El bailarín y coreógrafo Robinson Hernández demostró en una reciente entrevista que detrás del personaje televisivo existe un artista formado en la disciplina, la lectura y el trabajo silencioso.
Durante la conversación, Hernández habló de su formación empírica en la danza, de sus inicios en comparsas y carnavales, y de cómo ese recorrido —muchas veces subestimado— fue la base que le permitió llegar a escenarios de alto nivel como el Premio Soberano, tras competir con cientos de bailarines y ser seleccionado entre unos pocos.
El artista subrayó que su éxito no fue un golpe de suerte, sino el resultado de años de práctica y resistencia.
Uno de los momentos más contundentes de la entrevista llegó cuando se abordó el uso del término “destalentado”, tan frecuente en redes sociales y en la farándula. Hernández fue claro: ese calificativo no refleja la realidad de quienes han dedicado su vida al arte.
Con un tono sincero, explicó que la danza le ha permitido construir una identidad propia, alejada del chisme y del espectáculo fácil, y basada en la constancia y el esfuerzo personal.
El bailarín también destacó la importancia de la lectura y la formación cultural como pilares de su carrera, recordando que el arte no se limita al escenario, sino que se nutre de la reflexión y el conocimiento.
La entrevista permitió ver a un Hernández más allá del personaje televisivo, mostrando a un creador que ha sabido abrirse camino en un medio competitivo sin renunciar a sus principios.
Su historia es la de un artista que se construyó lejos del ruido, apostando por la autenticidad y la pasión por la danza.
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