En realidad, todo tiene su tiempo y su edad. No soy de ir a ver desfiles al malecón, pero no porque soy vieja, nunca he ido… ni cuando joven.
Siempre he sido público participante, pero de televisión. Que conste, no soy folclorista, ni mucho menos antropóloga, sino una simple mortal que disfruta de lo nuestro.
Este pasado domingo fue el desfile de carnaval del Distrito Nacional. Parece que tenemos bien puesto el calificativo de “hora dominicana”, porque según leí estaba pautado para una hora y por más que buscaba en la televisión, no había nada.
Tremendo error. Ese mismo día y a esa misma hora estaba la televisión española trasmitiendo el desfile de carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Yo lo estaba viendo, pero como dominicana, me interesaba más el de aquí. Cuando por fin comenzó, vi un desfile de carros que hacía poco habían tenido una exhibición por la Zona Colonial y más antes por la Avenida Bolívar. Nada nuevo.
El desfile fue anunciado con bombos y platillos que ya venía. Estaba delimitado entre los dos obeliscos del malecón. Trayecto corto, pero parece que sabían con qué contaban.
Tuve que remontarme a épocas pasadas en que dicho desfile comenzaba en el obelisco hembra y terminaba en la feria. Pero de eso hace muuucho tiempo, hace tanto que no recuerdo de cuando era. Había vistosas carrozas y hermosas comparsas.
Cuando vi que comenzaron a desfilar “los desfilantes”, todos tenían una misma coreografía, la cual no entendía. Se me parecían a los Kenton cuando bailaban en sus shows, me entró una desesperación, tuve que pasarme al desfile de Tenerife en donde las carrozas eran impresionantes, las comparsas preciosas y compuestas hasta por ciento cincuenta participantes cada una.
No creo que podamos compararnos con estos desfiles, y me tomé la tarea de revisar por YouTube los desfiles de las distintas ciudades de Brasil. ¡Qué belleza!
Como no quería quedarme con lo foráneo me puse a ver el desfile de carnaval de Santiago.
Mucho colorido. Una gran organización. Comparsas lindísimas con un vestuario digno de ver. Parece que allá tienen una visión mejor que aquí en la capital. Dicen que los santiagueros son comparones. Yo diría “Santiago es Santiago”.
El desfile de aquí tuvo algo muy importante e interesante. Enfocaban a las autoridades y los entrevistaban ¡Qué orgullosos estaban! ¡Cuánta satisfacción del deber cumplido! Vergüenza debieran tener.
Pudieran para el año próximo buscar asesoría en el ayuntamiento de Santiago, aunque su desfile no llega a ser como los de Brasil o Tenerife, logran hacer algo vistoso y fino de acuerdo a nuestros limitados recursos.
Los lechones o macaraos lucían bellos. Los Robalagallinas con unos diseños hermosos. No se veía nada de vulgaridad.
¡Bravo Santiago!
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