La decisión del secretario de Defensa de Estados Unidos de evaluar los niveles de testosterona de los militares mayores de 30 años y facilitar terapias de reemplazo hormonal ha provocado cuestionamientos en el Congreso y reabierto un debate que trasciende la medicina militar.
Para sus críticos, la iniciativa refleja una contradicción dentro de la agenda conservadora impulsada por la administración de Donald Trump: mientras combate los tratamientos hormonales para menores transgénero, promueve intervenciones similares cuando se presentan como una herramienta para fortalecer la preparación de los soldados.
La más reciente directiva del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha abierto un nuevo frente de controversia política y cultural.
La orden dispone que los miembros de las Fuerzas Armadas mayores de 30 años sean sometidos a pruebas para medir sus niveles de testosterona durante sus evaluaciones médicas anuales y contempla el acceso a terapia de reemplazo de testosterona (TRT) para quienes presenten niveles clínicamente bajos.
Aunque el Pentágono ha presentado la iniciativa como una medida destinada a mejorar la preparación física de las tropas, la decisión ha despertado interrogantes científicos, operativos y presupuestarios, además de alimentar un intenso debate sobre la concepción de la masculinidad que promueve la administración Trump.
Más allá de sus implicaciones médicas, la política sigue siendo uno de los ejemplos más visibles de cómo la administración Trump ha trasladado sus debates sobre identidad, género y cultura al ámbito de las Fuerzas Armadas. Para sus partidarios, representa un esfuerzo por fortalecer la capacidad física y la preparación de los combatientes; para sus detractores, constituye otra manifestación de la agenda cultural impulsada desde el Pentágono bajo el liderazgo de Pete Hegseth.
Al mismo tiempo, mantiene abierto el interrogante sobre hasta qué punto las decisiones de salud militar responden exclusivamente a criterios científicos o reflejan también las profundas divisiones ideológicas que atraviesan la política estadounidense.
El Congreso exige respuestas
Cinco senadores demócratas —Richard Blumenthal, Mazie Hirono, Gary Peters, Elizabeth Warren y Ruben Gallego— enviaron una carta a Hegseth solicitando información detallada sobre los fundamentos científicos de la medida, sus costos y la forma en que será aplicada.
Los legisladores sostienen que el Departamento de Defensa no ha explicado de manera suficiente por qué considera necesario incorporar pruebas hormonales de forma rutinaria ni ha precisado el costo total del programa o los recursos médicos adicionales que requerirá.
La carta también plantea interrogantes sobre la aplicación de la política al personal militar femenino, los criterios clínicos para diagnosticar una deficiencia hormonal y las consecuencias para quienes sean identificados con niveles bajos de testosterona.
Otro de los riesgos señalados por los senadores es que algunos militares, presionados por la posibilidad de que sus niveles hormonales adquieran relevancia profesional, recurran a suplementos no regulados o incluso a esteroides para alterar artificialmente sus resultados.
Aunque el Departamento de Defensa avanzó posteriormente en la implementación gradual del programa mediante directrices para las distintas ramas militares, varios aspectos clínicos y operativos continúan siendo objeto de supervisión legislativa.

El debate médico
La terapia de reemplazo de testosterona constituye un tratamiento reconocido para pacientes diagnosticados con hipogonadismo, una condición clínica asociada con niveles insuficientes de esta hormona y confirmada mediante evaluación médica y pruebas de laboratorio.
Sin embargo, diversas sociedades científicas recomiendan que su indicación sea individualizada y basada en síntomas clínicos, en lugar de aplicar programas de cribado universal en hombres aparentemente sanos.
Aunque existen beneficios comprobados para pacientes con hipogonadismo confirmado, el uso extendido de la TRT continúa siendo objeto de debate debido a interrogantes sobre su costo-efectividad, sus riesgos potenciales y el balance entre beneficios y efectos adversos.
Ese matiz médico ha quedado parcialmente eclipsado por el enorme contenido político que adquirió el anuncio del Pentágono.
Una contradicción que alimenta la guerra cultural
La nueva política de Hegseth ha reforzado un argumento que los críticos de la administración Trump vienen planteando desde hace meses.
Mientras la Casa Blanca ha impulsado restricciones a los bloqueadores de la pubertad y a las terapias hormonales para menores transgénero, el Departamento de Defensa propone ampliar el acceso a tratamientos hormonales cuando estos buscan mejorar el desempeño físico de militares adultos diagnosticados con baja testosterona.
El senador demócrata Adam Schiff resumió esa aparente contradicción con una ironía publicada en la red social X: "Pete Hegseth se pronuncia a favor de la atención de afirmación de género".
Más allá del tono de la crítica, diversos académicos consideran que el contraste ilustra cómo el debate sobre las terapias hormonales en Estados Unidos ha dejado de ser exclusivamente médico para convertirse en un componente central de la disputa política y cultural.

