El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha cerrado el primer año de su segundo mandato en la Casa Blanca con una gran asignatura pendiente en política internacional, la de acabar con la guerra de Ucrania, algo que prometió que haría "en 24 horas" insistentemente durante la campaña para las presidenciales de 2024.
Pese a que Trump no duda en presumir de sus dotes de pacificador, insistiendo en que ha acabado con "ocho guerras" desde que volvió a ocupar el Despacho Oval, lo cierto es que Ucrania se ha cronificado como cuestión por resolver.
A lo largo de los últimos doce meses, Trump ha pasado del optimismo inicial y repetir que cerrará la guerra en un solo día a aceptar la complejidad del conflicto y asumir que la solución no llegará en el corto plazo.
"No es una situación fácil, debo decirles. Qué desastre", explicitó el pasado diciembre.
El cambio de opinión de Trump sobre esta guerra, que insiste haber heredado de sus predecesores Joe Biden y Barack Obama, ha evolucionado en paralelo a su relación con sus homólogos ruso y ucraniano.
Si con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, la familiaridad inicial ha dado paso a una abierta y evidente desconfianza pública ("estoy muy decepcionado», aseguró Trump este mismo enero), la relación con Volodímir Zelenski ha parecido seguir un camino inverso.
TENSIÓN EN EL OVAL CON ZELENSKI
Uno de los momentos más críticos de la relación Trump-Zelenski fue el encuentro en el Despacho Oval de febrero, marcado por la tensión entre ambos a ojos de todo el mundo.
El estadounidense acusó al ucraniano de ser un "desagradecido" en relación a la ayuda prestada a Kiev y de estar "jugando con las vidas de millones de personas".
"Te estás jugando la Tercera Guerra Mundial", le espetó.
Después de aquello, la relación comenzó a cambiar de tono y en el Vaticano ambos mandatarios conversaron a solas antes del funeral del papa Francisco.
La Casa Blanca calificó la charla, de unos quince minutos, como "muy productiva".
Sin embargo, ni aquella foto ni la intensificación de los contactos diplomáticos para poner fin a la guerra tuvieron eco sobre el terreno, ya que los ataques rusos se recrudecieron.
Pese a que el mandatario ruso anunció un breve alto el fuego en mayo para celebrar el triunfo sobre Alemania en la II Guerra Mundial, los intentos de alcanzar un acuerdo, que incluyeron una reunión en Turquía con delegaciones rusas, ucranianas y estadounidenses, resultaron infructuosas.
Cumbre con Putin en Alaska
Las expectativas de Trump de cerrar el conflicto se fueron diluyendo en los siguientes meses hasta que se anunció un encuentro con Putin en Alaska el 15 de agosto y el tono esperanzado volvió a resonar en el Despacho Oval.
Fue el séptimo cara a cara entre los dos mandatarios y el primero de la nueva presidencia de Trump.
La base aérea estadounidense en Anchorage fue el escenario del encuentro que, con mucha pompa y tras tres horas de conversación entre Trump y Putin, concluyó sin entendimiento.
El mandatario de EE.UU. aseguró que se hicieron grandes avances, pero concluyó con un redundante "no hay acuerdo hasta que haya un acuerdo".
Trump no logró que el ruso accediera a negociar la paz ni desistiera de todas sus aspiraciones en Ucrania y por primera vez afirmó estar "muy decepcionado" con Putin.
Sin concesiones territoriales a Rusia
En noviembre, una propuesta de paz de Moscú, esbozada junto al enviado especial de Trump Steve Witkoff, despertó la preocupación de muchos de los aliados europeos, que la consideraron muy beneficiosa para Rusa, aunque ésta se fue matizando después hasta llegar a un plan de 20 puntos al que Zelenski dio su visto bueno "en un 90 %”.
El principal escollo sigue siendo el rechazo de Kiev, con el respaldo de Europa, a la entrega a Rusia de los territorios ocupados por la fuerza, en especial la región oriental de Donetsk, lo que supondría ceder ante Moscú y crear un peligroso precedente en el continente.
En diciembre de 2025 se produjo la última reunión hasta la fecha entre Trump y Zelenski, que tienen previsto volver a encontrarse esta próxima semana en Davos.
Ni las tres horas de encuentro entre ambos en Florida ni una llamada previa del estadounidense a Putin supusieron ningún avance y confirmaron que la situación está en punto muerto y con las posturas enquistadas.
A estas alturas no queda duda de que Trump asume que el conflicto en Ucrania es un proceso que llevará "tiempo resolver", como él mismo ha dicho. Nada que ver con aquel augurio, pre-Casa Blanca, del fin de la guerra en 24 horas.
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