El sol otoñal del 2024 atardecía en Tortosa. Asomado en el borde de la explanada frontal de la Catedral mi vista era seducida desde esa atalaya por el Ebro moviéndose perezosamente hacía su destino. Imaginé a Juan Emilio Bosch Gaviño contemplándolo en ese lugar durante su primer viaje a España. Su padre, más de una vez, se detuvo a ver el río que hendía su pueblo natal y en algún momento decidió seguir su cauce, llegar al Mediterráneo, salir al Atlántico por el estrecho de Gibraltar y buscar América.
José Bosch Subirats, apodado Pepe, llegó a República Dominicana justo en el 1900 buscando un futuro mejor que el ofrecido por su tierra natal. Angela Gaviño Costales llegó tres años antes que Pepe, con su padre y su hermana desde Puerto Rico. Y se encontraron José y Ángela en La Vega. Doce años antes del nacimiento de Juan Bosch ninguno de sus ascendientes había pisado tierra dominicana.
¿Cómo era la sociedad dominicana que recibió a los padres y el abuelo de Juan Bosch? ¿En cuál momento del devenir de la sociedad dominicana abrió Juan Emilio los ojos a las cuestiones del poder? ¿Qué condiciones forjaron el talante del joven Bosch para comenzar a escribir para que otros le leyeran? ¿Fueron sus primeros textos literarios? ¿Cuándo surgió la necesidad de comunicar sus análisis políticos?
Clarificar estas cuestiones nos permitirá comprenderlo en sus primeras dos décadas de vida desde nuestra perspectiva actual sobre él, la de un narrador de estatura mundial, un ensayista político imprescindible en el siglo XX dominicano, intérprete de la historia de escritura distintiva y creador de los dos partidos políticos más importantes después de la caída del trujillato. Exploramos por tanto sus raíces existenciales más hondas y qué lo llevó a comenzar a escribir.
El siglo XX dominicano comenzó el 26 de julio de 1899 en la ciudad de Moca. Quienes ajusticiaron a Ulises Hilarión Heureaux Lebert, apodado Lilís, liquidaron al último representante del liderazgo de la Restauración, guerra patriótica que lanzó a todo el pueblo dominicano contra las tropas españolas entre 1863 y 1865 para recuperar la soberanía nacional. La guerra contra España fue tan relevante que puede ser considerada como la verdadera independencia dominicana por el grado de participación de los diversos segmentos de clase con un solo propósito: recuperar la soberanía.
Los restauradores a su vez habían aniquilado la primacía política de los hateros, que fue la clase social dominante desde finales del siglo XVI hasta la Guerra Restauradora y que fueron los que efectivamente fundaron el Estado Dominicano en 1844 al derrotar militarmente a las tropas haitianas. Los hateros anexaron el país a España en 1861 al advertir que no podían conservar como clase social el control del Estado dominicano ante el ascenso de la pequeña burguesía. En 1809 los hateros lograron sacar a los franceses de la parte Este de la isla y en lugar de constituir un proyecto político soberano, solicitaron la reintegración a España, que estaba en ese momento bajo el dominio francés. Los hateros nunca fueron partidarios de la soberanía dominicana.
La República Dominicana entraba en 1899 en un tercer ciclo histórico donde el liderazgo de dos primos, Ramón Arturo Cáceres Vásquez y Felipe Horacio Vásquez Lajara, guiaron la sociedad dominicana hasta que Trujillo se hizo con el control absoluto del país en 1930. La única excepción durante esas tres décadas fue la dictadura militar de los Estados Unidos (1916-1924), causa eficiente de la tiranía trujillista.
El caos político reinó durante los gobiernos de los horacistas, pero aún más cuando ellos estaban fuera del poder. El matrimonio de los padres de Bosch, el nacimiento de su hermano mayor y de él mismo, ocurrieron durante el gobierno de Ramón Cáceres (1906-1911). Su etapa de juventud fue en la ciudad de Santo Domingo, trabajando tenazmente y publicando sus primeros versos, cuentos y artículos, hasta que marchó a España, y eso ocurrió durante el gobierno de Horacio Vásquez (1924-1930).
Sobre Bosch gravitó desde su juventud las ideas de un educador y patriota boricua: Eugenio María de Hostos. Las ideas y modelo de ciudadano e intelectual de Hostos influyeron siempre en sus textos y su conducta pública. Hostos había abandonado la República Dominicana (1888) durante la dictadura de Heureaux luego de fundar la Escuela Normal y, tras el ajusticiamiento del tirano, fue invitado a volver y dirigir el sistema educativo dominicano. Lamentablemente murió poco después de su llegada, en el 1903.
Los normalistas eran por vocación antililisistas. Luís F. Mejía señala que los jóvenes intelectuales formados en la Escuela Normal, deseosos de implantar los principios liberales y democráticos enseñados por Hostos, manifestaban una inconformidad compartida por toda la juventud dominicana (contra el régimen de Heureaux). Era incompatible el ideal hostosiano con una dictadura como la de Heureaux, a pesar de que durante dicha tiranía la sociedad dominicana avanzó en varios órdenes, pero siempre en función de la voluntad e intereses del déspota.
Docentes que influyeron sobre el niño y el joven Bosch venían del modelo hostosiano, pero no será hasta varios años después que él pudo conocer a Hostos y expresó el impacto de ese encuentro de la siguiente manera: Si mi vida llegara a ser tan importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: Nació en la Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás. (VI, 50). Hostos esculpió el corazón de Bosch con tal profundidad que el resto de su vida da cuenta de su influencia existencial mientras lucidez tuvo.
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