En un mundo que cambia rápidamente, las comunidades enfrentan retos climáticos cada vez más severos, desde lluvias torrenciales hasta los impactos directos del calentamiento global. En este escenario, la diferencia entre una emergencia y una tragedia suele residir en un factor clave: la calidad de la comunicación.

Bajo el lema "Comunidades fuertes, modelos de resiliencia", la provincia de Montecristi fue sede del taller "Comunicación efectiva sobre resiliencia comunitaria y sistemas de alerta temprana". Esta iniciativa, impulsada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA), Plan International y The Nature Conservancy, con apoyo de Estados Unidos, buscó fortalecer las capacidades de al menos 20 comunicadores de la región Noroeste del país. Con el objeto de transformar el dato técnico en acción ciudadana.

Uno de los momentos importantes de la jornada estuvo a cargo de la subdirección de la Defensa Civil, con la ponencia: "De la alerta a la acción: cómo salvar vidas en las primeras horas críticas". En esta exposición se abordó un desafío constante para el comunicador: conocimiento del riesgo y gestión de la incertidumbre en un sistema de alerta temprana para la acción.

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Participantes en el taller de resiliencia comunitaria

Las alertas, por su naturaleza científica, suelen conllevar un margen de duda; sin embargo, el rol del periodista es fundamental para reducir el caos, fortalecer la confianza pública y guiar a la población hacia decisiones de autoprotección efectivas. No se trata solo de informar que viene un fenómeno, sino de educar sobre cómo sobrevivir a él.

Es un compromiso colectivo de cara a la población y los peligros naturales y humanos que acechan a esta. En ese sentido, el taller no solo ofreció herramientas conceptuales sobre marcos legales y gestión de riesgos, sino que subrayó que desarrollar resiliencia implica fomentar un sentido de empoderamiento de toda la ciudadanía.

La Comisión Nacional de Emergencias y la Defensa Civil enfatizaron que los comunicadores son piezas fundamentales en la organización y coordinación de la respuesta. Su compromiso va más allá del micrófono, un medio escrito o redes sociales: incluye el conocimiento del riesgo y la gestión de la incertidumbre (desarrollar planes de comunicación en emergencias que mantengan a la población orientada y reduzcan la ansiedad social). Informar con un sentido ético que aporte a la preparación y respuesta a las emergencias, no a la desinformación y el caos.

Agradecemos al PMA la oportunidad de compartir este espacio, donde pudimos aportar nuestra perspectiva sobre un tema que manejamos con humildad, pero con la convicción de que la palabra es una herramienta de salvamento.

Este esfuerzo conjunto fue posible gracias a la sinergia de organizaciones con misiones comprometidas: el PMA, centrado en combatir el hambre y brindar asistencia en emergencias; The Nature Conservancy, líder en la conservación ambiental y la lucha contra la crisis climática en más de 80 países; y Plan International, que trabaja incansablemente por la protección y educación de la niñez y juventud frente a la vulnerabilidad.

Convertir el lenguaje técnico en una instrucción que salve vidas es, en última instancia, el mayor acto de resiliencia que un comunicador puede ejercer por su comunidad. No se trata solo de informar que viene un fenómeno, sino de educar sobre cómo sobrevivir a él.

Bernardo Rodríguez Vidal

Psicólogo clínico

Subdirector Ejecutivo de la Defensa Civil Psicólogo Clínico, Maestría en Alta Gerencia y Especialista en Gestión de Riesgo de Desastres.

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