La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), primera universidad del Nuevo Mundo y patrimonio académico de la República Dominicana, se encuentra en uno de los momentos más determinantes de su historia institucional. La proximidad de sus quinientos años de fundada no debe ser concebida únicamente como una celebración simbólica o protocolar, sino como una oportunidad histórica para replantear su misión, redefinir sus prioridades y proyectarla hacia una dimensión verdaderamente internacional.
En ese contexto, las elecciones rectorales del próximo mes de junio adquieren una relevancia trascendental. Más allá de la dinámica electoral propia de la academia, la comunidad universitaria parece debatirse entre la continuidad administrativa tradicional y la necesidad de una transformación estructural capaz de reposicionar a la UASD dentro de las universidades más importantes de América Latina.
Las encuestas y mediciones conocidas hasta el momento sitúan al Dr. Jorge Asjana David como el candidato con mayores posibilidades de alcanzar la rectoría para el período 2026-2030. Sin embargo, más allá de la ventaja electoral que pueda reflejar el escenario actual, resulta particularmente interesante examinar el contenido y alcance de su propuesta académica e institucional.
Durante una ponencia desarrollada esta semana, el Dr. Asjana expuso una visión que llamó poderosamente la atención por su tono directo, sincero y notablemente objetivo. Su planteamiento no descansó exclusivamente en promesas coyunturales ni en discursos emocionales de campaña, sino en una narrativa de transformación universitaria sustentada en metas concretas y estratégicas.
Uno de los elementos más relevantes de su propuesta radica en la necesidad de modernizar tecnológicamente la universidad, no como un simple proceso de digitalización administrativa, sino como parte de una reforma integral orientada a conectar la academia con las exigencias científicas, económicas y sociales de los nuevos tiempos. La universidad contemporánea no puede permanecer aislada de los avances tecnológicos, de la inteligencia artificial, de la investigación interdisciplinaria ni de los nuevos modelos de enseñanza global.
La UASD posee una grandeza histórica incuestionable, pero el prestigio histórico, por sí solo, ya no garantiza liderazgo académico en el escenario internacional. Hoy las universidades son medidas por indicadores de investigación científica, producción intelectual indexada, innovación tecnológica, internacionalización, impacto social y capacidad de generar soluciones reales para los problemas de sus sociedades.
Precisamente ahí parece concentrarse uno de los puntos neurálgicos de la propuesta presentada: la necesidad de impulsar una investigación pertinente, útil y vinculada a la realidad nacional, capaz de elevar los estándares académicos y mejorar el posicionamiento de la universidad en los rankings internacionales.
No se trata simplemente de aspirar a figurar en clasificaciones académicas por razones de prestigio institucional. Se trata de comprender que los rankings universitarios reflejan, en gran medida, la capacidad de una universidad para producir conocimiento, atraer cooperación internacional, generar innovación y formar profesionales competitivos en un mundo globalizado.
Otro aspecto particularmente valioso de la visión expuesta consiste en la revitalización de las carreras universitarias conforme a las nuevas realidades del mercado profesional y científico. Muchas universidades de América Latina han comprendido que la enseñanza superior no puede permanecer estática frente a los cambios tecnológicos, económicos y sociales. La actualización curricular, la incorporación de nuevas áreas de conocimiento y la adaptación a las demandas emergentes del mundo contemporáneo constituyen condiciones indispensables para mantener vigencia académica.
La UASD necesita avanzar hacia un modelo universitario que combine su histórica función social con estándares modernos de excelencia académica e investigación avanzada. Esa transformación requiere planificación, capacidad de ejecución y una visión institucional de largo plazo.
Resulta igualmente importante la idea de proyectar internacionalmente a la universidad mediante programas viables, ambiciosos y estratégicamente diseñados. La primera universidad del continente americano no puede limitarse a una influencia puramente local. Su dimensión histórica le impone la obligación de convertirse en un referente regional del pensamiento jurídico, científico, humanístico y tecnológico.
La celebración de los quinientos años de fundada debe encontrar a la UASD fortalecida institucionalmente, conectada con las grandes redes académicas internacionales, impulsando investigación de alto impacto y formando profesionales capaces de competir globalmente sin perder el compromiso social que históricamente la ha caracterizado.
Naturalmente, ningún proyecto de transformación universitaria puede construirse exclusivamente sobre discursos o aspiraciones. El verdadero reto consiste en convertir las propuestas en políticas ejecutables, sostenibles y medibles. La comunidad universitaria conoce perfectamente las dificultades estructurales, presupuestarias y administrativas que históricamente han limitado muchos procesos de modernización.
Sin embargo, también es cierto que las grandes instituciones solo avanzan cuando asumen la decisión histórica de transformarse. La UASD posee el talento humano, la legitimidad histórica y la capacidad académica necesarias para alcanzar niveles superiores de desarrollo institucional. Lo que parece discutirse actualmente es quién posee la visión más clara para conducir ese proceso.
Dentro de los grandes retos de la nueva gestión, el próximo rector estará obligado a seleccionar las autoridades universitarias en función de su capacidad, eficiencia y visión institucional, rompiendo con el viejo esquema de nombramientos sustentados en compromisos de campaña, cuotas de grupos e influencias de sectores cercanos. La transformación real de la UASD exige una cultura de meritocracia académica y administrativa, donde el interés institucional se coloque por encima de las lealtades coyunturales.
Apenas a un mes de unas elecciones decisivas, el debate universitario no debe concentrarse en las confrontaciones personales, sino en la discusión seria de modelos de universidad, prioridades académicas y proyectos de futuro.
La magnitud histórica de la UASD exige una reflexión profunda sobre el tipo de institución que la República Dominicana necesita para las próximas décadas.
Los quinientos años de la primada de América no pueden ser solo un eco del pasado; son el cimiento de una transformación irreversible.
Bajo la visión del Dr. Jorge Asjana David, este aniversario marca el nacimiento de una universidad moderna, audaz y conectada con el mundo, decidida a liderar el siglo XXI con la excelencia como única bandera.
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