El segundo título consecutivo de LaLiga del Barcelona no fue tanto un paseo triunfal como un acto de equilibrismo a todo volumen, en el que el equipo de Hansi Flick combinó audacia ofensiva, chispa juvenil y riesgos defensivos en una campaña que cautivó a los aficionados.
El 10 de mayo, los culés vencieron dos goles por cero al Real Madrid para sellar La Liga y consagrarse campeón del torneo por vigésimo novena vez en su historia. Marcus Rashford, de tiro libre a los 9 minutos y Ferran Torres a los 18 marcaron los goles para la victoria del club dirigido por Hansi Flick, quien supo sobre la muerte de su padre pocas horas antes de disputarse el clásico del fútbol español.
El segundo año de Flick al frente del Barça distó mucho de ser un paseo tranquilo por las Ramblas. El alemán tuvo que mantener a su equipo en plena forma a pesar de las largas ausencias por lesión de varios jugadores clave, entre ellos Lamine Yamal, Pedri, Frenkie de Jong y el capitán Raphinha en diferentes momentos de la temporada.
También tuvo que lidiar con el drástico descenso en el rendimiento de Robert Lewandowski. El delantero polaco de 37 años, que marcó 42 goles en 52 partidos la temporada pasada, solo ha conseguido 18 en 43 esta temporada, y ya no es el goleador imparable que solía ser.
Sin embargo, el Barcelona rara vez perdió el control de su destino como campeón. Flick no siempre contaba con su mejor once, pero encontró soluciones en la plantilla, con Ferran Torres aportando 16 goles y Yamal, con tan solo 18 años, produciendo 16 goles y 11 asistencias.
La temporada de Yamal fue aún más impresionante teniendo en cuenta que al principio tuvo problemas con una molestia persistente en la ingle, pero el adolescente se convirtió en el jugador más destacado del Barça y, en repetidas ocasiones, impulsó al equipo hacia adelante cuando se necesitaba inspiración.
El título también ha afianzado el vínculo de Flick con la exigente afición del Barcelona , que ha acogido con entusiasmo la mentalidad ofensiva del alemán y lo ha convertido en uno de sus favoritos. Su equipo ha desplegado un fútbol vistoso en todo momento.
Una temporada con tareas pendientes para el FC Barcelona
El título premia a un equipo que ha asimilado las ideas de Flick: audaz, agresivo, a veces escalofriante y rara vez aburrido.
El Barça ha marcado 91 goles en 35 partidos de liga, 21 más que el Real Madrid, lo que subraya su poderío ofensivo, aunque la defensa a veces haya parecido un equilibrista actuando en medio de un vendaval.
La línea defensiva adelantada de Flick ha dejado al Barcelona expuesto a los contraataques, y los críticos argumentan que su equipo puede ser demasiado predecible, reacio a adaptar su filosofía a diferentes rivales o escenarios.
Esa estrategia bastó para ganar LaLiga y la Supercopa de España en Arabia Saudí, pero nada más.
Tras conseguir el doblete de liga y copa la temporada pasada y alcanzar las semifinales de la Liga de Campeones, donde fueron eliminados en la prórroga, el Barça cayó ante el Atlético de Madrid en las semifinales de la Copa del Rey de este año y fue eliminado de la Liga de Campeones en cuartos de final, también por el equipo de Diego Simeone.
Para un club que aún aspira a regresar a la cima del fútbol europeo, esas eliminaciones fueron un duro golpe.
Temporada de blanco para el Real Madrid, y no por su uniforme
La campaña se fue para el equipo madrileño sin un título importante, extendiendo su sequía a dos temporadas desde la llegada de Kylian Mbappé y dejándoles con preguntas incómodas sobre de dónde se supone que vendrá la próxima gran era.
Este club sufrió turbulencias de principio a fin. El nombramiento de Xabi Alonso no dio los resultados esperados a pesar de su éxito en el Bayer Leverkusen, y el excentrocampista fue destituido a mitad de temporada en justo cuando el caos reinaba en el vestuario.
Su sucesor, Álvaro Arbeloa, no pudo salvar la temporada, y el Madrid quedó eliminado en los cuartos de final de la Liga de Campeones a manos del Bayern Múnich. Ahora se enfrenta a la incertidumbre sobre si es el hombre adecuado para guiarlos en la siguiente etapa.
Las tensiones aumentaron aún más el jueves cuando el capitán Federico Valverde fue hospitalizado tras una pelea en el vestuario con su compañero Aurelien Tchouameni, lo que provocó un gran revuelo en un club acostumbrado a medir su éxito con más trofeos.
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