Aunque las elecciones parlamentarias no modifican el balance del poder en Marruecos, los resultados de los comicios arrojan dos grandes conclusiones: el ascenso del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), que ahora liderará una coalición posiblemente integrada por las mismas formaciones de la saliente; y la abstención más alta en los últimos 20 años, una señal del creciente desapego entre la población –sobre todo de los jóvenes– y la clase política.
Según los resultados preliminares anunciados por el Ministerio del Interior a primera hora de este jueves 24 de septiembre, el PAM consiguió 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes, la cámara baja y única sujeta al voto popular del Parlamento marroquí.
Esa formación liberal de centroderecha –fundada en 2008 por Fouad Ali El Himna, compañero de colegio del rey Mohamed VI y actual consejero del monarca– sumó 11 asientos en comparación a 2021 y se ubicó por delante de la conservadora Agrupación Nacional de Independientes (RNI, por sus siglas en francés), que perdió un tercio de sus escaños (bajó de 102 a 66) tras un tumultuoso período de cinco años al frente de la coalición gubernamental.

El nacionalista conservador Istiqlal, tercera pata de la alianza en el poder, conquistó 65 bancas, 16 menos que en la anterior legislatura.
Estas tres fuerzas suman, en conjunto, 228 asientos, muy por encima de la mayoría de 198 para formar un gobierno, aunque con 19 menos que hace cinco años, lo que podría interpretarse como una señal de castigo de los votantes.
Aunque los líderes del PAM se habían manifestado en contra de volver a aliarse con el RNI tras intercambiar acusaciones sobre políticas fallidas, los expertos señalan que es probable que la tríada de partidos vuelva a integrar el gobierno, esta vez encabezados por los liberales.
Otro dato destacado ha sido el resurgimiento del Partido de la Justicia y el Desarrollo, una formación islamista moderada que había encabezado el gobierno entre 2011 y 2021 antes de sufrir una debacle y caer de 125 a 13 escaños en las últimas elecciones. En esta ocasión, ascendió a 54 y se perfila como el principal contrapeso en una oposición integrada por una miríada de partidos menores.
Entre ellos, los partidos de izquierda USFP, PPS y FGD, muy minoritarios en el espectro político marroquí, obtuvieron 26, 19 y 8 asientos en la cámara baja.
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La fuerte abstención, síntoma del malestar social
Estos comicios fueron los primeros celebrados desde las protestas juveniles que, hace casi un año, pusieron de manifiesto el malestar de la denominada Generación-Z por la falta de oportunidades de crecimiento y cuya represión dejó víctimas mortales.
Las elecciones también se desarrollaron dos meses después del cruce masivo de personas –entre ellos, un gran número de jóvenes marroquíes de esa generación desesperanzada– hacia el territorio español de Ceuta, que provocó decenas de fallecidos, decenas de miles de deportados y otros miles que hoy malviven en un limbo legal en el enclave español.
El descontento por el elevado desempleo y el alto costo de vida –en contraposición con una economía en auge– se tradujo en la abstención más alta desde 2007: apenas 38,08% del total de 15,8 millones de votantes inscritos acudió a las urnas.
A eso se suma que solo cuatro de cada diez ciudadanos en condiciones de votar realizó la inscripción voluntaria –requisito previo necesario para sufragar en Marruecos–, una caída del 12% en comparación con los comicios de 2021. Y solo un 4% de los votantes registrados tenían entre 18 y 24 años.
De todos modos, no es algo extraño: la abstención es una característica repetida en los procesos electorales marroquíes de los últimos 25 años, con su pico en 2007, cuando la ausencia alcanzó el 63%, el peor registro desde que Mohamed VI ascendió al trono.
En Rabat, Majda Bakatir, una mujer de 59 años, aseguró a la agencia AFP que ella decidió no votar porque "he perdido toda la fe en la clase política".
"Queremos que nuestro país avance, pero a los políticos no parecen importarles nuestros problemas relacionados con la atención sanitaria, la educación y el poder adquisitivo", añadió.
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¿Quién liderará el "gobierno del Mundial"?
El primer ministro saliente, el empresario multimillonario Aziz Akhannouch, deja su cargo envuelto en los fuertes cuestionamientos de las protestas juveniles y los repetidos señalamientos de conflictos de intereses con su empresa Afriquia, la principal distribuidora de combustible de Marruecos.
Le corresponderá al PAM designar al próximo primer ministro, luego de recibir el encargo para formar gobierno de manos del Rey Mohamed VI. En el sistema marroquí, de todos modos, el monarca concentra un fuerte núcleo de poder ejecutivo, se reserva la designación de ministros clave, como Asuntos Exteriores, Defensa o Interior y cuenta con poder de veto sobre el gabinete.
Al próximo gobierno le tocará combinar la presión social de responder a preocupaciones cotidianas, como el empleo, los salarios y el alto costo de vida, con la gestión de inversiones de 20.000 millones de euros destinados a la infraestructura necesaria para ser coanfitrión del Mundial de fútbol de 2030, junto a España y Portugal.

Por esta razón, algunos analistas ya han bautizado al próximo Ejecutivo como "el gobierno del Mundial" y, a partir de eso, posicionan como carta fuerte para el cargo de primer ministro a Faouzi Lakjaa, ministro de Presupuestos y presidente de la Real Federación de Fútbol de Marruecos (FRMF, por sus siglas en francés).
Sumado a las filas del PAM apenas unos meses antes de los comicios, la figura de Lakjaa ha ganado popularidad por haber liderado un ciclo que ha llevado a las selecciones de fútbol marroquíes ha ganar dominio en el plano africano y a ser competitivas en el primer nivel internacional.
Otra aspirante al cargo es Fatima-Zahra Mansouri, de 50 años, alcaldesa de Marrakech y ministra de Urbanismo, quien, si fuera elegida, se convertiría en la primera mujer en ocupar el cargo en la historia del país magrebí, y apenas la segunda en la región árabe tras Najla Bouden, de Túnez.
Tanto el PAM como los otros partidos de la coalición gobernante han prometido en campaña un incremento del salario mínimo, la creación de un millón de empleos antes de 2030 y una continua en atención sanitaria y protección social, entre otros aspectos.
Con Reuters, AP, EFE y AFP
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