Darles demasiada importancia a las reacciones inmediatas del mercado a corto plazo ante importantes acontecimientos geopolíticos es macabro y absurdo. Hay personas que están muriendo y nadie sabe qué ocurrirá a continuación.
Sin embargo, la incertidumbre que emana del ataque a Irán y el conflicto regional que ha generado es lo que más importa en los principales centros financieros del mundo; también influye en cómo se desarrolla la situación.
En este sentido, hay dos cosas importantes. En primer lugar, sí, los mercados bursátiles han sufrido un revés tras el bombardeo de Irán por parte de EEUU e Israel este fin de semana. Pero en esta etapa, y a riesgo de hablar demasiado pronto, se trata de una ligera fluctuación. Las acciones europeas cayeron alrededor de un 2 por ciento; las estadounidenses abrieron con una baja de alrededor del 1 por ciento; el petróleo se disparó, pero sólo hasta los US$79 por barril, su nivel más alto desde junio. Según señala Deutsche Bank, se trata del 38vo mayor aumento del precio del petróleo desde 1990.
Nada de esto constituye un desastre. De hecho, el impacto en las acciones estadounidenses es similar al daño causado por una entrada de blog publicada hace una semana en la que se describían los posibles efectos de la inteligencia artificial (IA) en el mercado laboral.
Lo más importante es que nada de esto es suficiente para obligar a la Casa Blanca a reconsiderar su postura. En el último año, aproximadamente, hemos aprendido una y otra vez que, cuando los mercados se convulsionan, el presidente Donald Trump acaba dando un paso atrás antes de caer en el abismo. Un declive del 1 por ciento en su ‘querido’ Promedio Industrial Dow Jones (DJIA, por sus siglas en inglés) no es suficiente para que él modifique su estrategia, sea cual sea, con respecto a Irán.
En segundo lugar, el mercado de bonos del Gobierno está enviando algunos mensajes importantes. Por lo general, en una situación de extrema incertidumbre y tensión como la que vivimos hoy en día, los inversionistas se apresuran a refugiarse en la seguridad de los bonos del Gobierno, en particular los bonos del Gobierno estadounidense.
Esta vez, eso no está sucediendo. De hecho, los bonos se han debilitado levemente, lo que ha provocado un ligero aumento de los costos de los préstamos. Ésta es la forma que tiene el mercado de decir que la gran amenaza que emergerá de esta crisis es la inflación, la cual merma el atractivo de la deuda para los inversionistas.
El aumento de los precios de la energía ya no tiene el poder de impulsar la inflación como antes, particularmente en EEUU. Pero cualquier presión adicional sobre el costo de vida en EEUU, especialmente antes de las elecciones de mitad de período en noviembre, pone a Trump en conflicto directo con su banco central. Él quiere tasas de interés más bajas, y rápido, y ha elegido a un nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed) para que tome las riendas y dirija la política en la dirección que él prefiere. Pero algunos miembros de la Fed ya han sugerido que la próxima medida en materia de tasas de interés podría ser tanto al alza como a la baja. Cualquier repunte de la inflación les dificultará mucho más elegir el camino que el presidente desea.
Otro problema importante es que los bonos del Gobierno estadounidense se han debilitado ligeramente más que los bonos de otros mercados desarrollados. Esto constituye otro dato anecdótico que sugiere que los bonos del Tesoro estadounidense están perdiendo su estatus como activo preferido mundial en tiempos de crisis, lo que, según los inversionistas, es resultado de una política geopolítica y económica errática y de la erosión de las instituciones bajo el mandato de Trump. En su lugar, se están inclinando por el oro, el cual se está acercando al precio récord que alcanzó a principios de este año.
Una vez más, la caída de los precios de los bonos del Tesoro no es enorme y, una vez más, el conflicto es nuevo. Si se intensifica aún más, los inversionistas globales podrían seguir decidiendo que más vale malo conocido que bueno por conocer, y que los bonos del Tesoro siguen siendo el mejor refugio disponible. Sin embargo, por ahora, esto sirve como otra señal de advertencia para las autoridades estadounidenses de que su estatus de refugio está en peligro.
El estado de ánimo de los inversionistas ya era bastante frágil incluso antes de que se produjeran los ataques contra Irán. El nerviosismo por el temor a que la IA arruine la economía mundial, por muy infundado que sea, sacudió los mercados la semana pasada, y la industria del crédito privado, la cual antes estaba fuera de control, está mostrando nuevas grietas casi a diario. No es difícil imaginar que estos dos factores se alimenten mutuamente y provoquen una grave caída del mercado en algún momento.
Y, sin embargo, por ahora los mercados están demostrando ser sorprendentemente resilientes ante el trauma. Trump y su administración no verán hoy nada que los convenza de la necesidad de un cambio de rumbo.
Los inversionistas se están convenciendo a sí mismos de que, dejando de lado el terrible costo humano del conflicto, nada de esto desviará a la economía mundial de su curso y que el presidente estadounidense quiere que la violencia termine rápidamente. Eso significa, para muchos, que no hay necesidad de entrar o salir precipitadamente de ninguna parte del mercado.
Quizás eso sugiera una actitud demasiado complaciente. Pero, en todo caso, la relativa solidez de las acciones una vez más le están dando luz verde a Trump para seguir adelante. (Katie Martin. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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