Las empresas tecnológicas que desarrollan productos cotidianos — desde globos hasta sartenes antiadherentes — con propiedades hasta ahora desconocidas podrían transformar el mundo en el que vivimos
Los globos de fiesta pueden ser muy divertidos para los niños, pero son una mala noticia para las gaviotas. La ingestión de fragmentos de globos desechados mata a las aves al obstruir sus intestinos. Un estudio sobre aves marinas muertas reveló que "los globos eran los residuos marinos con mayor probabilidad de causar mortalidad".
Sin embargo, al menos existe una solución parcial. Investigadores del Imperial College de Londres han desarrollado un tipo de látex menos nocivo y más biodegradable. El equipo, que fundó la empresa emergente Bioloon para licenciar la tecnología, estima que su mercado potencial es de aproximadamente US$40 mil millones, incluyendo guantes médicos, prendas de vestir y preservativos.
Es probable que las aves marinas valoren especialmente este invento. Pero este tipo de comercialización de conocimientos especializados también ejemplifica una tendencia positiva mucho más amplia: probablemente nunca haya habido un momento mejor para resolver los desafíos materiales del mundo. El ingenio humano, la tecnología inteligente, la flexibilidad de las instituciones académicas y la disponibilidad de capital riesgo están ampliando la gama de problemas que pueden resolverse.
El equipo de Bioloon se basó en el ingenio humano para mejorar un producto existente. No obstante, la adopción cada vez más generalizada de la inteligencia artificial (IA) podría abrir nuevas vías para desarrollar materiales totalmente nuevos. Por ejemplo, la empresa emergente CuspAI, que quiere crear un "motor de búsqueda" para la ciencia de materiales, está colaborando con la compañía química finlandesa Kemira para abordar el problema de los llamados "químicos eternos" (PFAS, por sus siglas en inglés), utilizados en sartenes antiadherentes y envases de alimentos. Mediante el uso de IA, la empresa ha explorado 300 billones de posibles estructuras de materiales y ha seleccionado 20 candidatos prioritarios que ya se están sometiendo a pruebas.
Si las empresas realmente pueden desarrollar nuevos materiales con propiedades útiles y desconocidas hasta la fecha, esto podría acelerar la creación de semiconductores más eficientes, sistemas de almacenamiento de carbono y reactores de fusión nuclear. "Esto podría cambiar el mundo por completo", afirmó Max Welling, cofundador de CuspAI, en una entrevista reciente con el Financial Times (FT).
Sin embargo, Silicon Valley — que tiende a monopolizar el discurso sobre la innovación — ha priorizado históricamente otros intereses, centrándose más en los bits que en los átomos. Como dice el viejo chiste, Silicon Valley está optimizado para resolver los problemas cotidianos de hombres veinteañeros aficionados a la tecnología, ya que son ellos quienes dirigen el lugar. Uber, Airbnb, WhatsApp y DoorDash son el resultado. No es de extrañar, por tanto, que la programación sea una obsesión para los laboratorios de investigación de IA.
Además, los inversores de capital riesgo parecen estar restringiendo drásticamente su campo de interés, realizando apuestas mucho mayores por un puñado de megaempresas "startup" de IA. En el primer semestre de este año, Anthropic y OpenAI acapararon el 53 por ciento de US$407 mil millones de capital riesgo invertidos en empresas emergentes de IA a nivel mundial, según PitchBook. Se trata de un nivel de concentración sin precedentes.
El veterano emprendedor e inversor Tim O’Reilly ha llegado incluso a describir a Silicon Valley como "anticapitalista". Los inversores de capital riesgo inyectan tanto capital en las empresas elegidas que, en la práctica, deciden quiénes ganan y eliminan a la competencia, frenando así el surgimiento de alternativas.
Hasta la fecha, estos grandes laboratorios de IA se han centrado principalmente en crear modelos de IA generativa más potentes, mejorar el software y automatizar procesos. Sin embargo, algunos líderes del sector — que hablan con grandilocuencia de crear un mundo de abundancia radical y de curar todas las enfermedades — reconocen que ahora deben generar beneficios tangibles de la IA si quieren ganarse a un público cada vez más hostil.
Con este fin, Anthropic está invirtiendo fuertemente en Claude Science, y Google DeepMind ha creado una empresa derivada, Isomorphic Labs, para centrarse en el descubrimiento de fármacos. "Todavía no hemos cumplido nuestras grandes promesas de beneficiar al mundo", publicó en X Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic.
En este sentido, es posible que China esté ganando ventaja sobre EEUU al centrarse más en las aplicaciones físicas de la IA. Mientras que la industria estadounidense de IA sigue pareciéndose a una apuesta masiva por lograr la superinteligencia de las máquinas, las empresas chinas han estado aplicando esta tecnología en una amplia gama de sectores, especialmente en la industria manufacturera, la energía y el transporte. Alrededor del 61 por ciento de las empresas estadounidenses desarrolladoras de IA se han centrado exclusivamente en el software, según un estudio reciente del centro de estudios Rand; en el caso de las compañías chinas, esa cifra es sólo del 26 por ciento.
Todos seguimos viviendo en un mundo material. Ahora tenemos la oportunidad de reinventarlo y mejorarlo radicalmente. La IA necesita demostrar sus capacidades físicas.
John Thornhill. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
Compartir esta nota