En las últimas semanas he venido publicando artículos relativos a los sistemas electorales y, de manera especial, sobre el que rige en nuestro país. El énfasis de los trabajos ha girado en torno a un análisis de las circunscripciones electorales y su impacto en la representatividad.
De la labor investigativa, he arribado a varias conclusiones que, para quienes no tuvieron la oportunidad de leer las entregas, haré un resumen de estas:
1. El sistema político electoral dominicano es representativo de partidos políticos. Para su comprensión resulta necesario definir los temas esenciales que han sido abordados en los artículos mencionados, tales como las circunscripciones electorales, su forma de ser establecidas; el modelo de representatividad; las listas de candidaturas; la fórmula de proporcionalidad elegida, los puestos de elección popular a ser seleccionados, entre otros.
2. Queda establecido, de forma inequívoca, que existe una relación directa entre las circunscripciones electorales y los mecanismos de selección de sus cargos de elección popular, con la mayor o menor fortaleza respecto a la representatividad. Es decir, de la más fuerte o más débil relación entre los votos obtenidos y escaños alcanzados, todo lo cual tiene una influencia enorme derivada del diseño del sistema electoral.
3. Es innegable la importancia de un conocimiento profundo del derecho electoral comparado como mecanismo de observar sus características e incorporar sus mejores prácticas al sistema electoral que se pretende diseñar o reformar. Eso adquiere mayor importancia con la autonomía progresiva que ha venido experimentando una rama del derecho que hasta hace relativamente poco era un apéndice del derecho público.
4. Los esfuerzos por abordar las temáticas esenciales del trabajo realizado y las lecturas que se hagan de las mismas deben partir siempre de la realidad de que no existe un modelo perfecto. De ahí que de lo que se trata es de acercarse lo más que se pueda a un sistema que proporcione los más elevados niveles de equidad, democracia y justicia, donde la mayoría de los intereses se sientan representados.
5. El principal desafío de un sistema de representación, máxime el de proporcionalidad, es descubrir el punto de equilibrio o el que más se aproxime a él, entre asegurar la gobernabilidad (con el adecuado otorgamiento de poder al Ejecutivo) y el de evitar tendencias autoritarias y despóticas del gobernante de turno (incluyendo los contrapesos correspondientes).
6. Queda claro que los procesos eleccionarios no constituyen los únicos métodos para elegir gobernantes. No obstante, se les reconoce a estos la mayor fortaleza democrática y potencialidad para generar legitimidad.
Compartir esta nota