En el imaginario cultural de la sociedad dominicana existe la identificación del almuerzo principal de nuestra población con lo que se denomina “la bandera dominicana” compuesta por: arroz, habichuela y carne.

Esta costumbre ha cambiado y este cambio lo señalan muchas personas de diferentes edades en distintas comunidades tanto rurales como urbanas. “Usted quiere saber que costumbre ha cambiado aquí, la bandera ha cambiado, ya no se come carne”. “La carne ha desaparecido como costumbre”.

La referencia a la desaparición de la carne se hace en tono jocoso mezclado con dolor. La gente siente que su vida se ha deteriorado, “antes éramos pobres, ahora somos más pobres”. A pesar de que los índices de pobreza no logran registrar los cambios cualitativos  que se plasman en la cotidianidad de la gente, las personas si lo sienten y lo viven.

La visita a las comunidades en los trabajos de campo que venimos desarrollando en la ultimas décadas ofrecen cambios con relación a las prácticas alimenticias y hábitos de compartir el almuerzo. Antes, visitábamos un hogar en horas del mediodía se notaba que la gente estaba cocinando alguna comida y te la ofrecía para compartirla.

En la actualidad visitamos muchas comunidades  y se observan anafes apagados, personas que no comen al mediodía y que se quedan sin comer todo el día. Esto se agudiza aún más en el contexto rural. Las observaciones de una semana en comunidades rurales nos muestran el almuerzo no es regular en toda la semana, 4-5 días se come, 2-3 no, al menos que una vecina pase un poco de comida que se reparte entre todos.

En tiempos de cosecha de mangos y aguacates, la situación puede variar. Aparecen más posibilidades de almorzar mangos y aguacates con guineos al mediodía y así dividirlos en la familia. Observamos una familia de 4 hijos, que la madre cortó dos mangos y los dividió en varios pedazos entre sus hijos. Esa fue la comida del día.

En la actualidad las proteínas como la carne, la leche, los quesos, pescado, entre otros, son inaccesibles para los sectores de menores ingresos, los pobres. Antes la gente podía comer arenque, bacalao o pica-pica, hoy no aparecen o son muy costosos.

Lo mismo ocurre con la carne. La carne de pollo, que es la más accesible solo se come una vez a la semana en muchos hogares o cada quince días como relatan las personas. Lo más accesible es “el pico y pala”. “La última vez que comí pollo fue hace 15 días y fue que me compre 15 pesos de pico y pala”.

 Definitivamente la alimentación es un dolor de cabeza para la gente. No hay suficientes recursos para alimentar a una familia. “Las mujeres nos convertimos en contable, tenemos que jalar los pesos, si conseguimos doscientos pesos en un día eso no da para tres comidas, solo para hacer un plato de arroz con habichuela, y a veces un moro con guineitos, má ná”.

Tahira Vargas García

Antropóloga social

Doctorado en Antropología Social y Profesora Especializada en Educación Musical. Investigadora en estudios etnográficos y cualitativos en temas como: pobreza- marginación social, movimientos sociales, género, violencia, migración, juventud y parentesco. Ha realizado un total de 66 estudios y evaluaciones en diversos temas en República Dominicana, Africa, México y Cuba.

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