Es un momento difícil para que Rusia celebre elecciones parlamentarias, incluso unas cuyo resultado está prácticamente asegurado.
El clima económico y político se ha visto gravemente afectado por cuatro años y medio de guerra abierta contra Ucrania. Enjambres de drones enemigos han causado daños masivos en refinerías de petróleo e instalaciones logísticas rusas. La población, que ya no percibe el conflicto como algo lejano, muestra una inquietud creciente.
Rusia Unida, el principal partido del Kremlin, está listo para mantener su dominio abrumador sobre la Duma Estatal junto a otros pocos partidos, pero todos alineados con el presidente Vladímir Putin.
No obstante, las autoridades han endurecido el control sobre estos primeros comicios para la Cámara Baja del Parlamento en tiempos de guerra desde la invasión a gran escala que Putin ordenó el 24 de febrero de 2022.
Votar, pero sin opciones distintas a las que permite Putin
El Kremlin sofocó hasta el más mínimo indicio de disidencia antes de la votación de tres días que comenzó este viernes en el Lejano Oriente ruso. El único partido que se atrevió a criticar la guerra fue excluido sin miramientos de la boleta electoral, y algunos políticos contrarios a la contienda han sido encarcelados u obligados a huir al extranjero.
Por primera vez, la elección incluye a residentes de cuatro regiones ucranianas que Moscú se anexionó ilegalmente tras la invasión. Ucrania ha calificado la votación de ilegal.
Con el resultado predeterminado y sin amenazas inmediatas al dominio político de Putin, los analistas señalan que el Kremlin considera estas elecciones un esfuerzo clave para movilizar el apoyo público a la guerra y legitimar sus acciones.
"Su elección y determinación demostrarán una vez más que millones de personas respaldan a nuestros combatientes, que somos un pueblo unido, vinculado por valores compartidos, la memoria histórica y el amor a la Patria", declaró Putin en un discurso previo a la votación.
Una guerra lanzada por rusa que ya no parece lejana
Las elecciones llegan tras un verano marcado por ataques ucranianos con drones de largo alcance acercó la realidad de la guerra a millones de rusos.
Los bombardeos agravaron los problemas de la economía, la cual ha caído en el estancamiento tras un impulso inicial derivado del enorme gasto militar. El Gobierno aumentó los impuestos y el endeudamiento interno para mantener bajo control el creciente déficit presupuestario.
Los ataques contra refinerías de petróleo rusas desencadenaron una grave crisis de combustible que alcanzó su punto máximo en junio, se alivió durante unas semanas y volvió a agudizarse en agosto.
A esto se sumó una serie de ataques contra almacenes de los minoristas en línea Wildberries y Ozon. Cientos de miles de vendedores particulares perdieron su mercancía, lo que provocó una fuerte conmoción en la economía.
Todo ello afectó el estado de ánimo de la población. Las encuestas registraron un descenso en los índices de aprobación de Putin, aunque estos se mantuvieron elevados: el centro independiente Levada situó su apoyo en el 76 % en agosto, frente al 87 % de septiembre de 2025.
Incluso algunos miembros destacados de la élite rusa expresaron abiertamente su descontento. Andrei Klepach, economista jefe del banco estatal VEB.RF, advirtió sobre la posibilidad de una convulsión interna. “No ganaremos la competición en esta guerra de desgaste (…) Nuestros costes van en aumento. Estoy casi seguro de que nos enfrentaremos a una crisis social”, afirmó durante un seminario.
Klepach fue destituido al día siguiente de que se publicaran sus declaraciones.
Putin reconoció que los ataques habían causado daños considerables, pero insistió en que la economía podría resistirlos. Afirmó que Ucrania había abierto la “caja de Pandora”, provocando así represalias masivas.
Rusia intensificó los ataques contra Kiev y otras ciudades utilizando misiles y nuevos drones a reacción, aprovechando la escasez de interceptores defensivos en Ucrania. Moscú también incrementó drásticamente sus bombardeos contra los puertos del mar Negro, perturbando las exportaciones ucranianas de grano y otros productos agrícolas, una fuente clave de ingresos.
En medio de esta escalada, creció el temor a que el Kremlin estuviera considerando una movilización masiva.
