He visto con preocupación como en las redes sociales, desde la semana pasada, muchos dominicanos, en aras de defender nuestra patria, han intentado buscar un culpable o más bien un chivo expiatorio a la supuesta reacción del gobierno ante la marcha realizada el pasado domingo en la zona de Friusa, Punta Cana, señalando al sector turismo de ser el objetivo principal de dicha acción, cuya justificación final pareciese ser la de cuidar la imagen del país a nivel internacional.

El conflicto entre Haití y República Dominicana es tan antiguo como complejo. Su historia está marcada por tensiones fronterizas, diferencias culturales y desafíos migratorios que han moldeado la relación entre ambos países desde nuestra independencia en 1844.

En las últimas décadas, la migración masiva de haitianos hacia nuestro país, impulsada por la inestabilidad política, pobreza extrema y los desastres naturales que han acontecido en nuestro vecino país, ha generado controversias en la opinión pública nacional e internacional. Si bien la respuesta del Estado dominicano ha sido una combinación de políticas migratorias más estrictas y construcción de un discurso nacionalista, no ha logrado con esto satisfacer las promesas que realizaron al pueblo con el objetivo de llegar al poder, lo que por supuesto ha alimentado el sentimiento de impotencia y rebeldía de ciertos activistas sociales.

Sin embargo, ha llegado el tiempo de que los dominicanos nos cuestionemos qué hubiese sido de nuestro país si en los últimos 30 años no se hubiese desarrollado el turismo de la manera que ha sucedido. ¿Qué otra industria hubiese podido sustituir las excelentes  ganancias que hemos obtenido con esta?

Y es que el gran éxito del turismo no es solamente la cantidad de turistas que vienen al país, sino todas las industrias que se benefician por prestar servicios a estos. Para que un turista llegue a nuestra isla, deberá de transportarse en avión, o en barco (crucero) e inmediatamente comienza a pagar impuestos en los boletos aéreos, impuestos de llegadas (tarjeta de turista) y, por supuesto, consumirá comidas y bebidas en los destinos receptores. Y, aunque las cadenas hoteleras y turoperadores estén radicados fuera del país, todos los consumos utilizados por los turistas están debidamente gravados por impuestos reconocidos (habitaciones hoteleras, excursiones, alimentos, bebidas, etc.).

Solemos destacar el impacto económico del turismo a nuestro país, limitándonos a resaltar los datos que emite el Banco Central, que de por sí son muchos e importantes. El pasado año 2024, República Dominicana recibió US$10,974.4  millones en ingresos por turismo. Sin embargo, el impacto real es mucho más que esto, el sector turístico demanda, para poder ofrecer alimentación a estos miles de turistas, una amplia variedad de productos agrícolas locales, impulsando la producción y el empleo en zonas rurales. Los turistas también son los mayores consumidores de nuestros rones, tabacos, licores, cervezas, artesanías y, a la vez, son promotores internacionales de estos.

Es innegable que el turismo ha traído consigo el crecimiento extraordinario de las inversiones extranjeras. El pasado año 2024, el BCRD informó que la inversión extranjera directa superó los US$4,500 millones, de igual manera, el desarrollo de las infraestructuras turísticas ha estimulado el crecimiento del sector construcción, generando numerosos empleos y modernizando áreas urbanas y costeras.

Según las estadísticas el turismo crea más de 800,000 empleos de manera directa e indirecta en nuestro país, lo que significa que el impacto es real y palpable.

Es precisamente por esto que el gobierno dominicano debe manejar con extrema cautela el discurso y las políticas públicas en torno al conflicto haitiano. Los ojos del mundo están puestos en la región, especialmente en tiempos de crisis migratorias o cuando se dan incidentes que pueden ser percibidos como violaciones a los derechos humanos.

La narrativa internacional no siempre comprende las complejidades locales. Una imagen negativa, por más injusta que sea, puede provocar cancelaciones de vuelos, baja en reservas hoteleras o incluso alertas diplomáticas que afectan la percepción del país como destino turístico seguro y acogedor. Ya lo hemos visto en otras naciones que, por conflictos internos mal gestionados en el plano comunicacional, han perdido millonarios ingresos en turismo.

Los primeros interesados en defender el sector turismo deberían de  ser cada uno de los ciudadanos dominicanos. Poner en riesgo el turismo es poner en riesgo la economía del país, y consecuentemente nuestra estabilidad.

Seguir insistiendo con expresiones populares como la marcha realizada recientemente es una amenaza frontal al sector turístico. Nuestro país puede defender su soberanía e intereses nacionales, pero también debe hacerlo con inteligencia estratégica, entendiendo que cuidar nuestra reputación internacional es tan importante como cuidar nuestras fronteras.

El verdadero dilema que tenemos actualmente es lograr defender la patria sin poner en riesgo el turismo, y con ello, la estabilidad económica de todo el país.

Magaly Toribio

Mercadóloga y Hotelera

Magaly Toribio, Hotelera y mercadóloga por convicción, politóloga para intentar entender el mundo, amante de las palabras y la buena lectura. Ex- viceministra de turismo, reconocida en múltiples ocasiones por los principales gremios del sector turístico nacional e internacional. Experta en marketing turístico y gestión sostenible de destinos turísticos. Investigadora, académica y consultora privada de empresas, universidades y destinos turísticos. Presidente de la empresa TARGET Consultores de Mercadeo y creadora de la primera empresa del país suplidora de soluciones de movilidad para turistas con discapacidad, Scooters DR.

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