Irán y Estados Unidos sostendrán el jueves en Ginebra un tercer ciclo de conversaciones sobre el programa nuclear del primero, con la mediación de Omán.
Washington y Teherán participaron en cinco rondas de conversaciones sobre el programa nuclear iraní, pero estas se vieron interrumpidas por el ataque de Israel contra la república islámica en junio, que desencadenó una guerra de doce días.
Estados Unidos intervino en esa contienda, bombardeando instalaciones nucleares iraníes.
Nuevo interés de Trump por la guerra acabará mal
Así dijo Donald Trump en enero de 2025. Poco más de un año después de su discurso de investidura, el presidente estadounidense ha desplegado una gran fuerza militar en el Medio Oriente. Dice que en los próximos días tomará una decisión sobre un potencial ataque a Irán.
Las experiencias del último año parecen haber convencido a Trump de las virtudes de la guerra. El bombardeo de las instalaciones nucleares de Irán en junio y la captura de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, en enero, resultaron exitosos. Tras ellos, Trump se mostró exultante.
Pero el éxito puede generar un exceso de confianza. Si Trump sigue desplegando tropas estadounidenses en busca de victorias rápidas, es posible que, al final, sufra una derrota prolongada.
Las operaciones iraníes que se barajan ya implican un mayor nivel de riesgo que las anteriores campañas militares de Trump, indicado por los objetivos peligrosamente vagos de la campaña propuesta.
Por el momento, Trump está haciendo hincapié en la necesidad de detener el programa nuclear iraní, el mismo programa que, según él, había sido completamente destruido el pasado mes de junio.
Sin embargo, a principios de este año, prometió que "la ayuda está en camino" para el movimiento de protesta iraní, lo que sugiere que el objetivo estadounidense podría ser un cambio de régimen. Otros objetivos que EEUU ha planteado son la destrucción de los misiles iraníes y el fin del apoyo iraní a Hezbolá y Hamás.
A diferencia del bombardeo de la planta nuclear de Fordow en junio y la captura de Maduro en enero, la mayoría de estos objetivos no pueden alcanzarse únicamente mediante la acción militar de EEUU.
Requieren que ocurra algo más como resultado de la operación militar, ya sea concesiones políticas profundas por parte del régimen actual o un levantamiento popular exitoso dentro de Irán.
Los objetivos bélicos vagos o inalcanzables aumentan las posibilidades de una operación militar estadounidense prolongada. Cuanto más se prolongue la guerra, mayores serán las posibilidades de una respuesta iraní exitosa.
Incluso un conflicto de 12 días con Irán el pasado mes de junio agotó gravemente las reservas de interceptores de misiles estadounidenses, que gastó aproximadamente una cuarta parte de sus reservas totales de interceptores THAAD para repeler los ataques con misiles balísticos iraníes contra Israel.
También hay entre 30,000 y 40,000 soldados estadounidenses estacionados en la región que podrían ser blanco de drones o misiles iraníes. Las ciudades y las infraestructuras de los aliados de EEUU en la región también son potencialmente vulnerables a los ataques. El suministro de agua de Riad, la capital de Arabia Saudita, depende en gran medida del funcionamiento de dos grandes plantas de desalinización.
Hasta ahora, Teherán ha intentado evitar una escalada descontrolada en sus anteriores enfrentamientos militares con EEUU e Israel. Incluso el ataque iraní en represalia contra una base aérea en Qatar el pasado mes de junio fue anunciado con antelación y terminó rápidamente. Pero si el régimen llegara a la conclusión de que realmente está luchando por su supervivencia, su apetito por el riesgo podría cambiar.
Es posible que la guerra les dé un nuevo impulso a los manifestantes de la oposición que volvieron a salir a las calles recientemente. Pero también existe el riesgo de que un ataque contra Irán provoque un efecto de fervor patriótico, lo que socavaría la oposición interna al régimen clerical.
Incluso si una guerra precipita el colapso definitivo de la República Islámica, las lecciones del derrocamiento de regímenes brutales en otras partes del Medio Oriente son muy desalentadoras, sobre todo si el colapso del régimen es provocado por una intervención militar extranjera.
En Iraq, Siria y Libia, las consecuencias incluyeron un conflicto prolongado, un gran número de víctimas civiles, millones de refugiados, muchos de los cuales huyeron del país, y la creación de un entorno anárquico en el que los grupos terroristas pudieron afianzarse.
