Ayer fue el día de la Patria, de la dominicanidad, del orgullo de ser dominicano. Una serie de actos fueron programados para festejar tan importante fecha.
Temprano llamé a mi nieto mayor y cuando me contestó me dijo que se estaba cambiando para ir al Parque Independencia. Desde que tiene uso de razón y ya tiene quince años, año tras año sus padres lo llevan a disfrutar de la ceremonia en el Altar de la Patria en este día tan memorable. Ya es una costumbre y me hizo recordar a mi papá que llevaba a mi primer sobrino, desde antes de nacer los demás nietos a ver a los soldados en su ceremonial que tan sincronizados realizan en cada festividad patria, creando en él recuerdos.
Omar, Tito, para la familia, cuando llegaba a su casa tomaba un palo y pasaba horas haciendo honor con su fusil en un rincón del patio imitando a los soldados.
Le conté esta historia a mi nieto y le dije que, así como mi papá creó recuerdos, de igual manera sus padres estaban creando recuerdos en él que luego trasmitiría a sus hijos.
En un programa de opinión en la televisión cada viernes sacan un momentico para poner música del recuerdo, boleros, bachatas, merengues. Ayer se esmeraron en poner música alusiva a nuestra república. Decían que Fernandito Villalona es quien más le ha cantado a la patria, pusieron todas las versiones que hay escritas de la canción Quisqueya, las disfruté todas y las canté, pero tuve que recordar a una monja franciscana, Sor Inés, que disfrutaba una en especial. Era española, pero amaba tanto a nuestro país que se consideraba dominicana.
Cuando veo tantas personas que al conseguir la nacionalidad de otros países, porque la han solicitado o porque les toca por tener ascendientes europeos y que llegan a creerse nativos de los mismos, siento pena, porque la nacionalidad adquirida no es la misma que la que se lleva dentro del corazón por derecho o por nacimiento.
Conozco familias que son españoles y que tienen los pasaportes de ambos países, pero que para ellos es un orgullo viajar con el dominicano.
El pasado domingo la comunidad china celebró su año nuevo, “Año del Caballo”. Nunca había participado de esa celebración, este año estuve en el barrio chino. Por la mañana en el mercadito, como ellos le llaman y por la tarde en la actividad. La fiesta comenzó con la participación del “Jandy Ventura”, no lo conocía, pero disfruté mucho de su música, de su coreografía, de su ritmo que me recordó a su padre Johnny Ventura.
Yo miraba a mi alrededor a ver que hacían los chinos, se contoneaban al ritmo de la música, pero de un momento a otro vi a la señora Rosa Ng con una pareja también china bailando un merengue como si fueran parte del Ballet Folklórico Nacional, con un ritmo y un sabor envidiable. Se sienten orgullosos de ser dominicanos.
Tengo otro recuerdo, es posible que en algún momento lo haya contado, pero en una oportunidad a los músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional al salir de un concierto lo esperaban un conjunto típico tocando merengue, Velibor, un joven bajista, hijo de mis queridos maestros yugoeslavos Jolanda y Slobodan se puso a bailar, para mí fue una sorpresa y un deleite, pues no había visto bailar un merengue con tanto ritmo y tanta gracia, le dije, ¡pero tú sabes bailar merengue! él me contestó con mucho orgullo, “pero yo soy dominicano…”
Debemos sentirnos orgullosos de ser dominicanos y… ¡Que viva la Patria!
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