India parte de algunas ventajas evidentes: una de las poblaciones más grandes del mundo, un sector tecnológico consolidado en servicios digitales, una amplia base de ingenieros y una infraestructura digital pública en expansión.
El Gobierno ha impulsado iniciativas para fortalecer el ecosistema de innovación y atraer inversiones en sectores estratégicos, incluida la inteligencia artificial.
Sin embargo, para el profesor Nishant Shah, especialista en tecnologías emergentes y profesor en la Universidad China de Hong Kong, la cuestión no es solo si India puede insertarse en la cadena global de la IA, sino en qué lugar lo hará.
“La inteligencia artificial es un ecosistema planetario que abarca desde los minerales estratégicos hasta la infraestructura de comunicaciones espaciales”, explica.
“El desafío es dónde nos posicionamos. Si India repite la estrategia de convertirse en intermediario que provee recursos, humanos, intelectuales y ambientales, para la innovación y las ganancias de otros, seguirá siendo un proveedor de servicios sin dirección propia”.
India ha sido históricamente un actor clave en la externalización y el procesamiento de servicios digitales, pero no ha logrado consolidar plataformas tecnológicas propias con escala global comparable a las de China o Estados Unidos.
Según Shah, el desarrollo de la IA parece seguir un patrón similar: adopción, localización y adaptación de modelos ya existentes más que innovación estructural propia.
Crecimiento vs. inclusión
El discurso oficial suele enfatizar el crecimiento económico, la atracción de inversiones y la generación de empleo calificado.
Pero si la prioridad es la escala y la expansión rápida, advierten algunos expertos, el riesgo es dejar en segundo plano la cuestión de la propiedad y el control.
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“El mayor desafío no es la inclusión sino la propiedad”, señala Shah. “Si India se presenta como un centro de ‘Make in India’ sin realmente poseer lo que se produce, podemos terminar incluidos en tecnologías que servimos y construimos, pero sin soberanía sobre ellas”.
La diferencia no es menor. Sin control sobre datos, modelos y plataformas, India podría quedar atrapada en una posición subordinada dentro de la cadena global de valor de la IA, incluso si participa activamente en su producción.
El impacto en comunidades vulnerables
Más allá de la industria tecnológica, la expansión de la IA tiene efectos directos sobre comunidades vulnerables y sectores históricamente marginados.
Shah propone una distinción provocadora: “Hay personas que hacen tecnología y personas a las que la tecnología les ocurre”.
Los llamados “excluidos” no están realmente fuera del ecosistema tecnológico. Participan, muchas veces sin consentimiento ni beneficios, en la conversión de tierras para centros de datos, en la minería de minerales necesarios para infraestructuras digitales, en la gestión de residuos electrónicos o en el trabajo precarizado vinculado a plataformas digitales.
En un país con profundas desigualdades sociales, donde factores como casta, territorio y nivel educativo determinan oportunidades, la promesa de la IA como motor de progreso plantea interrogantes sobre quién asumirá los costos ambientales, laborales y sociales de esa transformación.
¿Un modelo alternativo?
Frente a la narrativa de la competencia global, Shah plantea la necesidad de abandonar la lógica de la “carrera por la IA” y pensar en términos de cooperación regional.
“India no tiene, por sí sola, todos los recursos para desarrollar sistemas completos de IA a gran escala”, afirma. En lugar de competir frontalmente con las grandes potencias, propone explorar un modelo de “cooperativa de IA” junto a otros países del Sur y Sudeste Asiático, que distribuya recursos y capacidades para desarrollar tecnologías adaptadas a contextos locales.
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La idea apunta a una redefinición del liderazgo, no como dominación tecnológica, sino como articulación de alianzas que prioricen educación, agricultura, salud y clima, sectores donde la aplicación de la IA podría tener impactos sociales significativos.
La cumbre como punto de inflexión
La cumbre en Nueva Delhi será una oportunidad para observar si el debate oficial incorpora estas dimensiones o se concentra exclusivamente en inversión, infraestructura y competitividad.
Para India, el desafío no es únicamente convertirse en un actor visible en el mapa global de la inteligencia artificial, sino definir qué tipo de potencia tecnológica quiere ser: una plataforma de servicios para otros o un ecosistema con capacidad propia, orientado a un desarrollo más inclusivo.
El resultado de esa definición marcará no solo su posición en la economía digital, sino también el impacto social de la inteligencia artificial en uno de los países más poblados y desiguales del planeta.
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