En las noches del periódico Hoy, en medio del trajín de elaboración del montaje de la edición del día siguiente, entre la mesa de corrección y la dirección a menudo ocurren tertulias sobre temas del día salpicadas de anécdotas, algunas picantes, que terminan en comparaciones con situaciones de la cotidianidad que no salen en páginas.
Las protagoniza el director Bienvenido Álvarez Vega quien, fruto de su campechanía yumera-higüeyana y su larga experiencia periodística (director fundador de El Siglo, pionero de digitalización de prensa), sale de su oficina y pasa de la solemnidad de su gran responsabilidad editorial a conversaciones en las que hace galas de capacidad para contar con gracia y en voz alta historias serias o hilarantes que casi siempre cierra con un chiste y risotadas cortas, para seguir la faena.
Son momentitos especiales porque sirven tal vez de catarsis a las tensiones infartantes usuales en el tráfago de las redacciones de los medios, en tanto no están mediados por los filtros que imponen la razón y el sistema.
En esos intermedios, brotan a ratos menciones sobre las ocurrencias del destacado humorista, periodista, escritor, libretista y político dominicano Mario Emilio Pérez (1935), esposo durante casi medio siglo, hasta el último suspiro, de Ivelisse Prats, supermaestra de Pedagogía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, icono del tradicional Partido Revolucionario Dominicano, fallecida en octubre de 2020 a los 89 años, como integrante del oficialista Partido Revolucionario Moderno.
Mario Emilio viene al recuerdo, sobre todo, cada vez que el Gobierno sufre una crisis comunicacional, como la sucedida tras el blackout o apagón general ocurrido a media mañana del 23 de febrero de 2026, segundo en tres meses.
El ruido comunicacional volvió a imperar. Cada quien habló a su manera, incluido el presidente Abinader. Y el resultado inmediato en términos de opinión pública fue catastrófico por incomprensión de la comunicación como proceso.
Con tantas versiones generadoras de confusión, el Gobierno evidenció una vez más carencia de un comité de crisis con el respectivo protocolo de actuación, algo que suena soso e innecesario a los funcionarios cuando se les plantea la creación de tal instrumento porque sienten pasión por la improvisación y por aquello que reditúa beneficios inmediatos.
Mario Emilio, con experiencia como relacionista de varias instituciones estatales, durante gobiernos del PRD hoy PRM, solía decir que los encargados de Relaciones Públicas del Gobierno son “chopos intelectuales”.
En el español dominicano, chopo se refiere a “persona de poca clase, sirvienta o criada, cosa de mal gusto”.
La connotación en cualquier caso es desagradable. Pero a él le sobraban, y le sobran, razones. El relacionista es considerado como plato de segunda mesa en el tinglado estatal. Es usual que este profesional se entere tarde y a través de terceros sobre acciones comunicacionales de sus superiores que impactan la imagen institucional.
Aún hoy la comunicación gubernamental profesional no goza de la consideración requerida por su importancia capital para el desarrollo institucional. En muchos casos, los encargados son más cosméticos que sujetos activos, porque carecen del fenotipo de piel blanca, ojos verdes y hablar con tono extranjero (les pagan lo que pidan porque “saben mucho), o sencillamente porque los funcionarios también se creen expertos en comunicación, o tienen sus asesores externos predilectos, bien pagados con cargo al erario.
Aunque desde hace par de décadas tal sector de la comunicación registra mejoría salarial (mucho mejor si la persona tiene “buenas relaciones”), sigue muy alto el déficit de comprensión de su rol para la dinámica óptima del Estado, porque no solo se trata de prensa, es mucho más, y más complejo.
Las direcciones de comunicación estratégica, en ocasiones dirigidas por personas sin formación en el área, excepciones aparte, existen como cumplidos porque, al final, las decisiones se toman en otros lugares con base en el capricho, sin la guía del diagnóstico y la planificación de la comunicación. Como mucho, a los encargados se les llama, como rebaño, para satisfacer criterios del Ministerio de Administración Pública (MA).
Los relacionistas son verdaderos “chopos intelectuales”, como los ha designado el autor de “Mujeres, chiviricas y pariguayos”, un nativo del simbólico barrio capitalino San Miguel, dueño de una sinigual capacidad para plasmar estampas dominicanas.
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