Por los 6 años y medio en que ha sido presidente Nayib Bukele en El Salvador, es decir, 78 meses al frente de un país al que encontró sumido en la violencia social, y a esta fecha es el modelo a seguir en todo el orbe, ha seguido "subido en el palo de la popularidad", y no es para menos.
Hoy, o mejor el jueves pasado, el Congreso de Honduras votó a favor de que se sigan las directrices del modelo de seguridad implantado por el presidente salvadoreño y sus funcionarios del área militar y de seguridad, así como del brazo de la justicia. Otros países lo están emulando ya; Guatemala está en ese camino a pesar de las oposiciones. Igualmente Costa Rica.
Este número del 93% sale del último levantamiento de datos que ha realizado la CID Gallup Centroamérica, la casa encuestadora que más seguimiento le ha dado a la trayectoria presidencial de Bukele y que se inscribe en esa retahíla de casas encuestadoras que viven a costillas de la popularidad del presidente salvadoreño; desde españolas, salvadoreñas —las que menos, porque su gente sufre "el complejo de Guacanagarix"—, las mexicanas son las que más desangran la presidencia de Bukele, con sus asesores que cobran millonarias sumas para decir lo que ya sabemos: es el más popular de todos los presidentes de "la bolita del mundo". Pero como hombre de marketing que es, sabe que "la gallina cacarea los huevos cuando los pone" y que, si tú no lo dices, otros lo dirán, y no de la manera que quiere que se sepa; ese es "el concepto de posicionamiento" que hizo a Al Ries y Jack Trout liderar ese aparte en el mundo de la imagen y el marketing.
Y qué decir de las huestes venezolanas, las que se han hecho millonarias aquí, y a las que el gobierno les cree a pies juntillas, y que tienen secuestrado este gobierno los "más de 50 asesores"; y donde lo que ellos dicen y hacen es palabra de Dios, y pensar que, en su país, antes de que los echaran a todos a su exilio dorado en Miami, "no sacaban una gata a mear y si la sacaban no meaba". Lo que hacían era conspirar contra sus archienemigos los chavistas.
Pero ya está bueno de chisme, vamos a lo que vinimos. Realmente, si vemos el histórico de todas las encuestas que han salido a la luz desde que llegó a la primera magistratura de la nación, su popularidad nunca ha tenido bajones bruscos ni momentos de reales aprietos de imagen, a no ser cuando se le ha cuestionado sobre los supuestos vínculos y arreglos con grupos a los que su gobierno ha combatido abiertamente, por lo que tiene esta popularidad a toda prueba.
Para 2019 y 2020, recién instalado en el poder, tuvo un promedio anual de 92,5 %, debido, entre otras cosas, al buen manejo que hizo en sus primeros meses y después de la pandemia del covid-19, además, según analistas, del manejo también de las primeras medidas de seguridad. Ya para el 2021-2023, con un absoluto control del país y las instituciones férreamente en sus manos, todo el aparato estatal que nadie nunca había concentrado, se mantuvo entre 85-92 %, según las casas encuestadoras CID Gallup y LPG Datos (La Prensa Gráfica).
El régimen de excepción, que fue puesto en marcha en marzo de 2022, cuando enfrentó la decisión de los grupos delincuenciales de "echarle jabón al sancocho que él estaba cocinando muy tranquilo", le disparó su respaldo, siendo así que, para mayo del 2025, 9 de cada 10 salvadoreños aprobaban esas medidas de fuerza y presión.
El fenómeno de la reelección traída por los pelos, y donde algunos constitucionalistas decían que vulneraba los artículos pétreos de la Carta Magna, le acarreó una ligera baja en su popularidad: 75 % su punto más a la deriva y 79 % luego de conseguir su ansiada reelección en febrero de 2024.
En abril del 2025, la COP registró una estrepitosa caída del 55 %. Hasta ahora, es la única medición por debajo del 75 % de aceptación en más de 6 años de ejercicio gubernamental; el mismo estudio, en sus conclusiones, aducía que se debía en gran parte a la lucha que el gobierno sostenía con los grupos ambientalistas para que no se aprobara la explotación de la minería metálica, y lo otro, el problema del Cecot y los grupos de presión que seguían torpedeando esta decisión gubernamental de encerrar a los maleantes en este centro de confinamiento extremo.
En mayo de 2025, otra vez la CID Gallup lo signó con un 85 % de aprobación, y de octubre a diciembre de ese mismo año, LPG Datos reportó una subida de hasta 91,9 % de aprobación, cerrando este año —cosa inédita— y que, para todo el istmo, nunca había sucedido en ningún momento de la vida republicana. La otra encuesta, muy contestataria, por cierto, a los intereses de Casa Presidencial, la Iudop de la Universidad José Simeón Cañas, UCA, le estampó una nota de 8,39 puntos, equivalente a un 83,9 % de aceptación en la población.
Llega el 2026 y el hombre "sigue subido en el palo" de la aceptación del pueblo, y no solo del pueblo salvadoreño, sino de la mayoría de los ciudadanos de los otros países del istmo y otras naciones que lo ven como el ejemplo a seguir. En marzo del 2026, otra vez la CID Gallup —pues vive "del picoteo salvadoreño", parece que no hay trabajo en otros rincones de Centroamérica— registró una aprobación histórica de un 94 %, llevándole, según esa casa encuestadora, a ser el líder mundial de más aprobación. Pero en febrero de 2026, una consultora que no suena mucho, CB Consultora, le puso una nota de 72,6 %; parece que esta no ha sido bendecida todavía con las mieles del poder.
