Los tres amigos de Bosch, con los que tuvo la reunión en La Habana en 1943, y que luego les remitió una carta antes de embarcarse a Santo Domingo, eran: Emilio Rodríguez Demorizi (1904-1986), Héctor Incháustegui Cabral (1912-1979) y Ramón Marrero Aristy (1912-1959). Los cuatro coetáneos.
Demorizi es bien conocido por su gran aporte a la recuperación y divulgación de textos históricos. Incháustegui es un clásico de la poesía social dominicana, ensayista y académico de alto nivel. Tanto Demorizi como Incháustegui sobrevivieron a la dictadura y por su accionar posterior demostraron que no eran trujillistas, sino, como muchos otros, rehenes de la dictadura. Marrero en cambio sería asesinado por la dictadura acusado de filtrar información a la prensa extranjera sobre el grado de corrupción de la tiranía.
Evaluar el accionar de los tres durante la tiranía es complejo, pero una perspectiva general nos lleva a considerar que ninguno de los tres fueron trujillistas de corazón, como otros sí lo fueron. Frente a Trujillo algunos intelectuales se sumaron a la dictadura por su sintonía con el pensamiento y accionar del tirano, otros se aislaron como el caso de Lugo, un grupo colaboró por temor a ser asesinados, que sería el caso de los tres mencionado. Un cuarto grupo se marchó del país por no tolerar vivir bajo una dictadura. Bosch y Jimenes Grullón se inscriben entre los últimos.
La carta, que quedó en manos de los destinatarios, fue publicada por la dictadura, junto a una respuesta sobre los puntos tratados en la misma. Su referencia es: Para la historia, dos cartas. Santiago, R.D. Editorial el Diario, 1943. Es razonable que los amigos de Bosch dieran cuenta de la misma al tirano, ya que el riesgo de que Trujillo supiera de la carta y ellos no se la hubieran mostrado, era muy alto y lo pagarían con sus vidas y posiblemente la de sus familiares. Juan Bosch tenía muy clara esa circunstancia y no hizo mella la publicación de la carta en los lazos fraternos que le unían a los tres.
El primer párrafo de la carta contiene una referencia compleja que ha generado interpretaciones muy diversas. Escribe Bosch: Ustedes se van mañana, creo, y antes de que vuelvan al país quiero escribirles unas líneas que acaso sean las últimas que produzca sobre el caso dominicano como dominicano. No digo que algún día no vuelva al tema, pero lo haré ya a tanta distancia mental y psicológica de mi patria nativa como pudiera hacerlo un señor de Alaska ¿Qué significa que serán las últimas líneas que produzca como dominicano?
Es notorio que Bosch tenía preparada la boda con Doña Carmen para dentro de dos semanas después de esta carta y por tanto podría ser ese el primer paso para terminar adoptando la nacionalidad cubana. Habría que investigar la legislación cubana de ese entonces, pero sea cual fuere, Bosch tenía suficientes vínculos con sectores políticos cubanos y mucho respeto por parte de los intelectuales de ese país y su sociedad para que obtuviera la nacionalidad de la isla vecina sin muchas dificultades.
Además, como hijo de dos españoles, ya que su madre había nacido en Puerto Rico cuando esa isla era parte de España, obtener la nacionalidad española tampoco hubiese sido algo tan difícil, incluso que para ese tiempo el gobierno español estaba bajo la dictadura de Franco. Años después, entre 1966 y 1969, Bosch vivió en España, pero salvo documentación contraria, lo hizo con pasaporte dominicano.
Otro aspecto interpretativo sería la tensión vivida por Bosch entre la vida política cubana, donde lograba cada día mayor aceptación y reconocimiento, y lo complejo que resultaba organizar al exilio dominicano para luchar contra Trujillo, precisamente tres meses antes se había iniciado la formalización del PRD frente a las autoridades cubanas y había generado dificultades hasta con el nombre del partido y luchas internas entre los líderes.
Bosch habla del “caso dominicano” y como veremos en el resto de la misiva se refiere a las deformaciones que la dictadura trujillista estaba provocando en su “patria nativa”, en el orden político, económico, social e incluso ideológico. Ese diálogo con esos amigos fue un diagnóstico de lo que había pasado en su país desde inicios del 1938 y las consecuencias que él preveía en el futuro de la sociedad por la nefasta influencia de la tiranía.
Bosch -ni nadie- preveía que faltaban casi dos décadas más de sufrimiento y perversa forja de la dictadura trujillista sobre el pueblo dominicano. Mientras los dominicanos y dominicanos que vivían en el país eran adoctrinados en el temor, el racismo, el caliesaje, el culto al dictador, el sometimiento al orden violento y la obediencia al gobierno,
Bosch en Cuba se formaba en valores democráticos, en una sociedad donde había diversidad de partidos políticos, donde la cultura florecía sin restricciones ideológicas y donde él podía expresar su punto de vista sin temor a ser represaliado. Esa óptica de Bosch se ve reflejada en su obra Cuba, la isla fascinante.
Cuba tampoco era un paraíso, la corrupción imperaba y muchas de las luchas sindicales, estudiantiles y hasta partidarias se expresaban mediante el accionar de matones que liquidaban a sus opositores, pero comparada con República Dominicana, era una sociedad más abierta y mucho más desarrollada en el campo económico y cultural.
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