La atención prenatal es el cimiento sobre el cual se construye la salud maternoinfantil, y uno de los indicadores más claros del nivel de desarrollo de un país.

El boletín epidemiológico de la semana 9 de 2026 del Ministerio de Salud Pública de la República Dominicana reporta 289 muertes infantiles. De estas, 261 corresponden a muertes neonatales, es decir, ocurridas en los primeros 28 días de vida. Cerca del 90 % de las muertes infantiles en el país ocurre en el primer mes.

Los niños no están muriendo a lo largo de su primer año; están muriendo al inicio de la vida. Este dato obliga a mirar antes del parto: al embarazo y, sobre todo, a la calidad de la atención prenatal.

El propio protocolo nacional establece que toda embarazada debe recibir al menos ocho controles desde el primer trimestre, con seguimiento continuo del desarrollo fetal. Pero un buen chequeo prenatal no es una simple consulta. Debe incluir evaluación clínica completa, monitoreo del crecimiento fetal, detección de riesgos como preeclampsia o infecciones, acceso a laboratorios, sonografías oportunas y, crucialmente, capacidad de actuar ante cualquier hallazgo.

Ese es el estándar. Esa es la diferencia entre prevenir y lamentar.

Sin embargo, en la práctica, ese estándar no se cumple de forma consistente. Muchas mujeres no llegan; otras inician tarde sus controles o no los completan. Pero incluso cuando acuden, los chequeos con frecuencia se reducen a consultas breves, sin estudios suficientes, sin seguimiento adecuado y sin un sistema de referencia que funcione cuando aparece una complicación.

Aquí está el problema de fondo: no es solo cuántas consultas se hacen, sino qué ocurre dentro de ellas.

La persistencia de muertes asociadas a prematuridad, asfixia perinatal y bajo peso al nacer —condiciones en gran medida prevenibles con vigilancia adecuada durante el embarazo— evidencia fallas en la detección temprana y en la capacidad de respuesta del sistema.

El Ministerio de Salud Pública de la República Dominicana muestra cifras altas de cobertura en salud, pero sus resultados en mortalidad neonatal desnudan deficiencias. El sistema logra, en muchos casos, el contacto inicial con la embarazada; en otros, ni siquiera eso, y las recibe directamente al momento del parto. En ambos escenarios, falla en garantizar calidad, continuidad y efectividad en la atención.

La mortalidad neonatal no comienza en la sala de partos, comienza en chequeos prenatales que no llegan o que no cumplen su cometido. No es destino: es una falla del sistema antes del nacimiento.

La atención prenatal de calidad no es opcional. Es la primera línea de defensa para la vida.

Lilliam Fondeur

Médica

Obstetrician / Gineco-Obstetra/ Experta en Infertilidad / Conferencista / Educadora Sexual /Derechos de las Mujeres. Especializada en la ginecología con énfasis defensa de los derechos de las mujeres. En 1999, obtuve mi especialidad de Gineco-Obstetra. Estudié Mujeres y Salud en la Universidad Complutense de Madrid 2014. Los medios de comunicación se han convertido en la tribuna por excelencia para la difusión de mi mensaje hacia la promoción de los derechos de las mujeres, dentro de ellos los derechos reproductivos y sexuales. Publico la columna “Mujeres y Salud” en el periódico El Nacional, y en adición, más de diez periódicos digitales nacionales e internacionales difunden mis artículos.Participo en el programa radial “Sólo para mujeres”, y en la Cadena de Noticias “SIN” con la sección “La Consulta “. Autora del Libro “Las Hijas de Nadie” y de más de 10 publicaciones médicas. He sido directora de la Dirección Materno Infantil y Adolescentes del Ministerio de Salud 2014-2016.

Ver más