Estados Unidos celebra este 4 de julio los 250 años de la declaración de independencia del Imperio Británico. 

A lo largo y ancho de la unión americana están programadas grandes celebraciones con fuegos artificiales, desfiles y guirnaldas blancas, rojas y azules en esta icónica fecha, que también es un día festivo.

Pero más allá de las celebraciones, muchos estadounidenses cuestionan el momento por el que transita el país y el significado de pertenecer a la primera democracia moderna del continente americano. 

El Departamento de Comercio engalanado con motivo de la celebración del 4 de julio, el jueves 2 de julio de 2026, en Washington D.C., EE. UU.

La postura del segundo Gobierno de Donald Trump y la carrera electoral para las elecciones legislativas hacen que la ciudadanía esté dividida sobre los temas centrales del futuro de la nación. 

Todo en un momento en el que Estados Unidos es protagonista de los focos de la atención mundial por diversos motivos. De un lado, su participación activa en la guerra contra Irán y la puesta en marcha de operaciones militares en el extranjero como la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela. Y del otro, la realización del Mundial de Fútbol de la FIFA, que está en desarrollo en plenas celebraciones del 4 de julio.

Dos siglos y medio después: ¿se mantiene la idea de Estados Unidos?

La singularidad de Estados Unidos ha descansado desde su origen en una idea poco habitual entre los Estados modernos: la pertenencia al país no se definía por una identidad étnica, religiosa o cultural compartida, sino por la adhesión a unos principios políticos comunes. Esa característica favoreció la integración de sucesivas oleadas migratorias, pero también obligó a redefinir de forma constante quién formaba parte de ese proyecto nacional y cómo debían interpretarse conceptos como la libertad, la igualdad o la ciudadanía.

“La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” es una frase escrita en el acta de independencia por Thomas Jefferson y esboza los valores soñados por los padres fundadores de Estados Unidos para el futuro de la nación. 

Cuando el país conmemora el 250 aniversario de su independencia, ese debate ha recuperado toda su intensidad. En un escenario de fuerte polarización política y creciente confrontación sobre la identidad nacional, la cuestión ya no es únicamente si Estados Unidos ha estado a la altura de los ideales proclamados en 1776, sino si sigue existiendo un consenso suficiente para perseguirlos. La fortaleza de una democracia depende, en buena medida, de que sus ciudadanos compartan un marco común sobre el significado del Estado y de sus instituciones, incluso cuando discrepan sobre las políticas concretas.

Archivo: varias personas se protegen del sol con banderas estadounidenses antes de una concentración que da inicio a la Gran Feria Estatal Americana, conmemorando el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, en el National Mall de Washington, D.C., EE. UU., el 24 de junio de 2026.

Ahora, muchos ciudadanos dudan que la voluntad de aquellos que fundaron el país se cumpla a cabalidad.  Ese deterioro se refleja tanto en el debate político como en la percepción ciudadana. Donald Trump aparece para muchos analistas como el principal exponente de una transformación más amplia, en la que se cuestionan consensos que durante décadas parecían consolidados, desde la confianza en las instituciones y los procesos electorales hasta el papel internacional de Washington.

La expansión de las redes sociales y la fragmentación del ecosistema informativo han intensificado esa dinámica, favoreciendo la existencia de narrativas cada vez más alejadas entre sí. Según una encuesta reciente del prestigioso centro de investigación de opinión pública Marist Poll, el 83 % de los estadounidenses considera que el país se ha apartado de los principios fundacionales proclamados hace 250 años: un 47 % cree que lo ha hecho de forma significativa, un 36 % estima que se ha alejado en cierta medida y únicamente un 16 % sostiene que esos ideales siguen representando, en gran parte, la realidad del país.

Por otra parte, según una encuesta de Reuters/Ipsos, uno de cada cinco estadounidenses afirma que no celebrará el Día de la Independencia este año, incluyendo una cuarta parte de los demócratas y el 8% de los republicanos. Además, dos de cada cinco no creen que el país sobreviva otros 250 años.

“Hay muchos puntos de controversia”, señaló a la agencia AP Christina Zhou, una asistente de investigación de 25 años de Cambridge, Massachusetts. Aunque señala que “siguen ocurriendo muchas cosas maravillosas”.

Manifestantes desfilan cerca del Memorial Bridge durante la protesta 'No Kings' en Washington, el 28 de marzo de 2026.

Sin embargo, algunos quieren celebrar los dos siglos y medio sin tintes políticos, únicamente conmemorando el mensaje de los hombres que decidieron que trece colonias americanas ya no debían hacer parte de la monarquía británica. 

En una conversación con la agencia Reuters, Dick Creter, cuya organización sin fines de lucro America Celebrates está organizando los festejos en New Hope, Pensilvania, aseguró que varias personas habían solicitado garantías de que el programa sería apartidista.

"Creo que dejar pasar la celebración de nuestro 250 aniversario sin sumarle un nuevo significado, independientemente de la postura política de cada uno, es un error", aseveró. 

“Actualmente, Estados Unidos es un país muy dividido, con muchos odios de un lado al otro lado, con mucha desconfianza. Algo muy diferente a cuando yo nací en los años 60 y éramos un país muy optimista”, señala a France 24, Michael Shifter, expresidente de la organización Diálogo Interamericano. 

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Trump: ¿la semilla de la discordia?

Las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos llegan marcadas por el mismo clima de polarización que domina la política del país. Lo que en otras épocas habría servido para reforzar un sentimiento de unidad nacional se ha convertido también en un escenario de confrontación sobre el significado de la historia, las instituciones y la identidad estadounidense.

