La República de Brasil tiene una población de alrededor de 215 millones de habitantes y 158 millones de electores, con derecho al voto en la segunda vuelta de las elecciones de ese país, en las que se escogerá a su próximo presidente, entre su actual mandatario y ex líder sindical, Luiz Ignacio Lula da Silva, por el Partido de los Trabajadores (PT) y el ultraderechista, Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), ganador de la primera vuelta de dichas elecciones, actual senador e hijo del ex presidente y ex militar, Jair Bolsonaro, actualmente arrestado y condenado a 27 años por la justicia de ese país, por intento de golpe de Estado. Las mismas se realizarán el próximo domingo, 25 de este mes de octubre.
Estas elecciones están consideradas como las más competitivas de toda la historia de Brasil. En ellas se pondrá en juego el futuro de ese gigante suramericano, cuya economía, una de las de mayor crecimiento, ocupa el lugar número uno de toda Latinoamérica y el número diez a nivel mundial, es uno de los mayores productores y exportadores a nivel global, tanto en el sector agropecuario como minero, como café, azúcar, etanol, en harina de soja, maíz, algodón, carnes de res, de pollos y cerdos, con grandes yacimientos de hierro, bauxita, aluminio, cobre, oro, de petróleo y gas natural, biodiesel, entre otros. Brasil, también posee una gran industria automotriz de vehículos livianos y equipos pesados.
En las mismas, los brasileños decidirán si continuarán con el actual gobernante, Luiz Ignacio Lula da Silva, un político con una gran visión de futuro, perseverante, con un discurso equilibrado, moderado, cargado de fe y esperanza; que les imprime confianza y credibilidad a la mayoría de los brasileños; coherente, humilde, respetuoso de los derechos humanos; de las libertades públicas y sindical, de la libre expresión del pensamiento, del credo político y religioso; que ha apostado a la unidad familiar, a la paz social y laboral, a la estabilidad macroeconómica y financiera; al progreso, al desarrollo, a la transparencia y al fortalecimiento institucional y que ha gobernado, aferrado siempre a la constitución de su país, sin odio, rencor, venganza ni remordimiento.
Un mandatario que encontró a ese país muy dividido, en medio de una gran crisis económica, política, social e institucional; con un gran endeudamiento externo, arruinado y sumido en la más cruel de la pobreza; un mandatario que ha colocado los intereses de ese país por encima de los intereses particulares y partidarios, que ha aplicado la unidad en la diversidad y que siempre ha creído en el diálogo. En su gobierno, tanto la educación, la salud, la seguridad social y ciudadana, la producción, el transporte, han tenido muy buenos resultados.
Según el Banco Mundial, en su gobierno, se han reducido la desigualdad social en un 9.4%, la pobreza extrema a la mitad, que logró sacar a más de 30 millones de personas de la pobreza, logrando alcanzar la meta de hambre cero; en su gobierno el Producto Interno Bruto (PIB) creció en un 32%, se fortaleció la clase media y logró colocar el salario mínimo por encima de la inflación existente; la economía en gran medida, fue formalizada, aumentando la generación de empleos de calidad, mejorando la calidad de vida de los trabajadores, logrando la reducción de la jornada laboral.
Además, logró aprobar la tan anhelada reforma tributaria y fiscal, se protegió con energía la Amazonia (selva amazónica), se redujo la deforestación ilegal; se protegió a los territorios de los pueblos indígenas, se fortaleció el acceso al microcrédito y se impulsó el acceso a las fuentes de energía renovables. A nivel internacional, logró posicionar a Brasil en un nivel clave y preponderante en todos los foros y cumbres multilaterales.
En fin, el presidente Lula da Silva ha gobernado sin pasiones políticas, sin odios, rencores, egoísmo, sin privilegios, exclusión, retaliación ni persecución, creando oportunidades para los 215 millones de brasileños.
Por otro lado, está el señor Flávio Bolsonaro, actual senador, quien aspira a gobernar ese inmenso país, aplicando el modelo retrógrado, divisionista, retaliativo, utilizado por su padre, el ex mandatario Jair Bolsonaro, quien se caracterizó por la improvisación, el caos, la corrupción, la entrega de los recursos naturales, la violencia, la soberbia y las desigualdades sociales, el desempleo; por generar en Brasil una gran crisis económica, política y social; una gran inestabilidad macroeconómica y financiera, por la persecución y la violación a la constitucionalidad, a las libertades públicas, a los derechos humanos y de los trabajadores. En fin, este señor generará en ese gran pais una gran incertidumbre, comprometiendo su soberanía.
En un entorno internacional, caracterizado por una gran crisis económica y política global, el estilo con que Lula da Silva ha gobernado, es el que se requiere en estos momentos; se requieren mandatarios con ideas liberales y progresistas, no socialistas, que piensen primero en las futuras generaciones, no en las próximas elecciones, que no auspicien ni promuevan la violencia, el odio y el rencor, que protejan la Amazonía, el medio ambiente y los recursos naturales,
Con el triunfo de Lula da Silva, uno de los presidentes mejor valorado a nivel internacional, triunfa la verdad sobre la mentira; la razón, la paz contra la violencia; la unidad familiar, la humildad contra la arrogancia y la prepotencia; la igualdad contra la discriminación social y racial; la esperanza y la perseverancia versus la falta de fe. En fin, con el triunfo de Lula da Silva el próximo 25 de octubre, en Brasil, triunfará la democracia, la justicia social, que es lo mismo decir, la dignidad humana.
Que Dios ilumine a los brasileños para que tomen la decisión más atinada, oportuna y justa, para que se mantenga la paz social, política y laboral, la estabilidad macroeconómica y financiera, el crecimiento y el desarrollo económico que ese país tanto necesita en estos difíciles momentos que vive la humanidad.
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