El gobierno de Netanyahu en Israel lleva mucho tiempo pidiendo un cambio de régimen en Teherán. Si Irán se hundiera en la anarquía, podría acercarse a una definición estricta de los intereses de Israel, ya que debilitaría gravemente una peligrosa amenaza para el Estado israelí. Pero podría suponer un peligro real para los aliados de Trump en los Estados del Golfo, que están mucho más cerca de Irán.
Quizás Trump piensa que EEUU siempre estará aislado de las consecuencias potencialmente malignas de una acción militar en el Medio Oriente, siempre que evite desplegar tropas terrestres y confíe en el "gran y hermoso" océano para mantener los problemas lejos del territorio estadounidense.
Pero los anteriores presidentes estadounidenses también intentaron evitar enviar tropas al Medio Oriente, y terminaron descubriendo que acontecimientos inesperados los obligaron a hacerlo. Barack Obama era tan cauteloso como Trump con respecto a nuevas guerras en el Medio Oriente, pero aun así tuvo que desplegar tropas estadounidenses para combatir al ISIS tras la caída de Mosul en 2014.
Por supuesto, es muy posible que Trump evite un nuevo conflicto en Irán en el último momento; o que su última campaña militar vuelva a coronarse con éxito. Pero un nuevo triunfo militar en Irán podría aumentar el apetito de riesgo de Trump, lo que aumentaría la posibilidad de una eventual calamidad.
En 2016 y 2024, Trump hizo campaña como candidato pacifista y aprovechó con éxito el desencanto del público con las guerras de Iraq y Afganistán. Qué irónico — y peligroso — que, apenas un año después de asumir la presidencia, haya desarrollado un gusto por las guerras de elección que antes denunciaba. (
¿Por qué Irán no se rinde?
El presidente Estados Unidos, Donald Trump, no entiende por qué Irán no capitula ante el que es el mayor despliegue militar estadounidense desde la invasión de Irak, pero expertos apuntan a que una claudicación sería un suicidio político, no eliminaría futuras amenazas y destrozaría el legado del líder supremo de Irán, Ali Jameneí.
El enviado especial de la Casa Blanca y negociador con Irán, Steve Witkoff, afirmó en una entrevista la cadena Fox que Trump le preguntó por qué Teherán “no ha capitulado” ante la enorme presión a la que está sometido.
Esa presión consiste en el despliegue de dos portaaviones, varios destructores y docenas de cazas de combate en las cercanías de la República Islámica y las reiteradas amenazas del mandatario que anoche aseguró que “será un mal día para el país (Irán) y muy tristemente para su pueblo” si no cierran un acuerdo.
Ante todo esto, ¿por qué Irán no se rinde?
“Los iraníes llevan por lo menos un siglo y medio luchando por su independencia, o mejor dicho, soberanía. Es lo único cierto e incontestable que consiguieron con la revolución”, dijo a EFE el iranólogo Raffaele Mauriello.
En su opinión, “abandonar este logro sería un suicidio político, antes que nada”.
El experto cree además que Irán no es un país fácil de “conquistar”, está bien preparado para la guerra y cuenta todavía con una importante base de apoyo popular.
Para Danny Citrinowicz, investigador del programa iraní del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), la pregunta de Trump resume la falta de comprensión de sucesivas administraciones estadounidenses a la hora de entender a la República Islámica.
“Es poco probable que la escalada militar obligue a Irán a rendirse. Por el contrario, las amenazas externas tienden a reforzar la cohesión interna del régimen y a validar su narrativa tradicional de resistencia”, dijo en X Citrinowicz, exjefe de la inteligencia del Ejército de Israel.
Para este experto Teherán “interpreta la presión sostenida como una prueba de hostilidad estructural, lo que refuerza su determinación de resistir”.
Ali Vaez, director del proyecto Irán en International Crisis Group, considera por su parte que las autoridades iraníes creen que si ceden ahora la presión no bajará, más bien al contrario.
“No creen que, una vez que capitulen, Estados Unidos aliviará la presión. Creen que eso solo animaría a Estados Unidos a ir a por la yugular”, dijo en X el experto.
Estados Unidos mantiene unas negociaciones con Irán en las que demanda que deje de enriquecer uranio, limite el alcance de sus misiles a 300 kilómetros para que no lleguen a Israel y abandone el apoyo a grupos regionales como los palestinos de Hamás y los libaneses de Hizbulá.
