“El afán del día no entra en conflicto con dedicar algunos minutos para mejor comprender dónde estamos y qué somos”.

Un satélite es cualquier cuerpo celeste que gira alrededor de otro más grande y que lo acompaña en su traslación. La  Luna, por ejemplo, es un satélite de la Tierra al cumplir tales condiciones y corresponde a los que se denominan satélites naturales.

Satélites artificiales  sobre los que trataremos en esta ocasión  y que llamaremos simplemente satélites, son  dispositivos creados por el ser humano que se lanzan al espacio y que giran  alrededor de un cuerpo celeste.

Es significativo el impacto que tienen los satélites en la vida actual, en la comunicación, televisión, internet, así como para fines militares; guían nuestros mapas digitales y sistemas de localización mediante GPS, predicen cambios climáticos y situaciones adversas en la Tierra sin otras vías de acceso para su seguimiento. Llegando a ser también de gran importancia en el estudio del espacio profundo.

Interesante es saber de qué manera los satélites se ponen en órbita terrestre. Procede recordar que para que los satélites sean elevados y puestos en órbita requieren de un cohete que los lleve hasta las correspondientes regiones que superan los límites de la atmósfera a más de 100 kilómetros de la superficie de la Tierra y de ahí la gran contribución de Robert Goddard padre de la cohetería moderna y pionero con sus estudios y experimentos.

Conducido por el cohete y una vez alcanzada la altura  que se procura se requiere que el satélite se mantenga en su trayectoria  alrededor del planeta sin caer hacia él y para lo cual es necesario proceder con  la velocidad orbital.

La velocidad orbital depende de la altura respecto a la superficie de la Tierra y para lo cual se han establecido tres rangos, órbita terrestre baja, media y estacionaria. La baja está entre 400 y 800 kilómetros de altura (como la Estacion Espacial Internacional), la media a unos 19 mil kilómetros como los satélites de GPS y la geoestacionaria a 35 mil 786 kilómetros de altura y a esa distancia se completa una vuelta en 24 horas pareciendo los satélites quietos en el cielo. Las correspondientes velocidades orbitales son para la baja 28 mil kilómetros por hora, para la media 11 mil kilómetros por hora y la geoestacionaria a 11 mil 300 kilómetros por hora.

El primer satélite artificial de la historia, tema a ser tratado en otra entrega, fue el Sputnik 1 lanzado con éxito por la entonces Unión Soviética el 4 de octubre de 1957

Ramón Morrison

Consultor en Desarrollo Organizacional

Profesor de ciencias de primaria, secundaria y universitario ya jubilado, con la misma pasión de entonces.

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