Esta mañana, 8 de abril, como si aún viviera en Santo Domingo, observé el duelo municipal. Pasé una hora en reflexión espiritual en el patio de mis vecinas de la Congregación de Cristo Rey. Todavía puedo darme el lujo de sentarme en paz entre amigos católicos y protestantes. Hace unos años, también solía visitar a amigos en una escuela coránica no muy lejos de mi casa.
Con mi primer café, tomado un poco tarde, tuve el inmenso placer de descubrir «Haití, un país fragmentado en dos sociedades antagónicas». Una situación aterradora para el país donde nací. Sin embargo, me gusta compartir con mis amigos dominicanos algunos detalles familiares que me permitieron analizar la tragedia con considerable sabiduría filosófica. Entre mis ancestros se encuentran ciudadanos de la antigua Palestina —a menudo llamados «libaneses»—, Puerto Rico y la República Dominicana.
Su artículo es a la vez una bomba y un bálsamo para el alma. Personalmente, a menudo me he encontrado incapaz de explicar a mis amigos dominicanos el nivel tóxico de fragmentación que siempre ha existido en la sociedad haitiana. Entre lo que podríamos llamar las hazañas de esta élite criolla, destaca su notable reproducción de prejuicios al reemplazar a la antigua potencia colonial mediante un sofisticado proceso de «colonización interna». De este modo, esta élite ha logrado eliminar a la República Dominicana, África y otros temas de los programas escolares, tanto en las aulas de ayer como en las de hoy.
¿Debería decirle, distinguido doctor, que tuve mucha suerte? Incluso en la escuela primaria, entre mis amigos cercanos estaban el hijo de un presidente africano asesinado (François Tombalbaye, 1975) y la hija del embajador chino (Taiwán). Con el encanto de las revistas de antaño, uno ve el mundo de otra manera. Mi padre también fue traductor para la Dominicana de Aviación.
Todos sabemos que las misiones militares (o policiales) internacionales no lograrán resolver la aterradora crisis estructural haitiana. Se trata de una verdadera bomba atómica construida como un pulpo. El único alivio: creo sinceramente que su artículo llegará al escritorio de aquellos que desean tomar decisiones de buena fe.
Hoy, 8 de abril, en este día tan especial del recuerdo, expreso mi más sincera solidaridad con toda la comunidad dominicana.
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