El reciente anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre la imposición de un arancel del 10% a las importaciones desde más de cien países, incluyendo la República Dominicana, obliga a nuestra nación a repensar de forma urgente su modelo de inserción en el comercio internacional.
Estados Unidos representa el principal destino de nuestras exportaciones. Un arancel de este tipo reduce automáticamente la competitividad de nuestros productos, afectando rubros clave como el textil, el agroindustrial y la manufactura ligera. Esta nueva barrera comercial podría traducirse en una merma en las exportaciones, en la pérdida de empleos y en una desaceleración del crecimiento económico, justo en un momento donde el país necesita consolidar su recuperación.
Ante este escenario, lejos de asumir una actitud pasiva o de queja, es necesario que el liderazgo público y privado del país reaccione con una estrategia clara, pragmática y audaz.
Propongo seis líneas de acción:
- Diplomacia comercial activa y estratégica
Nuestros consulados y embajadas deben transformarse en verdaderos centros de promoción comercial. Junto al sector empresarial, deben liderar la apertura de nuevos mercados en América Latina, África, Asia y Europa. Esta diversificación es esencial para reducir nuestra vulnerabilidad frente a decisiones unilaterales de grandes potencias.
- Inversión pública inteligente para el desarrollo territorial
Es urgente orientar la inversión estatal hacia infraestructura estratégica en regiones con potencial turístico aún no explotado, como por ejemplo las provincias de Pedernales y Montecristi. Carreteras, aeropuertos regionales, puertos turísticos, sistemas de agua y saneamiento: todo esto puede atraer inversión privada y generar empleos en el interior del país.
- Apostar al turismo como motor libre de aranceles
El turismo sigue siendo una fuente de divisas y empleos que no enfrenta barreras comerciales. Debemos continuar fortaleciendo nuestra oferta, diversificando mercados emisores y asegurando sostenibilidad ambiental y social en su desarrollo.
- Reordenamiento del mercado laboral
Si bien es legítimo priorizar el empleo dominicano, la realidad del mercado laboral requiere soluciones estructurales. La migración haitiana ocupa nichos que deben ser transformados con programas de sustitución laboral, capacitación técnica y mejoramiento salarial para hacerlos atractivos a la población local.
- Redireccionamiento del crédito hacia la producción
Eliminar de forma abrupta la emisión de bonos del Estado sería imprudente, pero sí debemos revisar su uso. Es tiempo de diseñar mecanismos financieros que canalicen más recursos hacia el aparato productivo, especialmente hacia pequeñas y medianas empresas en sectores exportables y de innovación.
- Reorientar el gasto público
Más inversión, menos gasto corriente. El país necesita revisar su estructura de gasto para responder a este nuevo contexto económico. Una reorientación gradual y estratégica del presupuesto público, priorizando la inversión productiva sobre el gasto corriente, puede generar un efecto multiplicador en la economía. Esto implica reducir el crecimiento del gasto en nómina y subsidios improductivos, sin afectar áreas sensibles como salud y educación, y redirigir recursos hacia obras de infraestructura, apoyo a sectores exportadores, innovación tecnológica y desarrollo rural.
En momentos de crisis, los países exitosos no son los que resisten el cambio, sino los que lo entienden, lo enfrentan y lo transforman en oportunidad. La República Dominicana tiene la capacidad, el talento y la vocación para hacerlo. Lo que se necesita ahora es decisión política, visión estratégica y voluntad de concertación.
¿Renacer de la sustitución de importaciones?
La estrategia de sustitución de importaciones (ISI) fue clave en el desarrollo industrial de muchos países en el siglo XX. Aunque en América Latina tuvo resultados mixtos, hoy, en un contexto de creciente proteccionismo global, relocalización de industrias y crisis de suministros, una versión moderna de la ISI podría tener sentido para la República Dominicana.
No se trata de volver a un proteccionismo cerrado, sino de aplicar medidas inteligentes y temporales que permitan fortalecer industrias locales con potencial competitivo. Esto debe estar acompañado de exigencias de productividad, innovación, encadenamientos productivos y buena gobernanza. Corea del Sur, Taiwán y más recientemente China, usaron esta lógica.
En sectores como agroindustria, farmacéutica, manufactura ligera y tecnología, podemos construir soberanía productiva, reducir dependencia externa y generar empleos de mayor calidad. La clave está en el equilibrio: proteger para fortalecer, pero con visión de apertura a largo plazo.
La historia no se repite, pero a veces rima. En medio de esta coyuntura internacional, la República Dominicana tiene la oportunidad de construir un nuevo ciclo de desarrollo productivo si actúa con decisión, estrategia y sentido nacional
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