Para Teherán eso supondría algo muy cercano a una rendición y además, en el caso de los misiles, le dejaría indefenso ante futuras agresiones israelíes.
Durante la guerra de los doce días iniciada por Israel, Irán lanzó misiles a diario contra el país judío y aunque se estima que un 80 % fueron interceptados por sus defensas, Israel sufrió daños.
Los misiles son su principal elemento disuasorio.
Nada que perder
En todas estas circunstancias, una República Islámica bajo una enorme presión podría considerar que no tiene nada que perder si responde con fuerza a ataques estadounidenses que empañen el aura de invencibilidad de Estados Unidos y tuviesen costes políticos para Trump.
En este sentido, Mauriello considera que Irán puede soportar pérdidas, pero Estados Unidos no y menos aún Trump.
De hecho, el experto italiano cree que si Trump lleva a cabo la amenaza de tratar de matar a Jameneí, le haría “un tremendo favor”.
“Tiene 86 años, es un verdadero revolucionario y deja un legado”, dice Mauriello, quien apunta a la idea del “martirio” en la cultura iraní.
“Es una posible y aceptable consecuencia de la defensa de ideales, pero también de objetivos estratégicos”, dice acerca de ese “martirio” al que asegura estarían dispuestos numerosos altos cargos iraníes (Jaime León, EFE).
Estudiantes iraníes advertidos no deben rebasar "límites"
Entre los lemas que gritaba la multitud, figuraba "Muerte al dictador", en alusión al guía supremo, Alí Jamenei.
Estas concentraciones, que según algunas fuentes derivaron en choques entre opositores y partidarios del poder, sacuden un país aún conmocionado por el impacto de las manifestaciones de las últimas semanas.
Las marchas comenzaron a finales de diciembre con manifestaciones por la carestía de la vida. Pero las protestas evolucionaron hacia un movimiento más amplio contra el poder, hasta que fueron violentamente reprimidas.
– Entre amenazas y diálogo –
Desde entonces, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado con bombardear de nuevo Irán, tras la guerra de junio de 2025 desencadenada por Israel en la que Washington atacó instalaciones nucleares iraníes.
Trump ordenó desplegar en la región un dispositivo militar y naval, enviando a Oriente Medio el portaviones Abraham Lincoln. El portaviones más grande del mundo, el Gerald R. Ford, navega por el Mediterráneo y está actualmente en una base de Creta, en Grecia.
Es inusual que dos navíos de ese tipo, que transportan decenas de aviones de combate y están tripulados por miles de efectivos, se encuentren al mismo tiempo en una misma región.
El jueves, el presidente estadounidense dijo que se había dado un plazo de entre diez y quince días para decidir si recurría a la fuerza contra Teherán.
En este tenso contexto, las negociaciones continúan.
Estados Unidos reclama un acuerdo que impida que Teherán se dote del arma nuclear, algo de lo que los occidentales acusan a Irán, pese a que este asegura que solo desea desarrollar un programa con fines civiles.
Para el próximo jueves se ha programado una tercera ronda de conversaciones en Ginebra con la mediación de Omán pero hallar un terreno de entendimiento será "una tarea difícil", señaló el gabinete de reflexión estadounidense International Crisis Group en un informe publicado el lunes.
– Maniobras iraníes en el Golfo –
"Después de cinco décadas de antagonismo profundo y de colaboración ocasional, la república islámica y Estados Unidos nunca han estado tan cerca del precipicio de un conflicto grande", escribieron los analistas de ese gabinete.
Según esos expertos, las intenciones de Washington si la diplomacia acaba fracasando siguen siendo "confusas", pero aún así destacaron que Trump sigue prefiriendo "las guerras cortas que puede presentar fácilmente como éxitos" a "meterse en un conflicto costoso y caótico".
El lunes, Trump desmintió artículos de prensa según los cuales el jefe del Estado Mayor estadounidense, el general Dan Caine, le habría advertido en contra de una intervención militar de gran envergadura en Irán.
Irán, en tanto, advirtió que respondería "con fuerza" a cualquier ataque estadounidense, aunque este sea limitado, y advirtió del riesgo de una "escalada" regional si Washington se decanta por una acción militar.
Frente a las "amenazas existentes", los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de Irán, empezaron maniobras militares en las costas del Golfo.
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