario General de los Sindicato Nacional de Periodistas Profesionales y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, así como miembro de los Consejos Directivos de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) y de la Organización Internacional de Periodistas (OIP). Político, ex diputado durante 14 años.

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