Pero sea como sea, casi todas las grandes casas encuestadoras del país y fuera —sobre todo una mexicana que "sí come con grasa"— le han dado una puntuación de entre 85-94 % desde 2020, cuando se le empezó a medir como mandatario, hasta los primeros meses de este 2026. Ningún otro presidente de los últimos tres periodos gubernamentales —Saca, Funes ni Sánchez Cerén— ha gozado de tal popularidad al cierre de sus periodos. Saca obtuvo una aprobación de 72 %, Mauricio Funes, 69,3 % y Sánchez Cerén, 38,1 %, la más baja de la historia en democracia de esta nación centroamericana.
Todo esto está basado en la percepción que tienen los ciudadanos de a pie y de todos los estratos sociales de que el presidente Nayib Bukele ha cumplido su rol en lo que prometió que iba a hacer y está haciendo. Seguridad, su estrella: 92,5 %; confianza personal: 77,00 %; percepción de que está cumpliendo: 64,2 %.
Pero no todo es color de rosas en "la viña del Señor"; hay números que no son muy ponderados, que son los que tienen que ver con el manejo de la economía. Ahí es donde flaquea, según esta última encuesta, donde solo le ponen una puntuación de un 48,9 %. ¿Por qué esta percepción? Porque la gente piensa con el estómago, y en una economía dolarizada y en camino a tokenizarla, esos beneficios de la macro y los grandes negocios no se ven en el día a día de la gente que anda desesperada buscando empleos de lo que sea, que la comida está por las nubes a pesar de que el gobierno ha puesto muchos atajos para tratar de ayudar a la gente; por ejemplo, los Agromercados, que son realmente un paliativo a la terrible situación por la que están pasando ahora una gran parte de los salvadoreños.
"Todo lo que brilla no es oro": el Centro Histórico es la joya de la corona para el turista que llega, los inversionistas están apostando a ese espacio lúdico y único, las inversiones en turismo se están multiplicando hasta en un 10 %, pero eso no le resuelve a la gente de a pie el día a día, pues los precios de la comida, aunque él ha atajado la subida de los combustibles, los comerciantes se las ingenian para cargar a los consumidores los fletes, las alzas de las materias primas y demás.
Este país tiene la tasa más alta de crecimiento en el mercado inmobiliario de toda Centroamérica, ni Panamá en sus mejores tiempos, pero eso no se refleja en la vida de la gente, solo en los bolsillos de los grandes grupos inmobiliarios y de desarrollo que cada día dan un picazo y abren un nuevo espacio para los que pueden invertir. Los bancos nunca como ahora habían tenido mejor ejercicio fiscal, mucho dinero, mucho, pero no llega a la mano de la gente, que son en su mayoría los bitcoiners y los salvadoreños de la diáspora que han podido guardar sus ahorros y están haciendo de tripas corazón para emprender algo y volver.
Según la CEPAL, en su informe anual sobre la pobreza en esta región de las Américas:
Los últimos informes de la CEPAL hablan de que la pobreza total bajó en El Salvador de 30,4 % en 2019 a 27,9 % en 2023, es decir, 2,5 puntos porcentuales. Pero sostiene que El Salvador redujo 16,6 puntos desde 44,5 % en 2014. Ahora bien, la pobreza extrema subió de 5,6 % en 2019 —al salir el FMLN del poder— a 8,6 % en 2023, esto es, +3 puntos. La CEPAL calcula que unas 200 000 personas más cayeron en extrema pobreza por diversas razones, una de las cuales podría ser la pandemia del covid-19.
Entre 2024 y 2025, la pobreza total fue de 1 809 206 personas y la pobreza extrema de 610 272 personas; esto es: subió 21 355 vs. 2023. En 2025, la pobreza total bajó 14,5 % a 1 546 801 personas y la pobreza extrema cayó 17,36 % a 504 320 personas; es el nivel más bajo de pobreza extrema desde 2019. Es decir, que a partir de estos años el gobierno ha estado haciendo la tarea. Pero a pesar de todo, persisten grandes desniveles en el nivel de vida de la gente. Son muchos los que por una u otra causa no pueden tener las tres comidas del día, y eso va en detrimento, sobre todo, de la niñez. Este año, con el fenómeno de El Niño que será catastrófico, el gobierno, por la popularidad que disfruta, debería enfocar muchos de esos recursos a paliar las necesidades más perentorias de la población, aun a sabiendas de que está llevando grandes programas de desarrollo en todo el país.
Pero sea lo que sea, estas encuestas son un parámetro de hacia dónde se encamina el país de cara a las elecciones de febrero del año venidero, que, viéndola en perspectiva, no hay ni habrá un candidato que se atreva a pisarle los talones al presidente Bukele, pues desde que se dio el pistoletazo de salida en 2019, hay un solo liderazgo aquí que goza del respaldo de todas y todos los ciudadanos de esta nación. El modelo Bukele es el modelo para copiar en los más apartados rincones del mundo, y por algo será.
Si no, pregúntele a los influencers extranjeros que llegan y lo primero que hacen es ir a La Campanera, "territorio apache" en los viejos tiempos de las pandillas en Soyapango, y hacerse una selfie a la hora que sea, y decir: "Estoy transmitiendo desde Soyapango", antes impensado. Y eso es el plus por el que Nayib Bukele se quedará siempre "subido en el palo", hasta que a él le dé la gana de bajarse, que no será por ahora.
Compartir esta nota