A pesar de toda la preocupación acerca de cómo EE. UU. se ha convertido en una gran apuesta por la inteligencia artificial (IA), una historia similar, pero tal vez más alarmante, se está desarrollando silenciosamente en la otra superpotencia económica. La tan alardeada destreza de China en materia de IA está ocultando un profundo deterioro en otros sectores de su economía.

Aunque muchos analistas siguen pronosticando que China superará a EE. UU. como la principal economía del mundo, su crecimiento alcanzó su punto máximo en 2021. Desde entonces, la participación de China en el producto interno bruto (PIB) mundial ha caído, en términos nominales, del 18 al 16.5 por ciento, mientras que la de EE. UU. ha aumentado al 26 por ciento.

La tasa de crecimiento de China ha caído por debajo de la del resto del mundo, incluido EE. UU. En términos reales, las estimaciones independientes actualmente sitúan el crecimiento de China más cerca de cero que del objetivo oficial de entre el 4.5 y el 5 por ciento.

Incluso según las cifras oficiales, la IA no está generando un impulso lo suficientemente grande como para contrarrestar otras fuerzas que pesan sobre China, entre ellas una fuerza laboral en contracción, el aumento del endeudamiento, un mercado inmobiliario colapsado, el resurgimiento de un Estado regulador intrusivo y el consiguiente éxodo de capital y personas.

La población de China también alcanzó su punto máximo en 2021. El año pasado, los nacimientos alcanzaron un mínimo histórico, mientras que las muertes registraron un máximo histórico. La población en edad de trabajar va camino de reducirse en 75 millones cada década de este siglo. Históricamente, contar con menos trabajadores siempre ha significado un crecimiento más lento; los países con poblaciones en declive rara vez mantienen un crecimiento superior al 2 por ciento. Y, en el caso de China, dada la magnitud de su contracción demográfica, es poco probable que la IA sustituya a los trabajadores humanos lo suficientemente rápido como para mitigar el impacto económico.

Sin el impulso de la IA, China estaría en una situación mucho peor. Tras haber aportado muy poco en la década de 2010, las exportaciones netas ahora representan alrededor de un tercio del crecimiento del país, principalmente impulsadas por productos relacionados con la IA. Pero se trata de una contribución muy significativa para una economía nacional que, de otro modo, sería débil. Los hiperescaladores chinos están invirtiendo solo US$100 mil millones en IA este año, en comparación con los US$750 mil millones de sus rivales estadounidenses, lo que genera un impacto mucho menor en el crecimiento. Y, aunque todos los países ahora esperan un milagro de productividad impulsado por la IA, el aumento previsto en China es de aproximadamente un tercio de punto porcentual para 2030, lo cual no es suficiente para detener su declive.

Los retos estructurales son abrumadores. En los últimos cinco años, el déficit ampliado de China (el cual incluye el gasto extrapresupuestario) ha alcanzado casi el 15 por ciento del PIB, una cifra superior a la de cualquier otro país importante, elevando la deuda pública ampliada al 135 por ciento del PIB. A diferencia de EE. UU. y de la mayoría de los demás países, China también presenta un rápido aumento de la deuda en el sector privado. La deuda total asciende a casi el 350 por ciento del PIB, una proporción mayor que la de EE. UU., a pesar de que el ingreso per cápita de China es mucho más bajo.

El problema de la deuda es, en parte, una secuela de la gran burbuja inmobiliaria. Beijing respondió a la crisis mundial de 2008 inyectando crédito en el sector inmobiliario, lo cual fue el principal motor del crecimiento durante la última década. Luego, la burbuja estalló, también en 2021. Los precios de los inmuebles se desplomaron y ahora se encuentran en su nivel más bajo de los últimos 20 años, en términos ajustados a la inflación. En complejos residenciales nuevos, pero medio vacíos —entre ellos una imitación de Venecia en el noreste del país—, se pueden alquilar departamentos por US$120 al mes. A medida que se encoge la riqueza inmobiliaria, se reduce la confianza de los consumidores; las ventas minoristas ya están cayendo.

El mercado bursátil refleja esta economía distorsionada y lleva años estancado. Las ganancias son sólidas para las firmas que suministran las infraestructuras y tecnologías que soportan la IA y débiles para las compañías que se orientan al consumidor. Mientras tanto, el Gobierno ha dejado de lado el sector inmobiliario para inyectar crédito en nuevas industrias manufactureras, sustituyendo, en la práctica, una burbuja de deuda por otra.

A finales de 2020, China lanzó una contundente campaña de enérgicas medidas regulatorias contra sus grandes empresas tecnológicas. Ahora, tras una «tregua» de un par de años, un índice que mide la presión regulatoria está volviendo a dispararse. Al renunciar a la perspectiva de generar ganancias en China, las multinacionales están reduciendo sus operaciones. La inversión extranjera directa (IED) neta es negativa. El año pasado, se registró una salida récord de capital de los mercados financieros chinos equivalente a US$425 mil millones.

La gente también se está yendo. La proporción de inmigrantes en la población se mantiene estancada en apenas el 0.1 por ciento, una fracción de la proporción que se observa en India (país con una población de tamaño similar). El número de expatriados occidentales que viven en China ha disminuido notablemente. Es inusual, desde el punto de vista histórico, que una gran potencia tenga tan poco atractivo para los extranjeros y para el capital extranjero.

El creciente entusiasmo en torno a la IA china no cambia el hecho de que 2021 marcó el apogeo de China. Dados sus retos demográficos y su elevada deuda, Beijing no puede hacer mucho para impulsar el crecimiento interno. En su lugar, ha optado por el dumping (la exportación de productos por debajo del costo de producción) de productos manufacturados, pero la resultante reacción negativa se está extendiendo rápidamente. Y la IA no es la solución para todo; sus impresionantes capacidades pueden ser la respuesta a muchos problemas, pero no pueden revertir las fuerzas que están impulsando el declive de China.

Ruchir Sharma. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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