Este pasado fin de semana, una columna de humo se extendió sobre San Petersburgo después de que drones ucranianos atacaron la terminal petrolífera de la ciudad. En Moscú, se formaron largas filas en las gasolineras que aún permanecían abiertas.
La creciente frecuencia y precisión de los ataques con drones de largo alcance por parte de Ucrania han provocado la mayor crisis de combustible que ha vivido Rusia en décadas; también ha generado una sensación cada vez mayor de que el rumbo de la guerra ha cambiado. Mark Carney, el primer ministro de Canadá, dijo el mes pasado: "Nosotros, los alemanes, el Reino Unido y los franceses, todos opinamos que la marea ha cambiado. Putin va a perder".
Pero pocos creen que el líder ruso simplemente aceptará la derrota, por lo que los legisladores occidentales se preparan para un verano de escalada. "La pregunta que todos nos hacemos", comenta uno de ellos, "es: ¿qué va a hacer Putin?".
En términos generales, existen dos corrientes de pensamiento entre los estrategas occidentales. La primera sostiene que estamos entrando en un período muy peligroso y que un Vladimir Putin acorralado probablemente reaccionará con violencia en un intento por cambiar el rumbo de la guerra. Una segunda corriente argumenta que las opciones viables de escalada de Putin son, en realidad, bastante limitadas. Por lo tanto, el mayor peligro podría ser que los legisladores occidentales se asusten tanto ante la amenaza de una escalada rusa que presionen a Ucrania para que retroceda.
Existen cuatro vías principales de escalada. La primera son las acciones convencionales en el campo de batalla contra Ucrania. La segunda son las armas nucleares. La tercera es un ataque directo contra la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La cuarta es una "guerra híbrida" involucrando operaciones encubiertas por parte de Rusia para atacar infraestructura o individuos occidentales.
Se prevé que, durante el verano, Rusia enviará más tropas como carne de cañón al frente de batalla. Putin recientemente afirmó que sus ejércitos habían tomado la ciudad de Kostyantynivka, un objetivo clave para el Kremlin en la región oriental de Donetsk. Sin embargo, Volodímir Zelenski desmintió y se burló de esas afirmaciones. Los funcionarios occidentales estiman que Rusia está perdiendo tropas más rápido de lo que puede reemplazarlas, a un ritmo de 35.000 muertos o heridos al mes. Se especula que Putin podría decretar una movilización general mediante el servicio militar obligatorio, pero eso correría el riesgo de provocar una negativa reacción pública.
Tras más de cuatro años de costosos combates, hay pocos indicios de que Rusia esté a punto de lograr un avance decisivo. El deseo de venganza y escalada de Putin podría, en cambio, manifestarse en ataques más indiscriminados, como los ataques con misiles y drones que mataron a 30 civiles en Kiev la semana pasada. Sin embargo, es poco probable que esas tácticas, aunque brutales, cambien el curso de la guerra.
A lo largo del conflicto, Putin y su círculo más cercano han lanzado fuertes insinuaciones sobre el uso de armas nucleares tácticas por parte de Rusia. Sin embargo, esas amenazas ahora se toman menos en serio que al inicio de la guerra. Los responsables de la toma de decisiones en Occidente creen que el líder de China, Xi Jinping, ha advertido a Putin contra el uso de armas nucleares. Y ellos consideran que el Kremlin comprende el riesgo de que Occidente podría intervenir directamente en la guerra si Rusia recurriera a la opción nuclear. La mera frecuencia de las amenazas nucleares por parte de Putin y su círculo ha disminuido su poder intimidatorio. Tal como lo expresa un funcionario occidental: "Él ha devaluado esa moneda".
Algunos líderes occidentales se preparan, en cambio, para una provocación rusa dirigida contra los países bálticos o Polonia. Funcionarios de seguridad en Letonia han dicho que Rusia está "preparando provocaciones militares", las cuales podrían estar dirigidas contra ellos.
Un ataque ruso directo parece improbable. Pero a los estrategas occidentales desde hace tiempo les preocupa algún tipo de intervención rusa que pudiera disfrazarse como represalia por una agresión de la OTAN, o como una medida para proteger a los rusoparlantes en los países bálticos. La idea podría ser provocar una crisis militar y diplomática que divida a la alianza occidental, llevando a EE. UU. a presionar más a Ucrania para que realice concesiones territoriales.
Pero ¿Putin realmente se arriesgaría? Durante los últimos cuatro años, él siempre ha evitado la confrontación directa con la OTAN, a pesar de los temores de que Rusia pudiera atacar las líneas de suministro y las bases situadas en territorio de la OTAN que canalizan armas hacia Ucrania. Una escalada en los países bálticos también podría requerir el traslado de tropas rusas desde el frente ucraniano. Putin también tendría que considerar la posibilidad de que abrir un segundo frente directamente en territorio de la OTAN pudiera salir tremendamente mal, exponiendo a Rusia a una posible humillación.
Eso deja una guerra híbrida. Ya ha habido suficientes ejemplos de esto en los últimos cuatro años. Algunos de los episodios más conocidos incluyen un complot para colocar bombas dentro de paquetes de DHL y un intento de asesinar al director de Rheinmetall, un importante fabricante alemán de armas. Rusia sigue investigando ostentosamente la infraestructura clave de Occidente, como los cables submarinos y las tuberías de energía.
Pero la escalada híbrida, dirigida contra la infraestructura civil, también conlleva riesgos. No hay duda de que Occidente podría tomar represalias. Los funcionarios de seguridad señalan que Rusia, EE. UU. y sus aliados, así como China, podrían haber colocado el equivalente cibernético de bombas sin detonar dentro de sus respectivas infraestructuras críticas.
Putin definitivamente tiene opciones para intensificar el conflicto; su problema es que todas son malas. No obstante, hay pocos indicios de que el líder ruso esté dispuesto a aceptar una derrota. Por eso, Ucrania y sus aliados occidentales se preparan para un peligroso verano. Si logran superarlo —mientras aumentan constantemente la presión sobre Rusia—, ellos esperan que Putin y su círculo de asesores se vean obligados a aceptar la realidad y a abandonar sus objetivos maximalistas para finales de año. Puede que, por fin, se vislumbre el final de la guerra contra Ucrania.
Gideon Rachman. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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