Los directivos de las principales compañías de inteligencia artificial (IA) están convencidos de que la inteligencia de máquinas pronto superará a la humana. Pero podríamos llegar a ese punto más rápido de lo que pensamos si seguimos degradando la inteligencia humana.

Cuando las compañías de IA admiten que están lanzando al mercado modelos poderosos que no comprenden del todo y que no pueden controlar, probablemente sea hora de prestar atención, especialmente cuando una serie de exempleados de Anthropic, OpenAI y Google DeepMind dicen que estas compañías no se toman la seguridad lo suficientemente en serio y que no se puede confiar en ellas.

Pero, en su inmensa vanidad, Donald Trump declaró que un "presidente fuerte e inteligente (¡con un coeficiente intelectual alto!)" es el único mecanismo de control que necesita la industria. EE. UU. les lleva ventaja a China y al resto del mundo en materia de IA, y Trump quiere que siga siendo así. "¡Quien gane en IA, gana!", publicó.

El ala aceleracionista de Silicon Valley, que ha estado presionando en contra de cualquier forma de regulación de la IA, está aplaudiendo al presidente. Pero los votantes estadounidenses parecen haber llegado a la conclusión de que Trump está del lado equivocado de la historia en este tema, ya que el 60 por ciento apoya ahora la regulación de la IA y solo el 7 por ciento está de acuerdo con Trump en priorizar la velocidad del desarrollo por encima de las normas de seguridad.

Un peligro para los aceleracionistas es que cualquier desastre provocado por la IA —que parece cada vez más probable si no se adoptan medidas de seguridad más sólidas— corre el riesgo de desencadenar una furiosa reacción pública y una respuesta regulatoria desmesurada, lo que frenaría el progreso futuro.

Los defensores de la seguridad de la IA señalan el ejemplo de la industria nuclear estadounidense tras el accidente de Three Mile Island en 1979. Como resultado de los temores del público, la entrada en servicio de nuevas centrales nucleares se detuvo en seco durante el resto del siglo.

Al ignorar las legítimas preocupaciones del público actual, los aceleracionistas de la IA están poniendo en peligro el futuro de la tecnología que tanto aman.

Los aceleracionistas sí plantean dos argumentos que vale la pena debatir.

En primer lugar, sostienen que las principales empresas de IA desean en secreto que haya regulación, ya que esto afianzará el poder de las compañías establecidas y reducirá la competencia. Eso podría ser un riesgo. Pero no permitiríamos que las compañías farmacéuticas lanzaran al mercado medicamentos no probados solo porque un proceso de aprobación estricto frena la competencia. Además, el desafío más feroz para las compañías de IA ya establecidas bien podría provenir de rivales que desarrollen modelos más robustos que puedan utilizarse de manera más confiable en ámbitos específicos. Por su diseño, tendrían pocos problemas para cumplir con las normas de seguridad.

En segundo lugar, los aceleracionistas sostienen que EE. UU. debe vencer a China en la carrera tecnológica de la IA. Pero la tecnología no es un juego de suma cero. ¿Y qué significa "ganar" realmente? Es probable que cualquier ventaja que obtenga EE. UU. resulte ser solo temporal. Y, como han sugerido los analistas tecnológicos, es probable que a Beijing le convenga que EE. UU. se adelante en la IA de vanguardia y se exponga al desastre. De esa manera, China podrá evitar esos errores y aplicar la tecnología de manera más amplia.

La falacia del excepcionalismo consiste en creer que la IA tiene algo tan mágico que solo un puñado de genios tecnológicos debería poder hacer trucos con ella. Los riesgos de la IA no son inherentes a la tecnología, sino a la forma en que las compañías entrenan, diseñan y lanzan sus modelos.

Las decisiones de diseño más amplias que tomemos sobre cómo construir, financiar e implementar la IA en los próximos 12 a 18 meses serán críticas para el futuro de la humanidad, sostiene Bill Gates. La IA podría aportar enormes beneficios económicos, de salud y educativos a las personas de todo el mundo. Con ese fin, la Fundación Gates invertirá US$1 mil millones en los próximos dos años para promover iniciativas en estas áreas.

Pero Gates me dice que la velocidad y la escala del desarrollo de la IA son "completamente diferentes" a cualquier otra cosa en la historia y plantean desafíos únicos. Las máquinas se están volviendo más inteligentes que los humanos en tantos ámbitos que se trata más bien de una transición evolutiva que tecnológica. Afirma que está dispuesto a jugarse "toda la credibilidad" que tenga en afirmar que "la gente no debe engañarse pensando que todo saldrá bien porque así ha sido con las tecnologías del pasado".

Necesitamos urgentemente aprovechar al máximo nuestra sabiduría humana colectiva para sacar el mayor provecho de la inteligencia de máquinas.

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