Por la intensiva violencia simbólica y cultural hechura de los colonizadores de mentes, la población pedernalense ha quedado imposibilitada de la capacidad de asombro y de identificar sus temas de interés para que, en cambio, gaste cada hora de cada día en nimiedades agravantes de su pobreza y, como colofón, sienta orgullo por migajas sacadas del dinero público y hasta aplauda a los verdugos.
Ningún crimen peor que el secuestro del pensamiento de una comunidad. Dos o tres vivos se enriquecen a costa de los demás.
Hasta que el tribunal de la historia juzgue, preguntémonos en la comarca si la conversación pública cotidiana debe ser una caricatura sobre la chercha mediática nacional: un pugilato politiquero orientado a la distracción de la gente. O un calco del discurso prefacturado, tan monótono como falso, que pregona el rescate de los pueblanos desde el hondón de las cavernas y su colocación en estado de bienestar general.
Preguntémonos si la agenda diaria en nuestro pueblo debe agotarse en diatribas de redes sociales sobre quién es mejor y quién ha hecho más, y en falsas atribuciones de logros de obras en las que “no sudaron la gota gorda”, ni la flaca, y, sin embargo, le han sacado provecho económico.
Cualquier incauto que escuche la cantaleta mediática de ciertos políticos del patio, la cual será más ruidosa conforme se acerque el año preelectoral, se imaginará a Pedernales como una réplica de Dubái en la frontera suroeste con la misérrima comuna Anse -a- Pitre, del departamento sur de Haití, gracias a las “buenas gestiones” de tales dioses en la tierra.
No hay cosa que cale más fácil que la mentira, sobre todo si es escenificada con dramaturgia. Pero un aterrizaje en la pista de la realidad mostrará a los territorios de los municipios como sitios huérfanos de obras fundamentales para caminar hacia el bienestar general naufragadas en el mar de las promesas.
Una muestra: falta de alcantarillado pluvial y sanitario y planta de tratamiento de aguas residuales; carencia de un sistema de recolección, tratamiento y disposición de desechos sólidos (Cerca de Cabo Rojo existe un botadero, nido de alimañas y emisor de contaminación).
No hay proyecto habitacional en curso, pese al reguero de casuchas de hojalata con pisos de tierra y barrios improvisados en un pueblo situado en la ruta de los ciclones tropicales. Esa carencia vergonzante es usada por los políticos para alimentar la mendicidad con “donaciones” de zinc, tablas y cambios de piso por cemento.
Sigue la espera por el tramo histórico (40 Km) que uniría a Pedernales con Duvergé a partir de la carretera de la bauxita (Cabo Rojo); la reconstrucción de la vía Barahona-Pedernales, que debió ser urgente (única de entrada y salida), nunca termina; el tramo Barahona-Enriquillo semeja un camino vecinal con un chin de asfalto. El de Oviedo-Pedernales va como la tortuga. Obras Públicas calla, pero también las comunidades afectadas y su liderazgo. La demanda es una autovía.
El distrito municipal José Francisco Peña Gómez, en la ladera sur de Sierra de Baoruco (Aguas Negras, Mencía, La Altagracia, Los Arroyos), sin energía eléctrica del sistema nacional, ni acueducto que garantice agua de calidad. Oviedo sigue sin acueducto y con una imagen ruinosa por la gran deuda social acumulada.
La academia y la banda de música existen por la voluntad de los muchachos y el director. Parece que instrumentos, repuestos y ambiente apropiado resultan muy costosos para las instituciones estatales, comenzando por el Ministerio de Cultura. Y nadie agenda la edificación de un centro cultural.
Pese a que la población crece y se apuesta a un boom turístico, no hay una cultura de prevención, ni esfuerzos para lograrla. La salud y la vida están en riesgo permanente, por la extracción de agua desde un subsuelo contaminado con materia fecal, por la basura al aire libre, por las enfermedades transmisibles e infecto-contagiosas, por el creciente movimiento migratorio extranjero y dominicano.
El narcotráfico gana terreno y se nos pierde la juventud en la enfermedad del consumo de drogas. La prostitución avanza, incluye menores de edad. Las calles y las reuniones familiares en casa ya no son tan libres y alegres como antes. Hay que estar “como la guinea tuerta”, alerta, con un ojo puesto en la llegada repentina de un delincuente o en algún descuidista.
El enclave turístico está en Cabo Rojo, Pedernales, pero no es Pedernales ni es Oviedo. Ni son los parajes y secciones.
Prácticamente se ha ido el tiempo de la gestión gubernamental y en los territorios nos hemos quedado sin las obras que ayuden a lograr comunidades saludables, mientras, sin un plan de ordenamiento territorial provincial, ganan fuerza la gentrificación y la turistificación.
¿De qué vale, entonces, tener dos pesos si no hay buen estado de salud biopsicosocial? El discurso de turismo sostenible huele a eufemismo.
Se nos van las esperanzas que habían reverdecido. En tiempo de campaña: “¡Fiesta y mañana gallo!”. Todo se pospone. Y en esa estamos ya. Ahora se alegará crisis y falta de dinero para cumplir las promesas acumuladas.
Ante tal drama, ¿deben ser el pugilato, el egocentrismo, el narcisismo, la demagogia, el populismo, el oportunismo, la dispersión, el aprovechamiento de los jodidos y la mentira los temas de la agenda mediática diaria de los pedernalenses, comenzando por políticos, empresarios, religiosos y activistas sociales?
Si es así, nos fuñimos.
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