El presidente ruso, Vladímir Putin, calificó el asesinato del ayatolá Alí Jamenei en el primer día de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán como un "asesinato cínico" que violaba "todas las normas de la moral humana y del derecho internacional".

Dado el historial del presidente ruso, su declaración apesta a un doble rasero cínico. Sin embargo, desde entonces, más allá de haber proporcionado supuestamente inteligencia para asistir la represalia iraní contra objetivos estadounidenses y aliados, Putin ha guardado un notable silencio sobre los ataques a un país con el que firmó una asociación estratégica el año pasado. El líder ruso sigue, presumiblemente, la máxima de Napoleón: nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.

Por ahora, el conflicto con Irán es un regalo involuntario de Estados Unidos al Kremlin. Los precios más altos de la energía a escala global y la mayor demanda de petróleo ruso están generando ganancias extraordinarias considerables. El Financial Times ha calculado que Moscú está obteniendo hasta 150 millones de dólares diarios en ingresos presupuestarios adicionales por impuestos sobre las ventas de petróleo, y podría recaudar entre 3300 y 4900 millones de dólares para finales de marzo. Rusia aún no ha recuperado lo que perdió por los bajos precios del crudo y la falta de ventas a la India —en su mayoría debido a la presión estadounidense— durante los dos primeros meses del año. Pero su ganancia proyectada para marzo equivale aproximadamente a un tercio de su gasto mensual en la guerra contra Ucrania.

El alza de los precios también ha llevado a Estados Unidos a relajar temporalmente algunas sanciones petroleras, al permitir que ciertos países compren crudo ruso varado en el mar. Esta lamentable decisión no solo proporciona fondos adicionales a Moscú, sino que resquebraja la solidaridad occidental. Alimenta la narrativa de Putin de que Occidente, y en especial Estados Unidos, no está dispuesto a asumir un dolor real para apoyar a Kiev.

La guerra contra Irán está absorbiendo al mismo tiempo suministros de armamento, sobre todo sistemas de defensa antiaérea, que Ucrania necesita con urgencia. Cada misil Patriot enviado para proteger objetivos estadounidenses y socios del Golfo de los contraataques iraníes es uno que no llegará a Kiev. Los socios europeos temen que Ucrania pueda enfrentar una grave escasez en los próximos meses.

La dinámica no es puramente unidireccional: cuanto más se prolonguen los ataques contra Irán y más se erosionen su industria y su estructura estatal, más podría virar hacia lo negativo el impacto neto para Rusia. Irán ha sido un proveedor vital de drones Shahed para la guerra de Moscú contra Ucrania, aunque Rusia ya cuenta con producción propia. La república islámica también forma parte de un corredor de transporte norte-sur para las exportaciones e importaciones rusas que ayuda a Moscú a eludir las sanciones occidentales.

Lo que resulta vital ahora, sin embargo, es que los aliados no estadounidenses de Ucrania mantengan la calma y rechacen el llamado del primer ministro belga, Bart De Wever, para que la Unión Europea "normalice las relaciones con Rusia" a cambio de energía barata.

Los socios europeos necesitan incrementar drásticamente la producción de sistemas de defensa antiaérea y misiles interceptores no estadounidenses. También deberían apoyar los esfuerzos de Ucrania por exportar su propia tecnología avanzada contra drones a países como los del Golfo, a cambio de financiar más líneas de producción militar para Kiev.

En materia energética, los socios europeos deberían presionar a Estados Unidos para que limite sus exenciones a las sanciones petroleras contra Rusia a los 30 días anunciados y no permita que se conviertan en permanentes. Pueden limitar las ganancias extraordinarias del Kremlin en el sector energético mediante una mejor aplicación de sus propias sanciones, incluida la intensificación de las interdicciones contra los buques petroleros de la "flota en la sombra" rusa.

Con la mayor urgencia, la Unión Europea necesita aprobar su vigésimo paquete de sanciones, que amplía las medidas contra la energía rusa, y un nuevo préstamo de 90 000 millones de euros a Kiev. Hungría y Eslovaquia han bloqueado estas iniciativas en una disputa por el suministro suspendido de petróleo ruso a través de Ucrania, pero Bruselas actuó esta semana para intentar resolver el conflicto.

Entre las muchas repercusiones negativas del mal concebido conflicto de Donald Trump con Irán, no se debe permitir que le dé a Putin ventaja en su propia guerra ilegítima contra su vecino.

(Consejo Editorial del Financial Times. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. Todos los derechos reservados. Por favor, no copie ni pegue artículos del FT ni los redistribuya por correo electrónico o publicación en la web).

Financial Times

El Financial Times (FT) es reconocido globalmente como una de las organizaciones de noticias más importantes, destacada por su autoridad e integridad editorial. Fundado en 1888, ha evolucionado de ser un diario enfocado en Londres a convertirse en una corporación mediática global. El 93% de sus lectores son digitales.

Ver más