La guerra en el Líbano entra en una nueva fase. En pocos días, la escalada de ataques ha dejado centenares de muertos y cerca de un millón de personas desplazadas en todo el país. Mientras continúan los bombardeos y los enfrentamientos a lo largo de la frontera sur, empieza a ganar peso una pregunta entre diplomáticos y militares: ¿qué busca realmente Israel en el sur del Líbano?
Los movimientos del ejército israelí sugieren que la ofensiva podría ir más allá de una simple campaña contra Hezbolá. Israel ha atacado cientos de objetivos en el país y mantiene posiciones militares dentro de territorio libanés. El objetivo declarado es proteger a las comunidades del norte de Israel, que han sido evacuadas en distintas fases del conflicto, pero la operación sugiere también un cálculo territorial más amplio.
El ejército israelí avanza de forma gradual, ocupando colinas y posiciones elevadas que dominan carreteras y valles en el sur del país. Desde esas alturas se pueden vigilar movimientos y controlar rutas estratégicas. Varios observadores interpretan estos movimientos como el intento de construir una línea de seguridad dentro del territorio libanés, una zona tampón que limite la capacidad de Hezbolá para operar cerca de la frontera.
“Controlar las alturas siempre ha sido clave en este tipo de operaciones”, explica el coronel retirado Michel Al Khory, analista militar libanés. “Quien domina las colinas domina las carreteras. Desde allí puedes vigilar movimientos, anticipar ataques y limitar mucho la capacidad del adversario para moverse”.
La idea de una franja de seguridad en el sur del país no es nueva. Israel mantuvo una zona ocupada en esa región durante casi dos décadas, hasta su retirada en 2000. Aquella presencia militar buscaba impedir ataques contra su territorio. La estrategia actual parece diferente: en lugar de una ocupación completa, Israel parece apostar por controlar puntos estratégicos del terreno y vaciar ciertas zonas de población, creando un espacio militar difícil de utilizar para Hezbolá.
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El estratégico río Litani
En este contexto vuelve a aparecer un elemento que ha marcado durante décadas la estrategia israelí hacia el Líbano: el río Litani. Desde finales de los años setenta, distintos planes militares han contemplado la posibilidad de empujar a Hezbolá hacia el norte de este río, alejando sus posiciones de la frontera israelí. Los movimientos actuales sugieren una aproximación gradual: consolidar primero una franja de varios kilómetros dentro del sur antes de cualquier avance mayor.
Al mismo tiempo, la ofensiva israelí no se limita al frente militar. Los ataques contra infraestructuras y las evacuaciones masivas en el sur del país afectan directamente al entorno social donde Hezbolá tiene su base política y comunitaria. El movimiento no es solo una milicia armada: es también un partido político con representación parlamentaria y una red social que ejerce una fuerte influencia en amplios sectores de la comunidad chiíta del país.
Debilitar ese entorno podría ser también parte del cálculo israelí. Vaciar barrios y pueblos significa fragmentar las redes sociales y logísticas que sostienen al grupo.
Pero sobre el terreno Hezbolá sigue activo. Combatientes del grupo continúan operando en el sur del país y han utilizado misiles antitanque y otros sistemas contra posiciones israelíes. También se han lanzado cohetes y drones desde zonas situadas más al norte.
Para muchos militares, esto confirma que el conflicto podría alargarse. “Las guerras en el Líbano suelen empezar con objetivos limitados y terminar ampliándose”, explica una fuente militar libanesa que sigue de cerca la evolución del conflicto.
“Si Hezbolá sigue respondiendo con cohetes y drones, Israel podría verse empujado a avanzar más profundamente de lo previsto”.
Ese es uno de los escenarios que más preocupa a los observadores. El riesgo no es necesariamente una ocupación planificada desde el inicio, sino una escalada progresiva que termine creando una presencia israelí prolongada en el sur del país.
La orografía del sur libanés
La dificultad del terreno explica en parte ese riesgo. El sur del Líbano está considerado por muchos militares como uno de los espacios más complejos para una ofensiva terrestre. Desde el aire puede parecer accesible, pero sobre el terreno se convierte en un laberinto de colinas, valles estrechos, olivares y pueblos densamente construidos.
“Hezbolá lleva años preparándose para combatir en ese terreno”, señala Al Khory. “No es una llanura abierta. Son colinas, carreteras estrechas, pueblos muy cercanos entre sí. Un pequeño grupo puede disparar un misil antitanque y desaparecer en minutos”.
Según el coronel retirado, el movimiento ha construido durante años una red de posiciones dispersas, depósitos de armas y estructuras subterráneas que le permiten mantener operaciones incluso bajo bombardeos intensos. Israel ha atacado repetidamente estas estructuras desde el aire, pero eliminarlas por completo resulta extremadamente difícil.
La experiencia histórica pesa mucho en el análisis militar israelí. Israel ocupó una franja del sur del Líbano durante años hasta su retirada en 2000, una presencia que terminó reforzando la legitimidad de Hezbolá como movimiento de resistencia. La guerra de 2006 volvió a demostrar las dificultades de combatir en ese terreno: pese a los bombardeos intensos, el grupo mantuvo su capacidad de combate durante semanas.
Por eso muchos militares consideran que una ofensiva terrestre profunda implicaría costes elevados. Avanzar es difícil y permanecer durante mucho tiempo podría generar una insurgencia constante.
Ese equilibrio explica en gran medida la dinámica actual. Israel busca debilitar la infraestructura militar de Hezbolá y alejarlo de la frontera. Hezbolá, por su parte, intenta demostrar que sigue teniendo capacidad para resistir y responder.
En ese pulso, el sur del Líbano vuelve a convertirse en el centro del conflicto. Pero detrás de los combates inmediatos aparece otra presión más amplia: algunos responsables israelíes advierten de que el país podría pagar un precio cada vez mayor si se retrasa el desarme de Hezbolá. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, llegó a señalar recientemente que esa demora podría traducirse en pérdidas territoriales y nuevos daños a infraestructuras si la guerra continúa.
En ese contexto, muchos observadores temen que el frente libanés no esté entrando en su fase final, sino apenas en el inicio de una nueva etapa. Incluso si otras tensiones regionales se enfrían en las próximas semanas, el sur del Líbano podría seguir siendo uno de los escenarios más inestables del Medio Oriente.
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