Una movilización parcial de 300.000 reservistas en 2022 llevó a cientos de miles de rusos a huir al extranjero, socavando la estabilidad interna. Desde entonces, el Kremlin ha dependido de voluntarios para combatir, ofreciendo salarios comparativamente altos y otros beneficios. Sin embargo, los expertos militares advirtieron que el flujo de voluntarios ha disminuido mientras continúan las enormes bajas.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirma reiteradamente que el Kremlin está considerando una movilización tras las elecciones, algo que Putin desestimó calificándolo de “absurdo”. En una reunión celebrada el 5 de septiembre en el Kremlin con los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner, y en una llamada posterior con el presidente Donald Trump, Putin afirmó que Rusia lleva la ventaja en el campo de batalla, señalando así que mantendrá sus exigencias maximalistas para alcanzar un acuerdo de paz.
"El riesgo de que la campaña se convirtiera en una lucha a favor y en contra de la paz"
En julio, la Comisión Electoral Central autorizó la participación de 11 partidos en las elecciones parlamentarias, incluido Yabloko, el único que ha criticado abiertamente la guerra.
Semanas después, sin embargo, el Tribunal Supremo del país excluyó a Yabloko de la lista de candidatos. La decisión se produjo tras una apelación del partido nacionalista Madre Patria, que calificó la postura antibelicista del liberal Yabloko como una violación de la integridad territorial de Rusia.
Los analistas del Kremlin describieron la medida como una clara señal de la lucha entre sectores del gobierno que buscaban una mínima competencia para aumentar la participación electoral y aquellos que temían que la presencia de Yabloko pudiera generar críticas abiertas a la guerra e inestabilidad política.
“El riesgo de que la campaña se convirtiera en una lucha a favor y en contra de la paz —es decir, una disputa sobre la guerra— era muy alto, y esto claramente no formaba parte del plan”, declaró Tatyana Stanovaya, del Centro Carnegie Rusia-Eurasia.
Maxim Kruglov, vicepresidente de Yabloko y exmiembro del consejo municipal de Moscú, fue condenado en junio por difundir información falsa sobre el ejército y sentenciado a siete años de prisión.
El mes pasado, un tribunal de la región de Pskov condenó a Lev Shlosberg, miembro de Yabloko, por manifestarse en contra de la guerra y lo sentenció a más de 11 años de prisión.
La mitad de los 450 escaños de la Duma están ocupados por partidos reconocidos y la otra mitad por los ganadores de las elecciones uninominales. A Yabloko se le prohibió participar en las votaciones por lista de partidos.
Posteriormente, las autoridades prohibieron sistemáticamente a miembros individuales de Yabloko presentarse a la mayoría de las elecciones uninominales para la Duma y las legislaturas regionales.
El político liberal y crítico de la guerra Boris Nadezhdin, quien intentó desafiar a Putin en las elecciones presidenciales de 2024, abandonó Rusia el mes pasado por temor a ser encarcelado tras ser designado como "agente extranjero" e inhabilitado para postularse a cargos públicos.
Rusia Unida, que controla más de dos tercios de los escaños de la Duma, se perfila para mantener su dominio en la cámara baja a pesar del cansancio público con la guerra y el empeoramiento de la economía. Algunos informes rusos indican que el Kremlin ha rebajado ligeramente sus expectativas para Rusia Unida, pero espera que mantenga el control total del parlamento.
“Es posible que se permita a Rusia Unida cierta flexibilidad (…) para que sus resultados declarados se ajusten más a sus resultados reales”, afirmó el analista Mark Galeotti, director de la consultora Mayak Intelligence, añadiendo que el Kremlin se asegurará de «seguir siendo absolutamente dominante en la Duma».
Uno de los objetivos de las elecciones es demostrar que se trata de “rituales de legitimación para dar la impresión de que existe un consenso generalizado a favor del Kremlin”, explicó.
Se espera que otros miembros de la “oposición sistémica” —el Partido Comunista, el Partido Liberal Democrático y el Partido Rusia Justa, que siguen la línea de Putin y apoyan firmemente la guerra— mantengan su representación parlamentaria.
Si bien los ataques en Ucrania han alimentado la inquietud generalizada, también podrían generar una demanda de una respuesta más contundente contra Kiev, «siempre y cuando no tengan que participar directamente», declaró Galeotti en un podcast.
Chris Weafer, director ejecutivo de Macro-Advisory Ltd., afirmó que, si bien los ataques en Ucrania han afectado la moral pública, no existe una amenaza inmediata para el dominio político del Kremlin.
“Desde el inicio del conflicto, ha habido una unidad nacional y las encuestas de opinión muestran consistentemente un alto nivel de apoyo”, declaró.
Aunque los resultados están predeterminados, “la narrativa pública y, en particular, la participación electoral” es lo que le importa al Kremlin para justificar su acción con un amplio respaldo popular, añadió Weafer.
Este artículo ha sido adaptado de su versión original en inglés
Con AP
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