Entre colchones, lonas y filas de carpas improvisadas, una pelota rueda sobre la tierra del estadio César Nieves. A pocos metros, una niña sostiene una muñeca mientras otros niños recorren el refugio en pequeñas bicicletas o dibujan sobre cuadernos rescatados de sus hogares. El estadio, convertido en campamento para cientos de familias desplazadas por los terremotos del 24 de junio, también se ha transformado en el lugar donde la infancia intenta reconstruir una rutina que el desastre interrumpió de forma abrupta.
Pelotas, muñecas, juguetes y cuadernos ocupan hoy el espacio donde antes se realizaban actividades deportivas. Son pequeños refugios dentro de otro refugio. Para muchos niños representan la única conexión que conservan con la vida que tenían antes de que los sismos destruyeran sus viviendas.
La dimensión de esa realidad preocupa a los organismos humanitarios. De acuerdo con Unicef, alrededor de 3.9 millones de niños, niñas y adolescentes viven en las zonas afectadas por los terremotos de magnitudes 7.5 y 7.2. Muchos quedaron expuestos a situaciones de riesgo tras la destrucción de comunidades enteras; otros fueron separados de sus familiares, sobrevivieron al colapso de sus viviendas o permanecen en albergues temporales mientras avanzan las labores de recuperación.
Aun en medio de la incertidumbre, los menores intentan aferrarse a la normalidad. Algunos juegan fútbol entre las carpas; otros corren por los pasillos del estadio bajo la mirada de sus padres o comparten juguetes con otros niños que, como ellos, lo perdieron casi todo.
La emergencia continúa dejando cifras devastadoras. El balance oficial más reciente reporta 2,954 fallecidos y 16,592 heridos, además de 16,309 personas que perdieron sus viviendas, situación que obligó a habilitar 80 campamentos temporales en distintas regiones del país. Las autoridades también informaron que 856 edificios resultaron afectados y 190 colapsaron por completo.
Mientras continúan las labores de recuperación, con miles de voluntarios y equipos de rescate desplegados en las zonas afectadas, uno de los mayores desafíos será la recuperación emocional de los niños que sobrevivieron a la tragedia.
En el estadio César Nieves, donde cientos de familias esperan noticias sobre el futuro de sus hogares, la infancia sigue encontrando espacios para jugar. Entre juguetes dispersos, bicicletas y dibujos, esos pequeños momentos se convierten en una forma silenciosa de resistir mientras el país intenta levantarse de los escombros.
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