Tal como señalé en la entrega anterior, Marte Rodríguez nos refiere un viaje a España del padre y el abuelo materno de Bosch en 1925, un cuarto de siglo luego de la llegada de Don Pepe a Santo Domingo. Juan Gaviño y su yerno José Bosch se ponen de acuerdo y viajan a España por poco tiempo, el primero a su Galicia natal y el segundo a su Cataluña de origen. Juan Gaviño murió al poco tiempo de regresar a La Vega. La muerte de Juan Gaviño, su abuelo, impactaría profundamente al joven Juan Bosch.
En su cuento El abuelo, que indudablemente era el suyo, describe su personalidad de manera intensa: Mi abuelo no encontró consuelo nunca, ni alegría, ni entretenimiento en nada que estuviera fuera de sí mismo. —Hombre sin gusto —le decían las hijas y los amigos. Ignoraban que se alimentaba con sus propias entrañas, y que para arder le bastaba con la inmensa hoguera que tenía en el pecho. (publicado en 1936, once años después de su muerte)
Cuatro años después hubo otro viaje. Finalizando el 1929, según Marte Rodríguez, toda la familia viaja a Tortosa, Barcelona, en España, lugar de origen de don Pepe Bosch. (…) La familia Bosch pasa una corta temporada con sus parientes españoles y luego retornaron a la ciudad de La Vega, no así Angelita y Juan Emilio, de 19 y 21 años respectivamente, quienes prolongaron su estadía en casa de los tíos en Tortosa. Este dato es importante porque para otros autores los dos hermanos Bosch Gaviño habían sido enviados solos a Cataluña desde Santo Domingo.
Bosch recordó medio siglo después las vicisitudes de aquel primer viaje a España en una entrevista que le hizo Ramón Colombo. Encontrar trabajo estable en España fue imposible. Eran los tiempos del gran crack financiero del sistema capitalista, y la parálisis era prácticamente total. Me fui al pueblito de Tortosa, donde había nacido mi padre. Pero era peor. Mi tía Cinta me fue a buscar para ir de nuevo a Barcelona, donde estaba mi hermana Angelita (V. XXXVIII, p. 317).
El Raval y la Barceloneta, quizás hasta la Villa de Gracia y Sant Andreu de Palomar, deben guardar la memoria de los pasos de Juan Bosch buscando trabajo o vendiendo botellas de ponche o periódicos por las calles barcelonesas. Un cataclismo descomunal en la economía del mundo sacó a Bosch de España, lo llevó luego a Venezuela, donde la situación no era mejor, y lo condujo de regreso a Santo Domingo en agosto del 1931.
¿Qué hubiese ocurrido si la fortuna le hubiese sonreído en Barcelona? ¿Sería uno de los grandes literatos españoles del siglo XX? ¿A dónde hubiese marchado con el golpe de Estado criminal de Franco? Seguro no sería el Juan Bosch que conocemos. Las evidencias de su interés en desarrollarse como escritor en la tierra de su padre luego de la experiencia del 1929 son varias.
El 15 de enero de 1934 lo interroga el juez de Instrucción Manuel Ángel González Rodríguez debido a que lo apresaron el 4 de diciembre del 1933 acusado de atentar contra la vida de Rafael Leonidas Trujillo Molina. La instrucción recoge que Bosch afirmó que yo pensaba casarme el 31 de diciembre del pasado año y fijar mi residencia en España donde debía ir en febrero, a más tardar el día 20 del mes de marzo del año actual, con intención de explotar allá mis condiciones literarias (V. XXXVII, p. 334). Dos años después de su regreso al país Bosch seguía deseando retornar a España.
Vuelve a mostrar su honda vocación literaria que lo empujaba a irse del país cuando le escribe a Trujillo desde Puerto Rico el 27 de febrero del 1938 avisándole que no regresaría a República Dominicana. Mi destino es ser escritor, y en ese campo, nada podía ya darme el país, y no sería eso sólo causa bastante a hacerme dejar el lugar de mis afectos, sino que, además de no poder seguir siendo escritor, tenía forzosamente que ser político, y yo no estoy dispuesto a tolerar que la política desvíe mis propósitos o ahogue mis convicciones y principios. (V. XXXVII, p. 321).
Desde que salió hacia España en 1929 hasta que se exilió en Puerto Rico en 1938 hay una intencionalidad en Bosch de emigrar para desarrollarse como escritor. Lo de la política le antecede al viaje de España e indudablemente permeará su vida desde su llegada a Cuba en 1939, pero justo es aclarar que la manera en que el trujillismo hacia política no era tolerable para él.
España era el destino que le atraía, Puerto Rico fue lo posible, no por azar eran las patrias de su padre y su madre. Guillermo Piña Contreras nos indica que Juan Bosch llega a San Juan, Puerto Rico, en compañía de su esposa Isabel García, de su hijo León y con sólo 90 dólares en los bolsillos el 13 de enero del 1938. Desde Puerto Rico le escribe a Pedro Henríquez Ureña y le confiesa que quizá yo pase de aquí (Puerto Rico) a Venezuela. Estaré andando hasta que dé con un país donde pueda vivir tranquilo y sin necesidad de doblarme a exigencias indignas.
En Puerto Rico pasó todo el año 38 y partió a Cuba, llegando a La Habana el 27 de enero del 1939, con un pasaporte dominicano expedido por el consulado dominicano en Puerto Rico cuatro días antes. Para el régimen trujillista Bosch todavía no era considerado como un enemigo en ese momento.
La década de la vida de Bosch en sus 20, esforzándose por desarrollarse como escritor, específicamente como narrador, dará frutos de gran valor. Fue el tiempo de sus primeras obras literarias, para muchos las más importantes. Lo curioso es que el punto de partida fue un artículo eminentemente político sobre la situación dominicana que él publicó en el periódico El Mundo el 16 de septiembre de 1929. Previo a los cuentos de Camino Real o La Mañosa, Bosch publicó Los dos caminos de la hora.
Un dato curioso es que finalizando los años 80 del siglo XX Juan Bosch no recordaba ese artículo, hasta que un buen día el historiador Bernardo Vega le llevó una copia del mismo que había encontrado en sus investigaciones.
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