La masculinidad como proyecto político
Para varios especialistas, la iniciativa del Pentágono no puede entenderse de forma aislada.
Juliet Williams, profesora de Estudios de Género de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), sostiene que la política refleja una visión específica de la masculinidad promovida desde los sectores más conservadores del movimiento MAGA.
Meredith Jones, investigadora de la Universidad Brunel de Londres, interpreta el fenómeno como parte de una reacción cultural más amplia frente a las transformaciones de las últimas décadas en materia de igualdad de género.
Esa visión conecta con un discurso que ha ganado espacio dentro del ecosistema conservador estadounidense.
En 2022, Tucker Carlson presentó el documental The End of Men, en el que describía la disminución de la testosterona masculina y del recuento de espermatozoides como una amenaza para la sociedad estadounidense. El documental incluso promovía terapias experimentales, como la exposición de los testículos a luz roja para estimular la producción hormonal.
Ese tipo de narrativas han encontrado creciente influencia en sectores del movimiento MAGA, donde la fortaleza física y determinados ideales tradicionales de masculinidad ocupan un lugar central en la construcción de la identidad política.
El propio secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., ha reconocido públicamente que utiliza terapia de reemplazo de testosterona. A ello se suma una afirmación realizada por Mehmet Oz, quien aseguró que Donald Trump posee "el nivel de testosterona más alto" que ha visto en una persona mayor de 70 años, una declaración ampliamente difundida entre simpatizantes del presidente.
La polémica sobre la testosterona y ascensos y descensos
El mismo día en que anunció la nueva política hormonal, Hegseth bloqueó el ascenso de siete oficiales de la Marina al rango de almirante de dos estrellas, cinco de ellos mujeres o integrantes de minorías raciales.
Aunque el Departamento de Defensa no vinculó ambas decisiones, varios analistas interpretaron que ambas responden a una misma visión sobre el tipo de liderazgo y de fuerza militar que busca impulsar la actual administración.
Williams sostiene que, desde su llegada al Pentágono, Hegseth ha promovido cambios destinados a reforzar un modelo tradicional de liderazgo militar predominantemente masculino.
En esa misma línea se inscriben otras decisiones adoptadas durante su gestión: la modificación de las pruebas de aptitud física, los nuevos criterios sobre composición corporal, la prohibición de las barbas y sus reiteradas críticas hacia oficiales con sobrepeso.
El general retirado Mark Hertling contó que, tras conocerse la medida, recibió un mensaje de una coronel del Ejército que resumía el malestar existente entre algunos oficiales: "Ojalá dejáramos de preocuparnos por los niveles bajos de testosterona y empezáramos a preocuparnos un poco más por los niveles bajos de coeficiente intelectual".

Mucho más que una cuestión hormonal
El subsecretario de Salud del Departamento de Defensa, Brian Christine, ha defendido la iniciativa asegurando que el objetivo consiste en optimizar el estado físico de los combatientes y mejorar la preparación operacional de las Fuerzas Armadas.
Según Christine, los hombres con hipogonadismo presentan mayores riesgos de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y mortalidad, razones que, según el Pentágono, justifican una mayor atención al diagnóstico y tratamiento de esa condición.
No obstante, para sociólogos como Michael Kimmel, autor de Manhood in America, la controversia no puede reducirse a una discusión médica. En su opinión, la política refleja una determinada concepción de los roles de género que ha adquirido un peso creciente dentro del discurso político estadounidense.
Kathleen Gerson, profesora de Sociología de la Universidad de Nueva York, coincide en que existe una creciente incertidumbre entre muchos hombres acerca de su lugar en una sociedad cambiante, pero advierte que esa ansiedad difícilmente puede resolverse mediante políticas centradas en reforzar atributos biológicos asociados con la masculinidad.
Recordando al soldado Pinochet…
La asociación entre disciplina militar y apariencia personal tampoco es nueva. En septiembre de 1990, el entonces comandante en jefe del Ejército chileno y exdictador Augusto Pinochet provocó un incidente diplomático con la entonces Alemania Occidental al descalificar públicamente a sus Fuerzas Armadas.
Criticó las reformas introducidas por el general Wolf von Baudissin y afirmó que el Ejército alemán terminó integrado por "marihuaneros, drogadictos, melenudos, homosexuales y sindicalistas", en alusión a una institución que permitía el cabello largo, las barbas y una mayor vinculación con la sociedad civil.
Más de tres décadas después, aunque en un contexto político completamente distinto, las decisiones impulsadas por Pete Hegseth vuelven a situar la apariencia personal y determinados atributos asociados con la masculinidad en el centro del debate sobre la preparación militar.


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