"Cuando veo a Abdul, está lleno de mierda", dijo el presidente Trump sobre Abdul El-Sayed, el ganador de las recientes primarias demócratas al Senado en Michigan. Sobre su postura hacia Israel agregó: "no ama a Israel, no ama al pueblo judío. Los odia, los odia con una pasión que le quema el corazón". Las fuertes críticas del presidente, del Partido Republicano, e incluso de sectores moderados del propio Partido Demócrata, han terminado por convertir a El-Sayed en estandarte del liderazgo progresista y quizás en el candidato al Senado más conocido en todo Estados Unidos.

Las encuestas señalaban que El-Sayed ganaría las primarias por 10% o más, y aunque al final su triunfo fue bastante más estrecho de lo previsto —con apenas 1% por encima de su principal competidora, la Representante Haley Stevens—, el triunfo de El-Sayed tiene el mérito extraordinario de haber sido capaz de competir frente a una campaña que invirtió 10 veces más dinero, cerca de 65 millones de dólares, con un altísimo porcentaje de esos recursos invertido en su contra, incluyendo el aporte de más de 30 millones del Comité para Asuntos Públicos Israel-Estados Unidos (AIPAC).

El-Sayed es musulmán, médico graduado de la Universidad de Columbia y tiene un doctorado en Salud Pública de Oxford, tiene 41 años, es hijo de inmigrantes egipcios, y representa posiciones que movilizan emociones a favor y en contra. Sus 3 principales banderas son establecer un sistema de atención médica universal (Medicare for all), eliminar el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y acabar con la ayuda militar de Estados Unidos a Israel. Como si estas posiciones no fueran lo suficientemente polémicas, aboga abiertamente por limitar el financiamiento privado a las campañas electorales.

La principal crítica que le hacen sus detractores es de ser antisemita. El-Sayed se defiende rápidamente intentando diferenciar al pueblo judío del gobierno actual de Israel, y además señala la necesidad de usar mejor el dinero pagado por los impuestos de los norteamericanos cuando, en su criterio, no es necesario dar ayuda militar a Israel. Sus posiciones parecen conectar con estudios como el del Pew Research Center de abril de 2026, que señala que aproximadamente 60% de los estadounidenses rechazan o tienen poca confianza en el liderazgo de Benjamín Netanyahu.

¿Por qué esta elección llama tanto la atención? En noviembre de 2026 hay elecciones al Senado en 35 estados, y en 10 de estos se prevén disputas muy cerradas que pueden alterar el dominio de la cámara alta del Congreso. Aunque hoy el Partido Republicano controla tanto el Senado como la Cámara de Representantes, la mayoría de los pronósticos da por descontado que los demócratas ganarán la cámara baja. En consecuencia, la principal atención está puesta en estos estados —incluyendo a Michigan— que pueden definir un Senado republicano o demócrata.

Las críticas a El-Sayed no vienen solo de Trump y los republicanos. Esta elección y su campaña representan un nuevo capítulo en una vieja discusión entre progresistas y moderados dentro del propio Partido Demócrata: el debate sobre la "electabilidad". Los moderados —que respaldaron a Stevens hasta último momento, incluida la gobernadora Gretchen Whitmer— argumentan que las posiciones "extremas" de El-Sayed lo harían invotable por grupos importantes de electores. Los progresistas responden que el electorado justamente está esperando posiciones valientes que demuestren preocupación real por las clases trabajadoras tan relevantes en Michigan, y apuntan a que la época de los candidatos de la maquinaria tradicional —respaldados por el dinero y el establishment— es parte del pasado.

Técnicamente el adversario republicano de El-Sayed será el exrepresentante Mike Rogers, pero todo indica que el verdadero contrincante será Trump, quien en varios discursos recientes ha insistido en que el mayor enemigo de América es el comunismo y ha calificado a El-Sayed como una amenaza que debe ser detenida. El presidente también aprovechó el resultado para denunciar (sin pruebas) un fraude en el conteo del condado de Wayne (Detroit) y anticipar que la elección de noviembre "vendrá amañada".

Competir contra Trump en una elección nacionalizada puede ayudar a El-Sayed en una contienda que claramente será un referendo a su gestión. La popularidad del presidente sufre el efecto de desgaste combinado de la prolongación de la guerra, la inflación y los efectos secundarios de su política arancelaria. El-Sayed tiene el desafío de acercarse al electorado que no lo votó en las primarias por algunas de sus posiciones. De forma inesperada, quizás sea el mismo Trump quien le acerque a esos electores.

Preparémonos para la elección más costosa de este ciclo electoral al Senado. Si en las primarias invirtieron 65 millones contra Abdul, imaginémonos cuánto costarán las elecciones generales. Lo único seguro de la campaña es que veremos muchos spots publicitarios diciéndonos "¡Alerta, viene el comunismo a Michigan!", pero si algo demostró esta primaria, es que ese grito ya no asusta tanto como antes.

Ricardo Amado Castillo

Consultor político

Profesor de la Maestría de Comunicación Política y Gobernanza Estratégica de The George Washington University (2012-2024). Profesor invitado de universidades en España, Argentina y México en campañas electorales y comunicación de gobierno. Consultor y asesor de estrategia y comunicación política con 20 años de experiencia, asesorando candidatos, partidos y gobiernos en Bolivia, Colombia, Ecuador, México, Panamá, Portugal, Puerto Rico, y República Dominicana. Dirige la firma AUTENTICIDAD, un equipo de + de 15 consultores especializados en Comunicación Política y Asuntos Públicos.

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