Rusia cuenta con el arsenal nuclear más grande del mundo, y quiere que lo recuerdes. En un documento enviado a la OTAN, el gobierno ruso afirmó sin rodeos que estaría "listo para utilizar todo el arsenal de fuerzas y capacidades a su disposición, incluyendo las armas nucleares", para defender su territorio.
El Kremlin afirma estar respondiendo a las amenazas contra Kaliningrado, un enclave ruso que limita con Polonia, Lituania y el mar Báltico. El 1 de octubre, Vladimir Putin intervino personalmente, afirmando que, si Kaliningrado fuera atacado, Rusia utilizaría "todas las armas" a su disposición. El líder ruso reconoció que Francia y el Reino Unido también cuentan con armas nucleares, pero se jactó de que "en cuanto a las armas que tenemos, no tenemos rival".
Hubo un tiempo en que amenazas como esta habrían acaparado los titulares a nivel mundial. Pero en Gran Bretaña, los problemas del club de fútbol Manchester City fueron noticia más importante, mientras que Francia estaba preocupada por los disturbios de los estudiantes.
A algunos expertos en seguridad les preocupa que Rusia pueda estar preparando el terreno para emprender una acción militar dentro del territorio de la OTAN, citando la presunta amenaza a Kaliningrado. Pero las advertencias de Putin sobre las armas nucleares se toman cada vez menos en serio.
La razón de esta relativa indiferencia es que ha intentado utilizar su arsenal nuclear para intimidar a Occidente desde que lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Esas amenazas fueron efectivas por un tiempo. En las primeras etapas de la guerra, EE. UU. y sus aliados se mostraron muy cautelosos con respecto a la ayuda militar que le brindaban a Ucrania, en parte porque temían que la guerra podría escalar hasta convertirse en un enfrentamiento nuclear. Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha hecho evidente que el tabú contra el uso de armas nucleares es muy poderoso. Tanto China como India advirtieron a Rusia que no recurriera a armas nucleares; además, se cree que EE. UU. amenazó con intervenir directamente en la guerra si Rusia utilizaba armas nucleares en Ucrania.
El debilitamiento del poder disuasorio del arsenal nuclear ruso ha hecho que, con el tiempo, los aliados occidentales de Ucrania se muestren mucho menos cautelosos respecto al tipo de armas que están dispuestos a proporcionarle a Kiev. Ya se le han suministrado tanques, aviones de combate y misiles de largo alcance para disparar contra objetivos dentro de Rusia, todos ellos antes descartados.
En 2025, Ucrania también llevó a cabo con éxito un ataque con drones —la Operación Spiderweb— contra la flota de bombarderos nucleares estratégicos de Rusia. Según la doctrina militar rusa, ese tipo de ataque justificaba una respuesta nuclear. Pero, una vez más, Rusia no cumplió sus amenazas nucleares.
Al observar estos acontecimientos, Rose Gottemoeller, exsecretaria general adjunta de la OTAN, ha llegado a la conclusión de que "la disuasión nuclear no está funcionando". Los países con armas nucleares, como Rusia, creían que la mera posesión de esas armas los protegería contra la amenaza de un ataque convencional. Pero eso no fue lo que sucedió.
Como señala Gottemoeller, el fracaso de la disuasión nuclear rusa no es un caso aislado. Irán se ha mostrado dispuesto a lanzar misiles balísticos y drones contra Israel, a pesar de saber que Israel cuenta con armas nucleares. India y Pakistán también se han atacado mutuamente, a pesar de que ambos son países con armas nucleares.
Pero el fracaso de la disuasión nuclear es un revés particular para Rusia. La posesión del arsenal nuclear más grande del mundo es uno de los únicos argumentos que le quedan al país para reivindicar su estatus de superpotencia. Construir y mantener su arsenal también es enormemente costoso.
Los tertulianos rusos siguen despotricando y fantaseando con ataques nucleares contra Europa, presumiblemente animados por el Kremlin. Pero estos arrebatos ya no son noticia en Europa. Cuando las amenazas provienen del propio Putin, como ocurrió la semana pasada, reciben más atención. Pero la postura de la OTAN respecto a la guerra en Ucrania permanece inalterada.
La disminución del poder de las amenazas nucleares de Rusia es, en gran medida, una buena noticia. Pero también genera una nueva serie de problemas. El primero es que Rusia buscará otras formas de restablecer la disuasión. El aumento de la guerra híbrida rusa en Europa —que incluye sabotajes, asesinatos e incursiones con drones— refleja el deseo del Kremlin de encontrar opciones no nucleares para intimidar a los aliados europeos de Ucrania. Pero la guerra híbrida genera sus propios riesgos de accidentes y escalada. La creciente disposición de Rusia a atacar objetivos civiles dentro de Ucrania —y la ferocidad cada vez mayor de sus bombardeos contra Kiev— refleja su búsqueda de formas de escalada no nucleares.
El segundo gran peligro es que el fracaso de la disuasión nuclear hace que la guerra convencional sea más factible en Europa y en otros lugares. Con la excepción del Reino Unido y Francia, todos los miembros europeos de la OTAN se encuentran bajo el paraguas nuclear de EE. UU. Lo mismo ocurre con Japón y Corea del Sur en Asia Oriental.
Si los posibles adversarios de estos aliados de EE. UU. llegan a la conclusión de que la amenaza de EE. UU. de utilizar armas nucleares en su defensa no es creíble, podrían estar más dispuestos a iniciar una guerra convencional. De hecho, es posible que la propia Rusia se muestre ahora menos recelosa a la hora de iniciar un conflicto con la OTAN.
El peligro final es que todos están "aprendiendo sobre la marcha". Desde que comenzó la guerra en Ucrania, tanto Rusia como la OTAN han tenido que adaptar sus ideas sobre cómo funciona la disuasión nuclear. El tabú contra el uso de armas nucleares es claramente muy fuerte. ¿Pero es absoluto? Nadie puede estar seguro. Ese tipo de incertidumbre es peligroso.
Gideon Rachman. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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