Los enfermeros, enfermeras y médicos que se encuentran en la primera línea de lo que podría convertirse en la peor epidemia de ébola de la historia tienen que lidiar con algo más que un virus mortal. Sin vacunación, sin reconocimiento y a menudo sin recibir pago, muchos trabajadores de la salud en el este de la República Democrática del Congo (RDC) han sido blanco de ataques.
Muchas personas desconfían de los motivos de estos profesionales — algunos de los cuales han sido enviados para hacerle frente a la epidemia — y consideran que el ébola es un negocio lucrativo para los forasteros de la lejana capital, Kinshasa, y del extranjero. Los hashtags "negocio del ébola" y "conspiración del ébola" circulan ampliamente en las redes sociales.
Tan sólo el mes pasado, los trabajadores de la salud que operan en el este de la RDC, devastado por la guerra, fueron atacados durante tres días consecutivos en tres incidentes distintos. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés) reportó que 45 miembros del personal de primera línea resultaron heridos en 76 incidentes de seguridad dirigidos contra el personal de respuesta al ébola y otros trabajadores humanitarios en las provincias congoleñas de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur.
En uno de los incidentes recientes ocurrido en una ciudad fronteriza de Ituri, el epicentro de la epidemia, una multitud atacó a un equipo de la vecina Sociedad de la Cruz Roja de Uganda, hiriendo gravemente a un voluntario y dañando dos ambulancias después de apedrearlas.
"Las personas en la primera línea están pagando el precio", dijo el Dr. Balla Conde, de la Federación Internacional. "La seguridad de los voluntarios es nuestra prioridad principal".
Varios trabajadores de la salud han relatado haber sido empujados o golpeados por familiares enojados. Varias clínicas han sido incendiadas tras negarse a entregar los cuerpos de los pacientes fallecidos.
Cuando muere un paciente con ébola, las autoridades hospitalarias intentan efectuar un entierro seguro, lo que a menudo genera rechazo entre las comunidades que desean realizar ritos funerarios tradicionales en los que los familiares lavan y besan los cuerpos, dijo Conde. Éstos son eventos de superpropagación porque los cadáveres de los pacientes con ébola siguen siendo altamente contagiosos.
Sin una vacuna o tratamiento efectivo contra la cepa Bundibugyo, menos común y causante de esta epidemia, al menos 43 trabajadores de la salud han fallecido de ébola y 160 se han infectado, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
A menos de cuatro meses de su declaración oficial, la epidemia ya ha causado la muerte de 3,009 personas de un total de 6,207 casos confirmados, según el Ministerio de Salud de la RDC. Esto la convierte en la epidemia de más rápida propagación, así como en la más letal, en el país desde que se identificó el ébola por primera vez en 1976.
La epidemia actual también se ha propagado más rápidamente que el brote en África occidental de 2014-2016, el peor de la historia, que acabó cobrando la vida de 11,310 personas en casi tres años. Esta epidemia ya ha llegado a seis de las 26 provincias de la RDC, abarcando un área del tamaño de Francia y lo que genera temores de que pueda terminar siendo aún más devastadora que el brote de África occidental.
Según los expertos, la combinación de la desconfianza de la comunidad y la dificultad para rastrear los contactos en el este del Congo, donde muchas personas desplazadas han huido de la violencia endémica y donde los recortes en la ayuda han debilitado el ya precario sistema de salud, significa que el número real de infectados podría ser varias veces mayor que las cifras oficiales.
"Una gran proporción de los casos que se detectan ya han fallecido; son las llamadas 'muertes en la comunidad'", dijo Neil Ferguson, profesor de epidemiología en el Imperial College de Londres, quien estimó que el número de infecciones es tres veces superior a la cifra oficial.
Rasmus Bech Hansen, director ejecutivo de la compañía de análisis Airfinity, con sede en Londres, que está monitoreando de cerca el brote de ébola, dijo que sus modelos sugieren que las tasas de infección podrían ser 4.7 veces mayores que las reportadas oficialmente.
"No sabemos exactamente a qué enfermedad nos enfrentamos", dijo Hansen, y añadió que, a menos que los epidemiólogos cuenten con datos precisos, no podrán responder preguntas sencillas como cuán letal es el virus, cuándo es más contagioso y cuáles son las mejores formas de tratarlo.
"Es urgente verificar las cifras", dijo Hansen. "Necesitamos un mejor rastreo de contactos y más pruebas para saber a qué enfermedad nos enfrentamos".
Pierre Boulet-Desbareau, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras en Bunia, dijo que el personal trabajaba en condiciones muy difíciles, tanto por la oposición de la comunidad como por la naturaleza de la enfermedad.
"En algunas ocasiones, nuestros equipos sufren agresiones o ataques". "Hace tres días, una unidad de aislamiento fue apedreada después de que falleciera un paciente y tuvimos que esperar a que las autoridades calmaran la situación", dijo, y añadió que un conductor resultó herido en el tumulto.
Los trabajadores de la salud también esperaban ansiosos una vacuna, señaló. Aunque la vacuna existente se desarrolló contra la cepa más común de Ébola de Zaire, y no tiene eficacia comprobada contra la cepa de Bundibugyo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aprobado su uso para los trabajadores de primera línea. El mes pasado, la RDC recibió 70,000 dosis de la vacuna Ervebo, fabricada por Merck de EEUU, de las cuales se espera que 50,000 se destinen a los trabajadores de la salud.
Boulet-Desbareau señaló que las vacunas, incluyendo una específica contra la cepa de Bundibugyo que está desarrollando la Universidad de Oxford, se necesitan urgentemente. Oxford inició un ensayo de seguridad de la vacuna en julio, pero pasarán varios meses, como mínimo, antes de que una vacuna esté lista para su uso generalizado.
"Los niveles de exposición son altos incluso con equipo de protección y protocolos adecuados", dijo Boulet-Desbareau. "Cada semana tengo dos o tres personas infectadas y un colega falleció recientemente".
Ferguson, del Imperial College, señaló que también era importante determinar si los tratamientos experimentales podrían reducir las tasas de mortalidad. Ya se estaban probando tratamientos antivirales, incluyendo medicamentos convencionales y anticuerpos — proteínas que atacan un objetivo específico del virus — dijo.
"Es un ensayo más fácil de llevar a cabo que uno de vacunas, así que deberíamos obtener resultados bastante rápido", dijo. Si los medicamentos antivirales resultaran eficaces, podrían "incentivar a las personas a buscar tratamiento".
Mientras tanto, dijo Sandrine Lusamba, coordinadora nacional de Sofepadi, una coalición de organizaciones de mujeres, gran parte del personal médico de los hospitales públicos seguía sin recibir salario. En Beni, en la provincia de Kivu del Norte, ella fue testigo de cómo el personal médico se negaba a atender a los pacientes y se paraba en la calle en huelga para reclamar salarios atrasados. "La gente dice: '¿Cómo me va a tratar alguien que no cobra? Incluso si voy, simplemente moriré allí porque no están trabajando'".
David Pilling y Clive Cookson. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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