Be good (Sed o Sean buenos). Hermosa frase. Un imperativo categórico tan sencillo como urgente en una sociedad cada vez más indiferente al dolor ajeno, a la crueldad normalizada y al ejercicio del poder sin pudor ni responsabilidad moral. Me emocionó hasta las lágrimas ver al actor estadounidense Mark Ruffalo llevar esa expresión en un prendedor, en la solapa de su chaqueta, como si la tuviera tatuada en la conciencia.
Ante una audiencia en tiempo real de cerca de diez millones de personas, explicó que ese mensaje era un gesto de solidaridad con los inmigrantes perseguidos despiadadamente por el ICE (U.S. Immigration and Customs Enforcement), una maquinaria represiva que, en no pocos casos, parece haberse especializado en deshumanizar al migrante.
Pero lo más conmovedor fue cuando enfatizó que esa frase también honraba la memoria de Renée Nicole Good, activista incansable en defensa de la dignidad de los inmigrantes, asesinada a mansalva por un agente del ICE del gobierno de Donald Trump. Esta frase tiene un valor simbólico agregado por la “coincidencia” del adjetivo GOOD con el apellido de la activista asesinada.
Aunque parezca insólito, altos funcionarios del gobierno de Donald Trump defendieron públicamente la actuación del agente del ICE que disparó contra Renée Good. En cambio, le atribuyó a la víctima una conducta violenta para justificar el uso de la fuerza. El presidente Trump afirmó que Good habría actuado de forma “desordenada” y “obstaculizado” el trabajo de los agentes. Insistió en que el oficial actuó en “defensa propia” pese a que los videos disponibles no muestran que ella golpeara a ningún agente con su vehículo. Un día antes, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, había caracterizado las acciones de Good como “terrorismo doméstico”. El vicepresidente de la nación, J.D. Vance, fue más allá: además de repetir sin pruebas que la muerte de Good fue “una tragedia de su propia creación”, defendió que el agente merecía protección legal e inmunidad por el incidente, incluso cuando aún no se había completado una investigación independiente y las autoridades locales y estatales pedían transparencia.
Si estos funcionarios tuvieran verdadero respeto por la verdad y el honor, deberían retractarse y ofrecer excusas públicas a la familia de Good, a la nación y al mundo. Para ser bueno hay que alejarse de la calumnia y la injusticia.
Todas esas versiones oficiales —que culpan a la víctima antes de concluir la investigación en curso— han quedado desmentidas por el material audiovisual y por testigos oculares. Si estos funcionarios tuvieran verdadero respeto por la verdad y el honor, deberían retractarse y ofrecer excusas públicas a la familia de Good, a la nación y al mundo. Para ser bueno hay que alejarse de la calumnia y la injusticia.
Los humanos necesitamos recuperar la empatía, la sensibilidad y la caridad como virtudes públicas, no solo privadas. Ser humano implica, hoy más que nunca, decidir conscientemente ser bueno. Esa decisión es individual, sí, pero su impacto es colectivo: la conducta ética siempre se irradia. Be Good, sed bueno: ¡qué frase tan tierna y, a la vez, tan exigente! Me remite inevitablemente a Jesucristo, a Gandhi y a Juan Pablo Duarte, figuras distintas, pero unidas por la convicción de que el amor y la bondad no son debilidades, sino expresiones excelsas de valentía y filantropía.
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