Solo la vida proporciona vivir despierto, en ver todo con asombro, aunque sea aparentemente lo mismo. Lo anterior es a propósito de cómo la vida proporciona el camino (palabra sencilla) mientras se camina y se va llenando de luz, aunque haya sombra, siempre la luz está ahí, como se sienten las palabras sencillas al pronunciarlas, en la sangre, en la perspectiva inmediata de la hora, de una hora a otra, de un momento a otro, de un sentir a otro en el imaginario. Las palabras sencillas se quedan como ecos en la cabeza, en la imagen instantánea, repletas de felicidad descriptible e indescriptible a la vez, útiles para consigo mismas por el sentimiento que dejan al pronunciarlas, expresadas ante algo amado por su naturaleza, por formas de sentir el vivir, el pensar. Por las maneras de decirlas cada día para consigo mismo, para el otro, para la familia de constelaciones visibles e invisibles de los orígenes que provienen.

Las palabras sencillas crean deudas por el hecho de constituirse en sentimientos, por estar dentro, fuera del lugar sin irse. El hecho de conocerlas, escribirlas, pronunciarlas, pensarlas ya es algo maravilloso. Se oyen y se pronuncian por estar fuera del lugar común y a la vez lo están y eso las hace especiales. Y si esas palabras sencillas van dirigidas a las personas amadas, a las cosas amadas, adstratas o no hoy, no mañana, o viceversa; y si esas palabras se constituyen en una forma de vivir, mucho mejor todavía. No importa lo que dure, si las palabras que generan ese universo, sea persona o cosas, están ahí, se dice para sí o voz al cuello, ¡Maravillosa la vida, maravillosa!, pues siempre queremos que las cosas que nos maravillen sean por siempre eternas, pero para “siempre” es todos los días, no es otra cosa y a la vez ese sentir.

Todos los días es un comienzo de algo, que simbólicamente está atrapado en su propia telaraña de crear su propia existencia e inexistencia por las cosas que les dan un valor, bajo la interrogante de que no es que se puedan vivir eternamente con ellas, pues siempre están mediando entre los días y las fases lunares, con todas sus implicaciones imaginables.

Gracias a las palabras sencillas por dar tanto en tan pocas letras, como las palabras alegría, amor, compañía.

Amable Mejia

Abogado y escritor

Amable Mejía, 1959. Abogado y escritor. Oriundo de Mons. Nouel, Bonao. Autor de novelas, cuentos y poesía.

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