El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas (1929-2026) es considerado una de las figuras más prominentes de la segunda generación de la llamada «Escuela de Fráncfort», marcada por sus intentos de fusionar la crítica marxista de las sociedades occidentales capitalistas con otras fuentes del pensamiento filosófico y social, como el psicoanálisis y la sociología weberiana. Su obra es vasta y sistemática y persigue la renovación del proyecto de la modernidad y la Ilustración frente a sus críticos posmodernos y conservadores. El objetivo central del proyecto habermasiano es el análisis y la defensa de las bases racionales de la sociedad democrática y la emancipación humana, por medio de una construcción teórica interdisciplinaria que integra filosofía, sociología, ciencia política y teoría del derecho.

Sin embargo, el análisis habermasiano de la sociedad también constituye uno de los más pesimistas en la teoría social contemporánea, al plantear que lo que él denomina el «mundo de la vida» ha quedado totalmente colonizado por la lógica instrumental del «sistema». Según Habermas, siguiendo a otros grandes teóricos sociales como Talcott Parsons (1902-1979) y Niklas Luhmann (1927-1998), todas las sociedades tienden a constituirse en sistemas, obedeciendo a una funcionalidad. Pero este mundo de la vida —el trasfondo cotidiano, cultural e intuitivo desde el cual los individuos interpretan la realidad y se comunican— se ha visto cada vez más invadido, según este pensador, por las dinámicas de la tecnificación, la burocratización y la lógica mercantil económica.

En la República Dominicana contemporánea, estamos asistiendo a un proceso brutal de colonización neoliberal del mundo de la vida, que está disolviendo y liquidando los lazos y vínculos tradicionales que sostenían a la sociedad. Este fenómeno se aprecia en el egoísmo y la anomia generalizados que permean todos los ámbitos de nuestro país, lo que Habermas denominó «actitud privada» en la vida pública, es decir, que lo único que nos interesa de esta son las satisfacciones personales que podemos extraer de ella. Lo que presenciamos actualmente es la culminación y el desenlace de décadas y décadas de penetración capitalista en todas las esferas de la vida social, desde la salud y la educación, pasando por el deporte y la recreación y llegando hasta el sistema impositivo y el gasto público del Estado.

Como ya había advertido el filósofo y crítico cultural británico Mark Fisher (1968-2017), en su obra Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? (2009), el neoliberalismo no se trata meramente de un programa político o un modelo económico, sino de una ontología, según la cual el Ser —es decir, todo lo que es— no es más que un negocio con fines de lucro. Fisher reflexionaba desde su realidad británica, tras años de agresiva neoliberalización de la sociedad, avanzada por Margaret Thatcher (1925-2013) y continuada por los sucesivos gobiernos del Partido Laborista, ahora traidor de la socialdemocracia que caracterizaba a su partido durante todo el siglo XX. Sin embargo, esta expansión agresiva de la lógica instrumental del capital ha llegado ahora a nuestro país, provocando lo que ya Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) diagnosticaron, en el Manifiesto del Partido Comunista (1848), como la disolución de todo lo sólido en el aire.

El retraso espaciotemporal en los procesos socioeconómicos, políticos y culturales se debe a que, tal como han propuesto pensadores críticos de la geografía como David Harvey (n. 1935) —basándose en nociones del revolucionario bolchevique León Trotski (1879-1940)— el capitalismo global es un sistema que genera un desarrollo desigual y combinado entre las distintas naciones que componen el sistema-mundo. Lo que tomó siglos en consolidarse en el mundo europeo ahora avanza con extrema rapidez en nuestro país, producto de décadas de imposición del universo neoliberal sobre nuestra República.

Por lo tanto, últimamente asistimos a la realidad que la teoría social contemporánea ya diagnosticó con respecto a las sociedades europeas desde hace mucho tiempo: patologías sociales como lo que Habermas llama «crisis de motivación», que vendría a ser el resultado de la reducción de la riqueza y la complejidad del ser humano por los aparatos burocráticos y tecnocráticos del sistema, destruyendo a su paso las esferas de socialización y los sentimientos de cohesión entre las personas. Pero el verdadero y mayor mal de esta penosa situación radica en la crisis de legitimidad de la democracia que esta genera: la actitud privada en la vida pública se traduce en una profunda pasividad política de la población general, que, a su vez, deviene en egoísmo y desafección.

Esta crisis de motivación la podemos palpar, por ejemplo, en nuestras escuelas y universidades, donde vemos a nuestras juventudes y sus educadores aplastados por la desmotivación, la apatía y la indiferencia que genera el sistema colonizador del mundo de la vida, con su obsesivo énfasis en la «productividad», la «competitividad», el «rendimiento», etc. A medida que la lógica mercantil, tecnocrática y burocrática penetra en cada vez más ámbitos de la vida cotidiana, seguiremos presenciando el terrible avance de estas patologías sociales a lo largo y ancho de nuestra nación. Y la paradoja máxima que produce esta realidad es la deslegitimación de la democracia como modelo político, ya que este se fundamenta como condición de posibilidad en el poder de la mayoría; pero esta mayoría alienada por el sistema termina no votando.

Y es ahí donde reside el profundo peligro de la colonización del mundo de la vida identificada por Habermas: a medida que la democracia va perdiendo legitimidad, surgen fuerzas siniestras que prometen resolver los problemas sociales que afligen a la población de manera antidemocrática y autoritaria. En un país psicológicamente marcado por siglos de tradición política autoritaria y totalitaria, este peligro se ve intensificado y magnificado con creces. Por eso urge la desmercantilización de los sectores clave de la sociedad y la economía: la salud, la educación, la vivienda, el transporte, el agua, la electricidad, la alimentación, etc. Solo este proceso de desmercantilización y resocialización del mundo de la vida podría frenar el nefasto avance del neofascismo y el neoliberalismo en nuestra aguerrida nación.

Gabriel Andrés Baquero

Filósofo

Gabriel Andrés Baquero (n. 1992, Santo Domingo, República Dominicana) es filósofo y escritor. Licenciado en Humanidades y Filosofía por el Instituto Superior Pedro Francisco Bonó (2018) y Magíster en Estudios Caribeños por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (2022), se dedica a la investigación y reflexión sobre temas culturales, históricos y políticos.

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