El domingo 31 de mayo es el día dedicado a las madres. Una celebración que siempre provoca reflexión, como ocurre con el Día de la Mujer, el Día del Amor, y para muchos es un momento de regalos, agasajos, fiestas, viajes, restaurantes, discotecas… y más.
La mujer generalmente carga pesado en su esfuerzo por ganar un espacio en la sociedad, en el trabajo cuando lo tiene, en todos los grupos y asociaciones en las que logra abrirse un espacio.
Las estadísticas oficiales sobre la presencia de la mujer en el hogar no están actualizadas, pero las del 2018 dicen que el 39,8 % de los hogares dominicanos tenía jefatura femenina, el 41,6 % en zona urbana y el 32,3 % en zona rural. Lo común es que siempre los temas de mujer están atrasados y son más difíciles de resolver. Buen ejemplo es lo difícil que es para la Policía proteger a las mujeres perseguidas por hombres necios y cobardes, y alarma la cantidad de maltratadas y asesinadas.
Para algunos hombres el Día de la Mujer, el Día de las Madres o el Día del Amor es un momento para encuentros, regalos o atenciones especiales como intento para "recomponer" la relación con ese ser especial sin cuya compañía, atención y amor la existencia es difícil, y casi no podemos vivir.
Para algunos esos días, y en más el de las madres, no solo por la propia madre, es una fecha especial. Todos, hombres y mujeres, sabemos que ese ser especial hizo posible nuestro desembarco en este mundo a veces difícil, otras muy amargo y en ocasiones doloroso; retador, pero también dulce.
Una mujer nos dio la vida. Nos dice la Biblia que Dios creó el universo como un paraíso, y luego al hombre para que lo disfrutara, pero se dio cuenta de que no podría sobrevivir en la soledad. Dijo entonces: "No es bueno que el hombre esté solo. Le daré, pues, un ser semejante a él para que lo ayude".
Algunos dudan, otros no creen en el texto bíblico, o sencillamente niegan la existencia de Dios como supremo creador de todas las cosas. Pero nadie niega la existencia de la mujer como compañera y muchas veces como "sal de la tierra", "alegría del mundo" y única capaz de extender la existencia humana en el universo.
Mi madre ya no existe. Convencido estoy de que el Dios en el que creo la aceptó en el paraíso, porque mientras vivió fue "sal de la tierra", centro y equilibrio de su hogar; y más aún, se convirtió en la "Mamá Gisela" de todos los vecinos, de los amigos de sus hijos que la conocieron y disfrutaron de su amistad y del cariño que tenía para todo el que llegaba al hogar buscando su amistad y bendición.
No la olvido, pero es más notable su ausencia en esta semana del Día de las Madres, en la cena de Navidad y en los encuentros familiares. Como no tenemos el poder de revivir a esa mamá que se fue, dupliquemos el amor para esa mujer que es la madre compañera que nos ha dado los hijos que reproducen nuestra existencia. Bendita la mujer que reproduce la existencia humana.
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