Estados Unidos cuestionó este martes los ataques aéreos israelíes contra la base militar de Abu al-Duhur, en el noroeste de Siria, en una inusual muestra pública de desacuerdo entre Washington y su aliado israelí sobre la política hacia la nueva Siria.
Tom Barrack, enviado especial de Estados Unidos para Siria, calificó los bombardeos de “escalada innecesaria” y sostuvo que no contribuyen a la estabilidad regional.
Washington trabaja en lo que llamó "un mecanismo de desconflicción entre Israel, Turquía y Siria" para evitar que la creciente actividad militar de los tres países desemboque en un enfrentamiento.
La reacción estadounidense se produjo después de que ocho ataques israelíes alcanzaran la base de Abu al-Duhur, en la provincia de Idlib. Los bombardeos afectaron la pista de aterrizaje y otras instalaciones, pero no provocaron víctimas.
El gobierno sirio condenó la operación como una violación de su soberanía, mientras Turquía también rechazó con firmeza los ataques y pidió una respuesta internacional ante lo que calificó como una escalada israelí contra Siria.
Israel vincula el ataque con Turquía
La operación adquiere especial relevancia porque la base se encuentra en una zona donde Turquía ha incrementado su cooperación militar con las nuevas autoridades sirias.
El Gobierno de Benjamin Netanyahu sostuvo que Siria estaba a punto de permitir el despliegue de tropas turcas en Abu al-Duhur y que Israel había advertido en varias ocasiones que esa presencia constituiría una amenaza para su seguridad.
La oficina del primer ministro israelí evitó inicialmente atribuirse de manera explícita el ataque, aunque posteriormente Israel reconoció su responsabilidad.
El argumento israelí coloca a Ankara en el centro de una disputa que hasta ahora se había desarrollado principalmente en torno a la relación entre Israel y las nuevas autoridades de Damasco.
Turquía es uno de los principales respaldos externos del gobierno sirio encabezado por Ahmed al-Sharaa y ha participado en iniciativas destinadas a reconstruir las instituciones y capacidades militares sirias.
Israel, en cambio, observa con preocupación el fortalecimiento de la presencia turca en Siria y considera que determinados despliegues pueden limitar su margen de acción militar.
Una base sin actividad durante años
Abu al-Duhur llevaba más de una década sin operar normalmente como instalación militar, debido a los efectos de la guerra civil siria.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos indicó que una delegación militar turca había visitado el aeródromo en los días previos a los ataques y que Ankara participaba en gestiones para reabrirlo.
El ataque abre una nueva disputa entre aliados de Washington
El episodio coloca a Estados Unidos ante una situación particularmente delicada: Israel y Turquía son socios estratégicos de Washington, mientras la administración estadounidense intenta evitar que las disputas entre ambos afecten la transición política siria.
La preocupación de Washington no se limita al ataque. Barrack señaló que Estados Unidos está intentando establecer un canal formal de comunicación entre Israel, Turquía y Siria precisamente para impedir errores de cálculo o enfrentamientos no deseados.
El hecho de que el ataque se produzca además lejos de la zona de seguridad que Israel mantiene en el sur de Siria amplía su significado.
La operación sugiere que los apetitos israelíes ya no se concentran únicamente en la frontera con los Altos del Golán, sino también en la configuración militar de la nueva Siria.
Israel mantiene operaciones contra capacidades militares sirias
Desde la caída de Bashar al-Asad en diciembre de 2024, Israel ha realizado numerosos ataques contra instalaciones militares sirias.
En los primeros días posteriores al derrocamiento del antiguo gobierno, Israel atacó aeródromos, depósitos de armas, sistemas antiaéreos y otras instalaciones estratégicas sirias.
La posición israelí ha sido que esas operaciones buscan impedir que armamento y capacidades militares caigan en manos de grupos que puedan amenazar su seguridad.
En el nuevo escenario, el gobierno de Ahmed al-Sharaa busca consolidar su autoridad sobre un país devastado por más de una década de guerra, mientras Turquía intenta ampliar su influencia en Siria y Estados Unidos procura respaldar una transición que reduzca el riesgo de una nueva guerra regional.
La caída de Al-Asad puso fin en diciembre de 2024 a más de cinco décadas de gobierno de la familia Assad y abrió una etapa de incertidumbre sobre el equilibrio de poder sirio.
En ese contexto, el bombardeo de Abu al-Duhur no constituye solamente un episodio de la disputa entre Israel y Siria. También evidencia la creciente competencia entre Israel y Turquía por la configuración de la seguridad regional y coloca a Washington en la posición de intentar contener a dos de sus principales socios de Oriente Medio.
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