Los desesperados agricultores cubanos están intentando vender sus tierras a precios de liquidación, ya que el bloqueo de combustible impuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump, está afectando las cosechas y ha provocado que algunos productos se pudran en los campos.

La isla comunista ha estado sufriendo apagones de hasta 22 horas al día desde que al gobierno se le acabó el petróleo y el diésel, después de que EEUU obligó la suspensión de casi todos los envíos a principios de este año. Incluso antes de eso, siete de cada diez cubanos se saltaban al menos una comida al día.

Ahora, sin combustible para el riego, los tractores o el transporte, decenas de personas están anunciando la venta de sus granjas en las redes sociales. "No hay combustible, no hay electricidad en Cuba y no tengo dinero", dijo Juan, uno de los agricultores, quien pidió que no se utilizara su nombre real.

Juan tiene un tractor, una yunta de bueyes y 7.5 hectáreas en una de las regiones agrícolas más importantes del centro de Cuba, parte de las cuales están sembradas con yuca. Todo está a la venta, por solo US$8,000. Ya ha bajado su precio inicial de US$9,500.

Pero eso sigue siendo inalcanzable para muchos en la isla, donde el ingreso mensual medio es inferior a US$10. La crisis económica ha obligado al régimen a anunciar una serie de reformas a su decrépito aparato estatal socialista.

"No hay combustible; todo está paralizado", dijo Annabelle Cantarero Sánchez, quien dirige la Finca Tungasuk, una granja orgánica al oeste de La Habana que ofrece actividades turísticas. "En las fincas estatales de mango, la fruta se está pudriendo porque no hay medios de transporte".

Conseguir alimentos en Cuba siempre ha sido una lucha, y ahora la situación está empeorando: entre la avalancha de reformas económicas anunciadas por el presidente Miguel Díaz-Canel el mes pasado se encontraba la noticia de que la libreta de racionamiento estatal — un pilar de la vida cubana desde 1962 — ya no sería universal.

Los jubilados, los niños con enfermedades crónicas y otras personas vulnerables seguirán teniendo derecho a los escasos suministros disponibles. Pero todos los demás tendrán que pagar precios exorbitantes en los mercados o tiendas privadas, o depender de los alimentos que les envían sus familiares del extranjero a través de plataformas en línea.

Cantarero Sánchez pertenece a una cooperativa local de agricultores y proveedores de servicios a la que antes se le exigía vender una parte de su producción en el mercado local de la cooperativa. Pero, según ella, muchos agricultores se quejan ahora de que les pagan muy poco y con mucho retraso. "Ahora la llevo a los restaurantes", dice. "Si se la vendiera a la cooperativa, ni siquiera cubriría el sueldo de la persona que me ayuda a recoger las frutas".

Los alimentos enviados a través de las plataformas en línea también corren riesgo: Utilizan un centro de distribución central en La Habana, pero "las entregas al campo se ven considerablemente obstaculizadas porque no tienen el diésel para transportar la mercancía", dijo Paul Johnson, de FocusCuba, una consultora. "Vi pollo en tiendas minoristas simplemente tirado sobre tarimas, congelado, pero ya descongelándose".

Una de esas plataformas, EnvíosCuba.com, suspendió sus operaciones el mes pasado después de que Trump impusiera sanciones a GAESA, el extenso conglomerado de gestión militar con el que tiene vínculos.

El país solo ha recibido dos cargamentos de petróleo desde principios de este año, cuando Trump capturó al líder venezolano Nicolás Maduro, cortando así el suministro de energía que Cuba recibía desde hacía mucho tiempo. Luego amenazó con sanciones contra cualquier otro país que suministrara petróleo, con la intención de obligar a la isla a realizar reformas.

Trump ha aumentado la presión con sanciones contra figuras clave y empresas vinculadas al régimen, además de hablar de una "toma del poder amistosa" y ha insinuado que podría recurrir a la fuerza. Esto ha llevado a Cuba a la mesa de negociaciones.

El anuncio del mes pasado de 176 reformas "urgentes" prometió la mayor reestructuración del modelo económico del país desde los primeros años de la revolución de Fidel Castro en la década de 1960, aunque aún no se han promulgado y muchos detalles siguen sin estar claros.

Las reformas permitirían que operen bancos privados y que se vendan participaciones en compañías estatales a inversionistas privados o extranjeros. También abren la puerta a empresas como McDonald’s.

El primer ministro Manuel Marrero anunció que se les permitiría a cubanos y extranjeros abrir cadenas de "restaurantes, cafés y locales de hamburguesas con el fin de ampliar los servicios a la población", y añadió: "También invitamos a las franquicias extranjeras de comida rápida a invertir en Cuba".

Nadie espera que eso suceda inmediatamente. Aunque los turistas y los cubanos con dólares han podido disfrutar de restaurantes de moda en los últimos años, la producción nacional de alimentos ya se encontraba en una situación crítica antes de que Trump reanudara la presión.

Entre 2018 y 2023, la producción de carne de cerdo en Cuba se desplomó un 95 por ciento, la de arroz un 87 por ciento, la de frijoles un 70 por ciento y la de leche un 58 por ciento, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La caída de las importaciones de leche en polvo, maíz y trigo también limitó gravemente el abastecimiento en los mercados estatales.

"Ya estaba mal antes, pero ha empeorado diez veces más en cinco meses", dijo Johnson, de FocusCuba. Señaló que las verduras frescas, la carne de cerdo y otros alimentos básicos aún estaban disponibles en los mercados, "sólo que son muy caros porque no hay suficiente oferta". La escasez de combustible también hace que a los cubanos les cueste refrigerar y cocinar los alimentos.

Cuba representa un mercado tentador para los agricultores estadounidenses. Las exportaciones agrícolas a la isla están permitidas bajo condiciones estrictas a pesar del embargo estadounidense de seis décadas, y alcanzaron los US$477 millones el año pasado.

Pero, por ahora, las sanciones de EEUU "han tenido un impacto devastador en la producción, el transporte, la distribución y el acceso a los alimentos en Cuba", señaló Lee Schlenker, del grupo de expertos Quincy Institute. "Sin combustible, no se pueden operar los sistemas de riego en los campos, los tractores están parados y los alimentos se pudren en los puertos".

Cantarero Sánchez, de la Finca Tungasuk, aún logra vender sus mangos y mameyes. "Hay que llevárselos a la puerta del comprador porque no tienen combustible para recogerlos", dijo. Puede permitirse hacer las entregas porque recientemente logró comprar un poco de diésel y lleva a su hija a la escuela en La Habana. Pero durante las vacaciones escolares "no vale la pena el gasto".

De hecho, muchos jóvenes ya no están tomando el relevo de las granjas familiares "porque no es económicamente viable", dijo. No es de extrañar que algunos de sus vecinos estén vendiendo sus granjas. "Todos te van a decir que tiene que pasar algo importante este verano", dijo Cantarero Sánchez. "Esto tiene que acabarse ya".

Jude Webber. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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