Una voz entre el silencio. Todo comenzó con un sonido casi imperceptible entre los restos de un edificio colapsado. Los rescatistas activaron el protocolo de “llamado y escucha”: silencio absoluto, una llamada a la persona atrapada y la espera de cualquier respuesta. Entonces llegó la señal que todos necesitaban. Un vecino había advertido que alguien pedía ayuda y los equipos comenzaron a trabajar contra el reloj.
Daniela Largo estaba atrapada bajo varias placas de concreto, con las piernas oprimidas por parte de la estructura. Los socorristas introdujeron cámaras para localizarla y, ante las dificultades de acceso, utilizaron equipos neumáticos para abrirse paso.
Mientras avanzaban por los escombros, le suministraron oxígeno a través de una máscara y abrieron un orificio desde la parte superior, atravesando cuatro placas de concreto. Al mismo tiempo, excavaron un túnel desde abajo hasta conseguir el acceso que permitiría sacarla.
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Diez horas contra el tiempo
La operación se prolongó durante unas diez horas. En medio de la oscuridad y con buena parte de Pereira sin electricidad, los equipos trabajaron con linternas, perros de búsqueda y herramientas especializadas, conscientes de que cualquier movimiento podía comprometer aún más la estructura o poner en riesgo a la mujer.
“Daniela, cierra los ojos”, le gritaban los rescatistas mientras se acercaban al momento decisivo. Finalmente, envuelta en una manta azul y sobre una camilla, la mujer emergió de las ruinas.
A su alrededor estallaron los aplausos, los gritos y los abrazos entre los socorristas. Después de unas 36 horas bajo los escombros, Daniela fue rescatada con vida.
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El cumpleaños que se convirtió en una búsqueda desesperada
Daniela viajaba de regreso hacia Riosucio, en el departamento de Caldas, cuando el terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia. Su familia esperaba su llegada para celebrar el cumpleaños de su hijo. Pero Daniela nunca apareció. Al principio pensaron que simplemente se había retrasado en el autobús. Después, el teléfono dejó de responder y la preocupación se transformó en certeza para su padre, Julio César Largo: algo había ocurrido.
La búsqueda llevó a la familia hasta el centro de Pereira, donde Daniela había quedado atrapada en una pensión que se desplomó en la misma calle donde se encontraba la mueblería en la que trabajaba. Julio César y su esposa recorrieron la zona con un cartel que mostraba el rostro de su hija. Preguntaron, esperaron y buscaron entre una montaña de concreto y hierros retorcidos. Cada hora sin noticias hacía más difícil mantener la esperanza.
Pero Daniela seguía allí. Los equipos de emergencia que trabajaban en la zona recibieron una señal de vida mientras buscaban a otra persona que se creía atrapada entre los restos. Entonces comenzó una operación contrarreloj para encontrarla.
“Es como si volviera a nacer”
Para Julio César Largo, la alegría llegó después de horas de una angustia que parecía no tener final. “Es devastador que mi hija haya tenido que pasar por esto”, dijo entre lágrimas. Pero inmediatamente añadió la frase que resume el significado de aquel rescate: “La alegría de que haya sobrevivido es inmensa. Para mí, es como si volviera a nacer”.
Daniela no solo sobrevivió a casi 38 horas bajo los escombros. Sobrevivió para regresar con su hijo, el niño cuyo cumpleaños quedó marcado para siempre por el terremoto y por el milagro de que su madre volviera a casa. “Ahora tiene la oportunidad de seguir criando a mi nieto”, dijo su padre.
Mientras Daniela era trasladada al hospital, los equipos de emergencia continuaban trabajando en Pereira, una de las ciudades más golpeadas por el terremoto. El desastre dejaba al menos 250 muertos en el país, además de cientos de heridos y personas desaparecidas. Entre esa devastación, la historia de Daniela Largo abrió un paréntesis de esperanza: una madre atrapada durante casi dos días bajo toneladas de escombros logró volver a la luz y, con ella, devolvió a una familia la posibilidad de celebrar el cumpleaños que el terremoto les había arrebatado.
“La habíamos buscado tanto”
Para su madre, Sandra Milena Pérez, el rescate fue la respuesta a horas de angustia. "Estoy feliz porque cuando ya la habíamos buscado tanto (…) y en el momento que estábamos perdiendo las esperanzas, recibimos una llamada", contó emocionada, recordando el instante en que una llamada volvió a encender la esperanza.
La mujer agradeció especialmente al vecino que escuchó los pedidos de auxilio y alertó a los equipos de emergencia. En casa, dijo, la esperaba el hijo de Daniela, de 12 años. "Le agradezco de todo corazón porque gracias a él (al vecino) hoy estamos felices (…), porque en la casa la está esperando un hijo", añadió.
El rescate de la joven mujer se convirtió así en uno de los momentos de esperanza en medio de una tragedia que ha dejado cientos de muertos, heridos y desaparecidos en Colombia. Solo en Pereira, las autoridades reportaban 83 fallecidos y 45 desaparecidos, además de cientos de personas rescatadas y trasladadas a centros médicos.
Cerca de 300 socorristas continuaban trabajando en la ciudad. Mientras las máquinas seguían removiendo los escombros. "Si alguien me escucha, grite o haga un ruido", clamaba uno de ellos que pidió a los demás "silencio".
El caso de Daniela recuerda a familiares y rescatistas que, incluso después de más de un día de silencio, una voz puede todavía significar una vida.
Con AFP y medios locales
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