La segunda Administración del presidente Donald Trump ha estado cargada de agudas críticas a sus contradictores demócratas y al movimiento social autodenominado ‘No Kings’, que se ha organizado para cuestionar su Gobierno. Es así como el jefe de Estado se ha puesto así mismo en el centro de las celebraciones que ocurrirán el sábado 4 de julio.

En 2025, la Casa Blanca creó Freedom 250, una asociación público-privada, para organizar los eventos conmemorativos de independencia de este año. El evento principal de Freedom 250 es la Gran Feria Estatal Americana, una exposición de dos semanas en el National Mall.

Trump dará un discurso en la feria el 4 de julio, lo que le ha sido merecedor de críticas por intentar acaparar el protagonismo de la celebración. “Pero esta celebración no se siente como una celebración de Estados Unidos, sino más bien una celebración de Trump", declaró a Reuters el profesor universitario Tabitha Dell’Angelo, de 56 años.

Las obras continúan en el National Mall de cara a las celebraciones del Día de la Independencia, el miércoles 1 de julio de 2026, en Washington.

Un estudio llevado a cabo por el diario 'The New York Times', que hace un promedio de las principales encuestas de aprobación del mandato de Trump, indica que actualmente la gestión del mandatario tiene un 58% de desaprobación frente a un 39% de aprobación para este mes. Otra investigación de 'The Economist' señala que los principales puntos de disconformidad ciudadana con el Gobierno republicano radican en la inflación, los precios y el mercado laboral. 

"Casi lo veo como si estuviera de luto", afirmó a Reuters la activista afroamericana Doreen Stratton, refiriéndose al próximo Día de la Independencia. Justamente la población negra estadounidense es el grupo étnico con más reticencia hacia la Administración Trump, según los análisis de 'The Economist'.

Aunque a la otra orilla, los partidarios del presidente aseguran que celebrarán normalmente la histórica fecha. "Esta es una celebración de 250 años de historia, del mayor experimento en la historia del mundo", dijo el partidario de Trump, Jim Worthington a Reuters.

En diálogo con France 24, el experto Michael Shifter advierte que lo que ocurrió el 6 de enero de 2021, cuando partidarios del ala más radical del trumpismo irrumpieron en el Capitolio, fue un parteaguas para la democracia del país y un símbolo del compromiso del hoy jefe de Estado con las instituciones edificadas sobre la Constitución

“El no reconocer resultados verificados marcó un punto de inflexión, porque fue la primera vez que pasó algo así en nuestra historia”, señala el antiguo dirigente de Diálogo Interamericano.

La pérdida de confianza también trasciende las fronteras de Estados Unidos. Durante décadas, aliados y rivales asumían que las decisiones de un presidente podían ser corregidas por la fortaleza de las instituciones, lo que otorgaba estabilidad a la política exterior estadounidense incluso en momentos de fuerte controversia. Ese equilibrio se ha debilitado y, para muchos gobiernos, la incógnita ya no es solo quién ocupa la Casa Blanca, sino si el país está modificando de forma duradera las prioridades que han definido su papel internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La gente observa la llegada del tren «Freedom 250», en el que viaja el presidente Donald Trump, el miércoles 1 de julio de 2026 en Medora (Dakota del Norte), antes de la ceremonia de inauguración en la Biblioteca Presidencial Theodore Roosevelt.

La paradoja es que este debate coincide con un momento en el que Estados Unidos mantiene una posición dominante en los principales ámbitos del poder global. Su liderazgo económico, su capacidad tecnológica y su superioridad militar continúan situándolo como la principal potencia mundial. Sin embargo, la discusión interna se centra cada vez menos en los recursos de los que dispone y cada vez más en el uso que debe hacer de ellos, reflejo de la falta de consenso sobre el alcance de su liderazgo y de sus responsabilidades en el escenario internacional.

Las celebraciones del 250 aniversario de la independencia han terminado convirtiéndose en un reflejo de esa fractura política. Lejos de servir como un espacio de reafirmación nacional, los actos conmemorativos han estado acompañados por disputas sobre el relato histórico, los símbolos y los valores que representan al país. La controversia evidencia que la división no se limita al presente, sino que alcanza también a la interpretación del pasado y al significado mismo del proyecto estadounidense.

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El 4 de julio, entre la memoria fundacional y la crisis de identidad nacional

Varios historiadores estadounidenses advierten que las celebraciones del aniversario 250 de la independencia del país no deben pasar meramente como un evento comercial o político, sino que se debe revisar cómo se cuenta lo ocurrido en 1776 y los años posteriores. 

“Soy muy consciente de lo mal que la gente juzga su propio momento histórico", sostiene Beverly Gage, profesora de la Universidad de Yale, a Reuters. "A algunos de los momentos de crisis más profundas en Estados Unidos les siguieron momentos de cambios profundos", añadió la académica. 

Un gran mural que representa la firma de la Declaración de Independencia se divisa sobre los visitantes en los Archivos Nacionales el 29 de enero de 2026, en Washington D.C.

Una encuesta realizada por el Marist Institute junto a NPR y PBS arroja que buena parte de la población de Estados Unidos cree que el país ya no sigue la línea de los padres fundadores.

“El 53 % de los demócratas cree que el país se ha alejado mucho de los ideales de quienes fundaron la Unión mientras que el 48 % de los independientes y el 42 % de los republicanos se mostraron de acuerdo con esa opinión”, dice el documento.

“La declaración de independencia debería representar los valores y principios de la nación de libertad, de aceptar personas de todo el mundo. Eso es lo que yo me acuerdo de cuando celebramos los 200 años hace 50, creo que ahora, el clima es muy diferente” señala Michael Shifter. 

Con Reuters, AP y medios locales

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