Previo a la carta a sus amigos en junio del 1943 Juan Bosch había publicado al iniciar el 1940, en la Revista Carteles, su cuento Luis Pie. En el mismo Bosch retrata de manera cruda el sufrimiento terrible a que eran sometidos los trabajadores haitianos en los Ingenios dominicanos. Es importante la referencia porque el tema de la explotación de los haitianos en su país y en la República Dominicana, hasta grados de inhumanidad inimaginable, era una preocupación de él.
En el extremo temporal de su vida comentó un fragmento del que fuera posiblemente uno de sus últimos gran discursos políticos antes de ir perdiendo la lucidez mental, me refiero al discurso del acto de clausura del Cuarto Congreso Nacional del Partido de la Liberación Dominicana celebrado el 10 de marzo del 1991 en Santiago de los Caballeros.
Con relación a las relaciones internacionales del PLD, un partido con vocación de alcanzar el poder del Estado (que lo logrará 5 años después), Bosch destaca que para el Partido de la Liberación Dominicana las relaciones de nuestro país con los Estados Unidos y Haití, así como con España, México y Venezuela, deben ser objeto de una atención de tipo preferencial. La agudeza de Bosch en las cuestiones geopolíticas en función del interés del pueblo dominicano y su bienestar se nutría de décadas análisis teóricos, ejercicio gubernamental y amplia actividad partidaria, primero en el PRD y luego en el PLD.
En relación con nuestro vecino insular la posición de Bosch es consistente con su carta del 1943. Afirma él que en el caso de Haití debemos tomar en cuenta que el pueblo haitiano comparte con nosotros la isla que Cristóbal Colón bautizó con el nombre de la Española. Los haitianos, pues, son nuestros vecinos más cercanos, y eso nos exige que mantengamos con ellos una política de mutuo respeto y de solidaridad en los casos en que ellos por su parte o nosotros por la nuestra seamos objeto de daños o perjuicios materiales o políticos. Son afirmaciones de uno de los pensadores más lúcidos del siglo XX dominicano, imposible de replicar por los payasos que han sido candidatos del PLD en las últimas dos elecciones, especialmente el último con una obscena prédica racista contra los haitianos.
La hondura de su análisis reconoce algo tan grave como el genocidio del 1937 y lo plantea claramente. Los daños podrían ser los efectos de un huracán o un terremoto; los políticos, una repetición de lo que sucedió con la matanza de los haitianos en el año 1937. Por el hecho de compartir la soberanía de la isla, los dominicanos y los haitianos debemos ser solidarios en los casos de adversidades comunes y debemos establecer políticas comunes claras en los diversos planes conjuntos de comercio, salud, reforestación. Lo del terremoto no fue adivinación del futuro, pero ocurrió, y la posibilidad de la repetición del genocidio es acariciado enfermizamente por actores diversos chovinista, racistas y de pulsión criminal.
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