“El afán del día no entra en conflicto con dedicar algunos minutos para mejor comprender dónde estamos y qué somos”.

Tener presente que la astronáutica es la ciencia y la tecnología que hace posible la navegación más allá de la atmósfera y que en cuanto a los resultados de sus acciones está la operación de naves espaciales tanto tripuladas como no tripuladas a partir del desarrollo de sondas, cohetes espaciales, naves, satélites y estaciones espaciales.

En atención a lo anterior de ahí el tan importante significado de “más allá de la atmosfera” pero al mismo tiempo el gran desafío que implica. Solo con ponderar lo que ha significado el desarrollo de aviones, helicópteros y drones cuya ciencia y tecnología se fundamenta en la sustentación que la atmósfera hace posible ya es suficiente, como para sentir aun en la actualidad el asombro de lo que ha enfrentado la astronáutica sin la sustentación de la atmósfera.

La propulsión vertical es un primer gran tema. Cuando se habla de propulsión vertical en astronáutica es hacer posible por ejemplo mover satélites y naves desde la superficie terrestre hasta el “vacío” al menos a partir de 100 kilómetros de la superficie de la Tierra.

Esa propulsión vertical se apoya en la llamada Tercera Ley de Newton que en su forma más sencilla expresa que a toda acción corresponde una reacción igual y de sentido contrario: si usted golpea a una pared con su puño, sucede que la pared le devolverá el golpe igual y en sentido contrario, si no lo ha probado le aconsejamos, por favor, no hacerlo; pero volviendo a la astronáutica se trata de expulsar masa a gran velocidad mediante motores espaciales en la dirección contraria a la que se quiere avanzar; y como meta fundamental se trata de superar la fuerza de atracción  de gravedad pues de lo contrario lo que se impulsa regresaría a la Tierra.  Por lo que se requiere que luego alcance a partir de otra propulsión, ahora  horizontal,  una velocidad próxima a 28 mil kilómetros por hora (al menos en la llamada órbita baja una zona del espacio entre 160 y 2000 kilómetros de la Tierra) la cual hace corresponder la trayectoria curva del satélite con la trayectoria curva de la Tierra manteniendo así su  movimiento sin necesidad de combustible constante.

Es un caso ilustrativo y relativamente simple respecto a los grandes avances logrados en la ciencia y la tecnología de la astronáutica “más allá de la atmósfera” y que se expresa además ampliamente en otras fascinantes áreas de la astronáutica.

Ramón Morrison

Consultor en Desarrollo Organizacional

Profesor de ciencias de primaria, secundaria y universitario ya jubilado, con la misma pasión de entonces.

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